Una Casualidad

Lo sé, lo acepto, soy una mujer controladora, que necesita tener un plan de acción con un sinfín de variables analizadas, un plan para saber qué hacer si… equis situación. No confío en las casualidades, en que las cosas sólo sucedan, pero así fue: una casualidad!

Mi tarde fue un caos, una escena impensable, de ésas en las que la Fantasía de este mundo alterno queda corta… fue una tarde en la que no sabría que te vería, es más, no sabría siquiera si en ni mi vida te volvería a ver… una casualidad nos llevó a un encuentro fortuito, en aquel parque donde antes, mucho antes habíamos caminado de la mano, persiguiendo sueños disfrazados de mariposas, escribiendo historias al aire en cada caricia y cada beso.

En ese lugar habríamos jugado a ocultarnos del mundo, a romper prejuicios y unir historias… y sí, aunque no sabía si te volvería a ver en mi vida siempre has sido mi pensamiento favorito, el recuerdo más recurrente en momentos de desesperanza y de alegría, en instantes de soledad y de absurda compañía…

El destino lo quiso, en medio de un mundo de desconocidos, en medio de una tarde nublada y fresca donde los relámpagos se escuchaban a lo lejos mientras el cielo se oscurecía cada vez más, en aquel parque al que llegué huyendo de mis pensamientos, caminando sin rumbo, ahí coincidimos.

En un pasillo de tantos que cruzan de norte a sur y de este a oeste aquel lugar público nos encontramos frente a frente, sin palabras, con miradas atónitas, con un silencio que calló hasta el estruendo de aquellos relámpagos que iluminaban el cielo. Nuestras miradas se cruzaron por instantes y nuestros cuerpos inertes continuaron su camino como si no nos conociéramos.

Temblando por el peso de los recuerdos que hacían eco en la memoria, las piernas pesaban, parecían de hierro, los pasos fueron lentos como queriendo detenerse para voltear y saber que así como nuestras almas pese al tiempo seguían conectadas, nuestras miradas en ese momento también.

Pasos lentos y pausados, y en la escena, las nubes conmovidas rompieron en llanto, un llanto pertinaz que acompañado por un fuerte viento oscureció la escena, los relámpagos continuaron pero los truenos callaron, los pensamientos gritaban y el corazón latía tan fuerte que aquellos truenos que parecían espantar a otros, ni si quiera se escuchaban…

Volteé, estabas ahí, aguardando por mí… el olor a tierra mojada en pocos minutos invadió el ambiente… caminé hacia ti, acompañando las lágrimas de las nubes que para ese momento ya tenían completamente empapada nuestra ropa.

Sin entender si las escena era producto de mi imaginación o realmente estabas frente a mí, acerque mi mano a tus labios apenas rozándote con la yema de mi dedo índice, y en ese instante te supe real, la sensación de tus labios desde mi mano recorrió todo mi cuerpo, mi memoria, mis recuerdos, mi alma…

Me tomaste por la cintura llevándome hacia a ti y en un beso ardiente detuvimos el tiempo, cerramos los ojos al mundo que para entonces había huido a resguardarse del fuerte aguacero… tus labios, tu lengua, tu sabor y el calor de tu aliento, tal cual como conservaba intacto el recuerdo en mi ser.

Así, bajo la lluvia que confundía las lágrimas que rodaban por nuestros rostros, llevé mis manos a tu pecho para recorrerlo como antes, para asegurarme que ese seguía siendo el espacio seguro, la justa medida para resguardarse del mundo.

La ropa húmeda estaba fría, levanté tu playera y tu piel era tibia aún, quité tu playera y comencé a besar y lamer tu dorso desnudo, a ojos cerrados con un llanto desbordado, el agua de lluvia que corría por tu pecho provocaba una sensación verdaderamente excitante, mi lengua recorría tu pecho y atrapaba el agua que sobre él caía.

Hiciste lo mismo con mi playera, metiste tus manos por mi espalda y desabrochaste mi ropa, me despojaste de ella en un solo movimiento, dejando mis senos desnudos al contacto con tu piel, al contacto con la lluvia que sobre nuestros cuerpos caía acompañando el llanto incontenible de ambos.

Regresamos a aquel beso sin palabras, nos sentamos sobre el pasto y sin saber de cuestiones climáticas ni pronósticos meteorológicos e hicimos de ese beso un recorrido por nuestros cuerpos, un recorrido apresurado, sincronizado y cadencioso que con los trazos sutiles de nuestras lenguas y con el calor de nuestro aliento tibiaba cada centímetro recorrido.

La ropa húmeda, empapada, en segundos quedó de lado y la escena nos dejó el pasto como el mejor de los lienzos para dibujar una vez más, como en aquellos años, la escena más sublime del amor, como la obra artística más auténtica y creativa que nadie puede imitar. Hicimos el amor bajo la lluvia, así con la misma pasión de aquellos tiempos con la misma perfección del movimiento, el ritmo y el tiempo…

Sintiéndote en mí mientras nuestras miradas tenían la conversación que nuestros labios no se habían atrevido, mientras nuestra piel encendida comunicaba todo lo que los años han guardado en silencio, mientras mis ojos cerrados recorrían el pasado como la única historia memorable…

Así, estando yo sobre ti, con una fuerte lluvia cayendo sobre nosotros, disfrutamos cada movimiento: mi cuerpo cadencioso te disfrutaba, mis dedos jugaban en tu boca con tu lengua y tus labios,  mientras con mi mano sostenía mi cabello que escurría de agua de lluvia, la corría por mi cara, mi cuello, mis senos… era delicioso, era perfecto, justo el ritmo del amor… justo como jamás lo habría imaginado, justo como sólo una casualidad podría permitirlo…

 

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Un comentario en “Una Casualidad

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