Un milagro…

Hay días en los que las fuerzas se acaban, aquellas ilusiones que alimentaban el alma se extinguen, se convierten en buenos recuerdos y sobre ellos se cimienta la esperanza más profunda, la esperanza más humilde de anhelar un milagro.
Mi vida ha estado rodeada de grandes mujeres, a ellas debo mi aguerrido espíritu de lucha, de ellas he aprendido una y otra vez que la vida sigue, que los tropiezos son para hacer una pausa y seguir caminando con más fuerza, con más templanza y con más sabiduría.

Una mujer ha sido desde mi infancia un símbolo de admiración, una mujer que siempre ha sabido acariciar mi corazón en los momentos difíciles para brindar un poco de paz, siempre ha tenido palabras cariñosas y cálidas caricias para dar fortaleza en los momentos de adversidad.

De ella, mi inspiración para ser grande; de ella, mis primeros intentos de maquillarme jugando a ser grande y hermosa; de ella, la elegancia que me hacía imaginarme adulta vistiendo trajes sastre para ir a trabajar; de ella, ese apapacho cuando sabía que en casa podía haber problemas.

De ella, siempre la sonrisa, siempre la prudencia, siempre las esperanzas de que los malos momentos pasarían. Ella siempre el refugio de todos, el refugio que sabía secar con un beso en la mejilla las lágrimas de tristeza y de impotencia. Ella, siempre el equilibrio de todo.

En mi corazón tengo tatuadas palabras que han sido bálsamo de paz y amor en muchos momentos: ¡Soy su consentida! En más de una ocasión me lo ha dicho, y aunque no lo hubiera hecho, aún así lo sabría, mi alma lo siente, sus abrazos lo trasmiten y creo fue así como esa frase se tatuó en mi alma: en un abrazo de ésos en los que, por minutos y sin palabras, nos decíamos cuánto nos amábamos.

Intento no cuestionar a la vida, intento no cuestionar al destino, intento aceptar el plan divino que sé Dios tiene. Intento, sólo intento… Sé que la lucha ha sido aguerrida, sé que la pelea ha sido con todo y contra todo, sé que cada día es una batalla ganada, que cada noche es una esperanza encendida, sé que los pensamientos y las oraciones que nos unen a la distancia alimentan la fe en un milagro, que la fuerza que aún queda proviene del amor auténtico, del amor desinteresado que todos le profesamos.

Podría enumerar decenas y decenas de historias, de aquéllas que hoy provocan esta dualidad en el alma: un gran dolor que pide a gritos un milagro y una gran alegría de haber recibido tanto amor por parte de ella. Ella… su fuerza, su belleza, su inteligencia… Una mujer dispuesta a desafiar a la sociedad: ¿Que sólo los hombres estudian? ¿Quién dijo? Ella estudió, trabajó y construyó su patrimonio. ¿Que una familia se acaba cuando el hombre se va? ¿Quién dijo? Ella formó una familia de hombres y mujeres de bien.

Y cuánto duele, cuánto duele cuando una realidad catastrófica amenaza, cuando una enfermedad que sólo puede vencer al cuerpo, atenta contra el alma. Cuánto duele cuando la realidad humana se ve rebasada y parece agotar todas sus posibilidades. Cuánto duele cuando quieres detener el tiempo, volver el tiempo atrás, cuando quieres que el tiempo no avance… Cuando en cada pensamiento suplicas que un milagro suceda…

Hoy, con el caudal de lágrimas que acompañan la lluvia de esta tarde, sé que cambiaría cada una de las palabras e historias escritas en este espacio, por un Momento Azul que describiera el milagro que le haya hecho recobrar la salud y la fuerza. Hoy, desearía poder cifrar en palabras todos sus abrazos, sus besos y cariñitos (como ella les llama)  y con esas palabras dar fuerza para su cuerpo y su alma…

Hoy suplico a todas las fuerzas del mundo, de todos los mundos, de la realidad y de la fantasía un milagro que dé la esperanza de un nuevo amanecer. Que dé esperanza de una vida digna y que dé a su cuerpo y su mente la dicha de saberse amada, de saberse admirada, de saber que, al menos yo, siempre vi en ella un ejemplo de grandeza y fuerza.

Hoy, suplico para que toda la energía positiva,  de aquellas risas y carcajadas compartidas, para que toda la luz de sus detalles en cada cumpleaños y evento especial, para que toda la fuerza que ella nos ha dado en tantos momentos, todo, toda esa luz y energía positiva se conviertan en el milagro de vida…

El amor lo puede todo, te amo tía…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s