Más que sólo palabras

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No te enamores de mis palabras, porque en mi vida hay un mundo de sensaciones que sería injusto sólo cifrarlas en palabras, sí, porque quizá un al escribir la palabra beso, no me estoy refiriendo sólo al contacto de los labios, al juego de nuestras lenguas, sino la puerta que abre el camino para una nueva historia de placer de dos cuerpos encendidos.

Las palabras son sólo letras que aprendimos que significan “algo”, pero las sensaciones significan más que “algo”, también significan “alguienes”, por eso sólo describirlas con letras agrupadas en palabras, en frases o relatos no es suficiente para describir un mundo de sensaciones.

Una caricia es más que el contacto de mis manos con la piel, sino que es el descubrir y despertar las terminales nerviosas de tu ser, es trazar un delicioso recorrido que tiene como meta un momento memorable, es reconocerte de manera táctil para escribir mi historia sobre tu piel, para tatuar mi pasión con solo rozarte con las yemas de mis dedos.

Escribir es un medio, es una forma de acariciarte con mis palabras, procurando que durante tu lectura del relato, imagines mi voz en tu oído y las sensaciones te recorran por completo, y ahí descubras que no son las palabras, es mi voz, es recuento de los recuerdos, que aunque a veces los quieras negar, existen. Y que la combinación de las palabras a través de mi voz con las imágenes mentales que llegan a tu cabeza, quizá se acercan más a ser yo y no sólo palabras.

No te enamores de mis palabras, porque a veces no son ni siquiera mías, me las dicta el personaje imaginario que quisiera ser, ése que tiene los encantos para seducirte, ése que tiene arrogancia de saberse deseada, ése que requiere de este espacio para poder existir.

Son letras, palabras, frases, relatos, historias, que sólo tú puedes entender. Que sólo tú has vivido conmigo -en la fantasía o en la realidad, pero tú-.

Son palabras que me hacen recordar mis clases de sociolingüística de la universidad y entiendo de forma tan clara aquella función metalingüística, no cualquiera lo entendería. Algunos asociarán mis palabras con sus historias, con sus fantasías, con sus mundos, pero sólo tú sabes de lo que hablo, sabes lo que metalingüísticamente hay detrás de cada palabra.

Pero aún así, no te enamores de mis palabras, no te dejes seducir por ellas, déjame convencerte que soy yo, que no son los relatos, que no es la fantasía, sino que es la sensación que provoca cruzar nuestras miradas en la trivialidad y tratar de cerrar los ojos al mundo; que no es el título de este relato sino que es tu saludo casual que apenas roza mi mejilla y mi mente pide a gritos la sensación de tus labios.

No soy mis palabras, mis palabras son parte de mi historia, pero no alcanzan, mi léxico es limitado, mi sintaxis torpe y mi gramática imprecisa para que mis relatos sean yo. Por favor, no caigas ante ellas, no las leas con la vista, no las descifres con un diccionario, no las entiendas como enunciados subordinados o yuxtapuestos, no! Son torpes, soy más que mis palabras.

No te enamores de mis palabras, déjame convencerte que este mundo de sensaciones es difícil cifrarlo sólo en relatos. Déjame demostrarte que soy más que sólo eso, no caigas en el juego de mis palabras, mejor déjate conquistar por el juego de mi lengua sobre tu dorso, no creas mis palabras, cree en la sensación que mis caricias pueden despertar en tu cuerpo…

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Momento Azul

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Momento Azul es mi mundo, es ese espacio de fantasía donde el sinsentido tiene sentido. Es un espacio donde me reconozco falible y adaptable a las diferentes escenas que propone ante mí la realidad. Es el recuento de las aventuras, experiencias y desastres de mi vida, en donde he aprendido que la vida sólo tiene sentido si se devora en bocados pequeños, si se bebe a pequeños sorbos, si se vive de momentos.

“Nada es al 100”, eso siempre dice una amiga y qué razón tiene. Sí, nada es al 100; sí, no hay perfección femenina que llene cualquier vida, por eso aprendí a sobrevivir de momentos, de instantes, de placeres efímeros que dejen un buen sabor de boca que alcance en lo que llega otro buen momento.

Momento Azul es mi espacio en el que puedo reescribir la realidad para encontrarle sentido, es ese tiempo en el que puedo editar lo que sucede a través de las palabras para poder resaltar ese “algo”, ese momento que hace que valga la pena.

Mi realidad se construye de momentos: el momento en el que la casualidad le permita encontrar, encontrarte y que provoques el latir de mi corazón; ese momento en el que las nubes o la luna parecen comunicarme algo, algo que me diga que me extrañas y me deseas; ese momento de un beso robado alimente la esperanza de creer en el amor.

