Hagamos el amor

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¿En qué momento te convertiste en rehén de mis pensamientos? ¿En qué momento nuestros mundos se encontraron para compartir recuerdos y escribir historias?

No lo sé, pero debo confesar que disfruto tu voz, tu presencia a la distancia que sé me acompaña en lo cotidiano, que comparte la simpleza y la complejidad de mis días, que entiende mis lágrimas y mis risas, que a veces, sin palabras, sonreímos en nombre del recuerdo que evocamos y por ello sé que estás conmigo, que estoy contigo.

Somos las historias que fuimos, somos de quienes nos guardan en el corazón, pertenecemos a la memoria donde se alberga el recuerdo del sabor un beso, la añoranza de un reencuentro, la esperanza del amor a tiempo y sin tiempo… Estamos donde nos recuerdan, donde nos mantienen vivos en un pensamiento y nos acarician al cerrar los ojos para atrapar el recuerdo que dicta la memoria, para atraparlo, convertirlo en un suspiro y dejarlo ir para que el viento lo lleve con destinatario preciso.

Así han sido estos últimos días, pensándote, disfrutando nuestras charlas, anhelando la siguiente llamada, esperando el siguiente mensaje, el próximo beso y por supuesto, aquel próximo encuentro donde nuestros cuerpos escriban nuevas historias, donde nuestra piel se transforme en un lienzo de pasión donde el placer, el deseo y el amor dejen huellas imborrables.

Dejemos que el mundo siga o se detenga, lo que a ellos les convenga; hagamos el amor solo para defendernos de la realidad, solo para creer que aún hay tiempo, que aún hay vida… silenciemos los pensamientos con acciones, callemos las voces del pasado con los besos del presente, hagamos el amor como lo dicta la memoria, como lo reinventa la pasión, como lo hacen los amantes que en cada caricia se entregan, que en cada beso de devoran, que en el sexo se consumen.

Así, el tiempo nos alcanza para amarnos, para que mis labios se encuentren con los tuyos y en ese beso te explique lo que aquí me falta porque es imposible cifrarlo con palabras, deja que en un abrazo descubras que mi mundo cabe entre tus brazos, que mi corazón late y se sincroniza con el tuyo, que mi piel arde y enciende la tuya, que mis manos te recorren y reconocen suyo tu cuerpo.

Así, dejemos la ropa de lado, disfrutemos de aquellos lunares, de aquellas pecas que un día pertenecieron a otros y hoy son tuyos. Disfrutemos las huellas del tiempo, de las cicatrices, de los años y los kilos que nos dicen quiénes somos y por qué hoy estamos juntos… dejemos que nuestros cuerpos se reconozcan y demos paso al deseo y al instinto para que la noche sea nuestra, para que el placer de cada caricia cubra cada centímetro de la piel, recorra cada espacio y haga eco en las entrañas.

Hagamos el amor para sobrevivir, para revivir, para renovarnos, para creer que hay tiempo, para hacer de los pensamientos y los recuerdos una nueva historia, una historia que ha desnudado nuestras almas una y otra vez, una historia que ha secado lágrimas y compartido risas, una historia que sabe a amor…

Hagamos el amor para pertenecernos, hagamos el amor y dejemos que el mundo ruede o se detenga…

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