Enamorarse y no

enamorarse-o-no

Antes de la despedida ya había muchos textos escritos, algunos para el protagonista de entonces, otros sólo evocando recuerdos de amor y otros más dedicados para los lectores que encontraban en Momento Azul una fantasía a través de mis palabras.

Aún no sé si alguno de esos textos se publicará, si sólo un día los borraré y haré como que nunca existieron, o si se quedarán para siempre en el tintero virtual.

Han sido semanas difíciles, en las que no he dejado de escribir porque si no habría enloquecido más… no pretendo regresar al Momento Azul de la despedida, pero sí a las sensaciones que vulneraron mi paz y cimbraron mi mundo, no con un afán de reclamo, ni como un masoquismo absurdo que me haga rumiar el dolor, lo haré con uno de los objetivos que tuvo este blog en su inicio: dar cuenta de situaciones cotidianas que las mujeres -y hombres- nos enfrentamos cuando decidimos vivir, digo decidimos, porque a veces sólo sobrevivimos (que era como me encontraba al momento de  la despedida).

Vivir es estar dispuesto a arriesgar, a sentir con cada célula del cuerpo, con cada neurona de las que logran hacer contacto cuando uno decide emprender una aventura tan peligrosa como amar.

La despedida fue una de las lecciones más grandes de mi vida, que a mis casi cuarenta años, no imaginé vivir nuevamente, que en mi vida adulta rodeada de un mundo en el que siempre me he sentido falible ante los estándares de perfección que creo dibuja para mí. Jamás ni en mi juventud me había sentido tan mal, tan poca cosa…

Esa historia me hizo sentir que quizá estaba viviendo mi vida al revés: en mi juventud viví el amor más intenso, limpio, profundo y eterno (descrito en el relato de La Promesa) y en mi vida adulta estaba cometiendo las estupideces que de joven no cometí, creo que fue un gran error haber vivido esa historia, creo que si pudiera, la borraría de mi memoria…

Benedetti siempre ha sido mi escritor favorito y hoy a través de su poesía trato de asimilar este Momento Azul:

Enamorarse y no – Mario Benedetti

Cuando uno se enamora las cuadrillas

del tiempo hacen escala en el olvido

la desdicha se llena de milagros

el miedo se convierte en osadía

y la muerte no sale de su cueva

enamorarse es un presagio gratis

una ventana abierta al árbol nuevo

una proeza de los sentimientos

una bonanza casi insoportable

y un ejercicio contra el infortunio

por el contrario desenamorarse

es ver el cuerpo como es y no

como la otra mirada lo inventaba

es regresar más pobre al viejo enigma

y dar con la tristeza en el espejo.

“…desenamorarse es ver el cuerpo como es (…) es regresar más pobre al viejo enigma y dar con la tristeza en el espejo”

Estos días de ausencia seguí escribiendo, como parte del tratamiento para atender mi avanzada esquizofrenia, ésa que me hizo enamorarme del protagonista de mis relatos, de ese hombre del que ahora no recuerdo con claridad su rostro, del cual tampoco recuerdo la textura de sus manos, ni el sabor de sus labios. Esa esquizofrenia que me ubico ante él, como un personaje con el rostro de otras, con el sabor de los besos de otras, un personaje que confundí con la realidad.

Esa Azul, la de los relatos con destinatario fue sólo un instrumento, un medio para que a través de los recuerdos aquel hombre evocara sus historias de amor… esa Azul no fue todo lo que soy, Azul fue una parte de lo que soy que jugó una apuesta alta, fue un personaje sin historia que no supo hacer efectivo el burdo acuerdo que dio origen a su historia.

Aún duele -y mucho- escribir, aún hay una herida profunda desde donde late el corazón, aún los pensamientos se aturden y los ojos se llenan de lágrimas. Como los alcohólicos, sé que el primer paso es reconocer la enfermedad y sí, me enamoré y eso me hizo perderme en muchos aspectos. Me enamoré y esa enfermedad fue aún más dañina y peligrosa que la esquizofrenia misma. Me enamoré y poco a poco intento curarme regresando a la realidad, la realidad que bien describe Benedetti: “regresar más pobre al viejo enigma y dar con la tristeza en el espejo”.

Ser Azul es más que un protagonista, más que el dolor de un desamor, más que el dolor de la humillación… Ser Azul es levantarse, secarse las lágrimas, volver a sacar una hoja en blanco y continuar la historia. Sí, continuar, no es una nueva, sigo siendo yo, sigue siendo mi mundo, sigue siendo mi corazón (con una nueva herida), sigue siendo mi alma renovada.

Durante estas semanas de ausencia he recibido tantas muestras de cariño, tantos apapachos que en verdad renuevan mi espíritu, porque como lo dije en La Despedida, el amor tienen muchas formas de manifestarse y hoy más que nunca tengo esa certeza de que “El amor no duele, fortalece; el amor no lastima, cura; el amor no sobaja, engrandece; el amor no era él, era yo”

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2 comentarios en “Enamorarse y no

  1. Que bueno que regresaste! ! Se extrañaba mucho a Azul.
    Sin duda el desamor duele, a Veces pienso que es necesario, para ajustar nuestro amor propio, para hacernos analizar en lo que somos y lo que queremos. El encontrar porque atrajimos estas experiencias a nuestra vida no es un camino fácil y puede ser doloroso, pero si logramos identificar el porqué, podremos ahorrarnos experiencias dolorosas.
    Que bueno que has contado con el cariño de amigos. Son lazos imprensindibles de apoyo. Cuenta conmigo.

    Buen dia azul.

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