Y sí, sin esos momentos, sin esos pequeños instantes en los que la felicidad pasa como agua entre las manos, esos momentos que parece que la felicidad está dispuesta para uno a manos llenas se quede con ella, pero es imposible detenerla, es imposible atraparla…

Así mis pasiones y emociones se han guardado cifradas en palabras, en pequeñas historias, en momentos. Porque esa felicidad que se fue entre los dedos como agua, en el preciso momento que lo hacía provocó sensaciones, provocó emociones, provocó imágenes ahora almacenadas como recuerdos.

La felicidad es la suma de eso, de ese instante en que la frescura del agua pasaba entre los dedos, como la sensación del juego de mi lengua en el dorso de tu mano; el instante de la humedad que parecía traspasar mi piel, como la humedad de tus labios tatuaban el deseo en mi cuello; el momento de escuchar el suave sonido del agua correr, como el murmullo de mi voz en tu oído diciéndote: “te quiero”.

Y sí, pasa, la vida sigue… y así como no pude detener con mis puños la vasta corriente de agua que pasaba entre mis dedos, tampoco puedo detenerte en mi vida para que seas mi felicidad eterna, menos para pretender ser tu felicidad. Así como la dualidad de sentir el placer del agua entre mis manos a la par de la nostalgia de saber que pasa y no se queda, así la dolorosa dualidad de saberte mío por instantes y ajeno el resto de la vida.

Así, Momento Azul reconstruye la realidad de instantes, de sensaciones, de historias que, al igual que el agua, pasan, pasan pero no se borran, pasan pero perduran, pasan pero marcan…

Así, así vivo mi día entre la realidad y la fantasía, entre la esperanza del momento en que pueda robarte  del mundo y la fría realidad de la soledad que me hace creer que mis encantos harán que pronto llegue alguien que se dé cuenta que soy un Mujerón…

 

¿Quién es Azul?

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Soy una mujer inteligente, muy intensa y apasionada. Un día me descubrí entre los temores y anhelos una mujer promedio, que suponía que lo que hacía era lo correcto, que la intensidad con la que se desempeñaba laboralmente haría un cambio en el mundo, que con la pasión que procuraba a su familia le garantizaría cierta felicidad y plenitud, pero al final de sus jornadas diarias una soledad, un vacío profundo se apoderaba de ella generándole dudas, sin sabores y una impotencia muy grande por ser “algo más”, “alguien más” alguien que la llevara a sentirse realmente plena…

En más de una ocasión esperanzada de encontrar ese “algo más” hizo cosas fuera de sus parámetros permisibles y eso me permitió reconocerme en ella como Azul… sí, en una de tantas desilusiones amorosas, cuando se ubicó en una realidad en la que los encantos no le alcanzaron para la conquista, donde se dio cuenta que esa mujer promedio debía dejar de serlo si quería vivir una aventura diferente.

Así, en un abrir y cerrar de ojos, ubicada en una realidad donde el argumento “eres guapa, inteligente, sensual, inmensamente apasionada,  PERO….”  yo Azul le hice darse cuenta que quizá no era tan guapa, quizá tampoco inteligente, ni sensual y lo apasionada no le servía en este caso, tuvo que cambiar el enfoque de sus “encantos”.

Como Azul  me reconocí en esa vulnerabilidad y aprendí a capitalizar las debilidades de aquella mujer, aprendí que a veces ser libre es la única opción para sobrevivir. Libre de los prejuicios, libre del deber ser, libre de las expectativas inalcanzables, libre del ideal de mujer, libre de aquella mujer promedio que me tenía atrapada.

Como Azul tuve que encontrarle sentido a una realidad sin sentido, tuve que enseñarle a negociar sueños, esperanzas e ilusiones. Tuve que mentalizar a esa mujer de que sus encantos, suponiendo que fueran reales, no le alcanzaban para la realidad de ese momento, por lo tanto, si quería vivirla tenía que ser a través de mí o de otra manera sólo sumaría una frustración más a su vida.. Fui el medio para que ella sobreviviera.

Soy libre, adaptable a las circunstancias, que aunque de momento mi mundo esté devastado en mi interior siempre intento sonreír y suponer que puedo manejar la realidad!!

Probablemente cada noche llore escribiendo, entre insomnios y sueños añore otra realidad, para la que no me alcanza, pero así con esas mismas lágrimas ahogaré los pensamientos que me atormenten hasta aprender que sólo tengo Una Realidad Azul.