Despertando del sueño

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Un día, crees que el destino ha hecho justicia, que aquel sueño que habías imaginado se puede tocar, se vuelve real. Así, puedes sentir, oler, saborear, todo tal cual como si el mundo estuviera dispuesto, con las condiciones precisas para cimentar una historia de amor, de ésas en las que se apuesta todo, ¡TODO!

Durante estos años vivimos grandes momentos, justo como se pueden vivir esas grandes historias de amor, días intensos en los que conmovida hasta las lágrimas, me cuestionaba si era lo correcto, si la apuesta a aquel amor era una apuesta a ganar, o si, como decía todo el mundo, estaba dejando lo más por lo menos.

¡Qué historia! Sí, de ésas que hacen vibrar de sólo recordarla… porque es inevitable evocar con nostalgia todas las primeras veces que en ella escribí: la primera vez que nos vimos a los ojos, la primera vez que haríamos aquello que no habíamos imaginado, la primera vez que en un abrazo encontré la fortaleza para continuar, la primera vez que escribimos nuestra historia, la primera vez que a los cuatro vientos grité eso me hacía feliz, que ése era el sueño de mi vida.

Nada más hermoso que amar intensamente, amar a ciegas -quizá sin aceptarlo-, nada más apasionado que amar con todos los sentidos, inventando una historia en cada día, alentando un sueño cada noche. Nada más intenso que apostar al amor, a suponer que el amor todo lo puede, que el amor vence todo, incluso la oscuridad. Nada hace sentir más vivo que amar con la razón y la sinrazón.

Así pasaron los años, varios años alimentando día a día nuestra historia, unos días ahogando los malos momentos con lágrimas y otros haciendo imborrable el recuerdo que las risas grabaron. Años de amor incondicional, de amor ciego por decisión no por omisión, de amor apasionado que en lo cotidiano creía estar construyendo una realidad con la dulzura y alegría que sólo un sueño encierra.

Así, el tiempo nos mostró desnudos, con lo peor y lo mejor de nosotros, con las tristezas derramándose por los ojos y las alegrías hacer eco con la risa que rebotaba en cada muro. Desnudos a la vista de todos, porque todos nos vieron, todos sabían quién eras tú y quién era yo, todos sabían de mis debilidades y de mis fortalezas, todos sabían de tu poder y tu altivez. Nuestras almas caminaron juntas por muchos tiempo, dejándonos ver por el mundo, que envidioso juzgaba nuestro amor incondicional.

Despertar del sueño ha sido doloroso, despertar del sueño que viví como real ha sido triste, porque en él sumé la ilusión cómplice de otros, porque en ese sueño que confundí con realidad, aposté no sólo mi vida, sino que pedí prestada la vida de otros, sino que robé tiempo y espacio de otros.

Así como en un momento amé ciegamente por voluntad, contra la adversidad, contra el qué dirán y el sinfín de juicios que cuestionaron esta relación; hoy, quisiera desamar por voluntad, ver a los ojos a aquéllos que me advirtieron del autoengaño que me contaba día a día como real y en un abrazo pedir su consuelo solidario para aminorar mi dolor.

Aún no entiendo qué sucedió, aún no acepto que el amor se acabó, aún no quiero creer que se acabó. Despertar del sueño ha sido doloroso, incluso cruel, porque viéndome al espejo cuestiono mis encantos, porque escribiendo intento descifrar mis errores, porque el silencio me atormenta con respuestas sin preguntas.

Y luego de rumiar una y otra vez esas respuestas, luego de autoflagelarme con aquellos “te lo dije” que me gritan desde la conciencia, regreso al lugar donde escribí los sueños, al espacio desde donde día a día jugué a construir una realidad que hoy sé, fue fantasía. Y en ese lugar recojo lo tangible, lo que en una caja se puede guardar para preparar la huida…

¿Y lo demás? ¿Eso que no cabe en una caja? ¿Las ilusiones? ¿Las esperanzas? ¿La confianza vulnerada? ¿Esas promesas tácitas de amor incondicional y entrega? ¿Cómo se recoge el amor impregnado en muros, en muebles y espacios que fueron testigos de esta historia?

Hoy lo sé, amar lo que no te pertenece ha sido la forma más estúpida de amar… y ahora, despertando del sueño es necesario buscar con pudor la manera de cubrir la desnudez del alma que te ofrecí cuando aposté a nuestra historia juntos…

 

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