Mi vestido Azul

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Mi ritmo de vida es siempre acelerado, siempre intenso, muy pocas veces utilizo vestido, hoy  tú te encargaste de hacer de él una fantasía:

Entraste a mi oficina,  me viste tiernamente y desde la puerta, con tu sonrisa en un saludo cotidiano me besaste desde el pensamiento. Yo sentada detrás de mi escritorio correspondí tu saludo, mi sonrisa describía una invitación a que me observaras, a que notaras mi vestido, la silueta de mi cuerpo en esa prenda de textura sedosa, delgada y sumamente acariciable.

Te sentaste frente a mí hablando de trivialidades,  de esas cosas que para el mundo tendrían sentido pero para los pensamientos de esa escena daban lo mismo. En mi hablar disfrutabas ver mis labios, seguías fijamente el movimiento de mi boca al pronunciar cada palabra, unos labios rojos, detallados por el delineador y que reflejaban una antojable textura por el labial,  imaginabas callarlos en un beso que pusiera a prueba la durabilidad y el sabor de mi labial.

Recorrí mi silla hacia atrás, te percataste que traía un vestido corto, con la mirada recorriste desde mi cabello hasta mis pies, un recorrido discreto y muy muy sugerente. Tu mirada en mis piernas era deliciosa, casi tan rica como imaginar la sensación de tus labios acariciándome, de tu lengua trazando un lento recorrido por mis pantorrillas y avanzando hacia mis muslos.

Crucé la pierna frente a ti, sutil y sensualmente, para que con tu mirada siguieras el movimiento,  para que tu mirada encontrara que el modelo del vestido tenía unos cortes laterales que al cruzar la pierna hacia lucir por casi por completo mi muslo.

Así, tu mirada se traducía en imaginar la sensación de tus manos recorriendo mi piel, mi pantorrilla,  apenas rozándola con la palma de la mano, apenas sintiendo la tersura de mi piel. En medio de una conversación que era solo el pretexto para alargar esos minutos,  desabroché un botón del vestido,  justo el primero en el pecho, sólo como una sutil sugerencia para que tu imaginación hiciera juego con la intensidad de tus miradas.

Me incliné un poco en mi silla, hacia atrás,  haciendo que el vestido se subiera un poco más,  un poco accidentalmente…  Así, con mi cabeza recostada en el respaldo de mi asiento,  con mis manos libres cayendo a los lados de mi cuerpo, con mis piernas luciendo casi desnudas frente a ti, alcanzabas a ver un poco del coordinado que vestía debajo de mi vestido, ambas prendas en color negro, apenas una ligera muestra de la lencería que era suficiente para que imaginaras la textura,  el modelo y…  todo lo que Tu Azul y Tu Fantasía quisieran.

Me levanté de mi silla, despacio, para que pudieras apreciar el vestido completo, para que siguieras los cuatro pasos de camino hacia ti. Me senté junto a ti, moviendo la silla para quedar de frente y tu mirada me desnudaba lentamente,  dejando un beso dulce, casi tierno en cada parte de mi cuerpo que quedaba descubierta. Tu mirada me recorría haciendo tuya cada sensación.

Volví a cruzar la pierna frente a ti, tomé tu mano y la puse sobre mi pierna, sobre el vestido para que con la tibieza de tu palma, la textura del vestido y la sensación de mi pierna comenzaras a recorrerme no sólo con la mirada.

La posición de mis piernas dejaba ver un hueco entre botón y botón del vestido,  tus dedos avanzaron hacia ese espacio y desde ahí,  apenas con las yemas de tus dedos sentiste mi piel, mi muslo tibio y medianamente descubierto. Desabrochaste un par de botones y mis muslos quedaron al descubierto,  tus manos los recorrieron ansiosas,  apretando suavemente,  mientras inclinabas tu cuerpo hacia mí para besar mi cuello,  para intentar descubrir un camino que te llevara a mi pecho.

Dejaste una mano en mis piernas y con la otra tomaste mi cabeza por nuca para besarme en los labios mientras apretabas mis muslos.  Un beso intenso y pausado, sintiendo los labios,  jugando con las lenguas, con los ojos cerrados construyendo desde la imaginación Tu Fantasía.

Me levanté de la silla, frente a ti desabroché un botón más, dejando ver el color de la lencería,  negro,  un coordinado negro. Ahí sentado me acerqué a ti, para que con tus labios me recorrieran… Me tomaste por la cintura, sobre el vestido recorrías mi espalda con las palmas de tus manos,  hasta bajar a mis caderas, apretándome y llevándome hacia ti.

Desabrochaste los dos botones que quedaban, abriste me vestido para recorrerme completa con la mirada y en el recorrido de tus ojos dejabas las caricias, besos,  sensaciones que tu imaginación dictaba…

Ahí sentado, yo muy cerca de ti, acaricié tu cabello, me agaché a morder tu oreja, a lamer tu cuello, acercándome cada vez más para finalmente sentarme sobre tus piernas, ahí sentada de frente de a ti,  haciendo mi cabeza hacia atrás para que nuevamente besaras mi cuello mientras mis manos jugaban en tu cabello y acariciaban tu cabeza…

El vestido aún cubría mi espalda y jugabas con tus manos entre la ropa y mi piel, te hablaba al oído perdiendo el control de la escena. Sentías mi cuerpo arder y la ansiedad de que la ropa desapareciera, de que el mundo cerrara los ojos y apareciéramos en otro lugar para terminar TU FANTASÍA…

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Un comentario en “Mi vestido Azul

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