Inventamos el amor

Había que creer en el amor y entonces nos inventamos… jugamos una apuesta sabiendo de sobra que perderíamos. Jugaste, quizá no amar, sino a hacer valer tu hombría en una conquista que te diera vida, que te diera certeza de tus dotes de conquistador y de aquella virilidad tan necesaria en ciertas épocas de la vida; yo, jugaba a ser capaz de enamorarte no desde la seducción de ser Azul, sino de ser sólo ser yo…

Inventamos el amor con una apuesta arriesgada que retaba el destino. Nos inventamos como un castillo de arena fincado entre besos y caricias, como una historia que sabíamos por demás que estaba a expensas de un viento, ni siquiera fuerte, un viento que soplara tenue cerca de nuestra frágil construcción. Inventamos besos que nos sabían a amor, inventamos caricias que dibujaban pasión, hicimos el amor como si nos amáramos…

Nos escribimos haciéndonos cómplices de aquellas sonrisas inexplicables, nos hablábamos gritándonos en secreto que nos queríamos, nos encontrábamos cuando el destino nos lo permitía, y entonces, hacíamos el amor deteniendo el tiempo, pensando que sería suficiente… recorrimos con destreza nuestros cuerpos, dejamos besos impregnados en la piel por una noche, nos miramos buscando esperanzas para esta historia y dejamos aquella ilusión clavada en nuestros ojos por instantes.

Jugamos, cada quién su juego, tal vez no el mismo…jugábamos mientras era el destino quien se divertía con esta historia, mientras eran los otros, los ajenos a este sentir quienes con opiniones y apuestas, alentaban una historia por demás fallida. Jugué, no contigo, conmigo. Jugué a ser quien no soy ni podré ser jamás… por momentos fui rehén de ese mundo de fantasía que me hacía imaginarme tuya, ese mundo de fantasía que por instantes me hacía comprar la versión de los amores verdaderos; por momentos fui la escritora que perdió de vista las historias en papel y creyó que sucedían en la realidad.

Inventamos el amor, lo inventamos porque necesitábamos creer en algo que diera esperanzas a aquel beso robado a media luz, porque queríamos creer que el latir de los corazones cuando estábamos cerca era más que sólo un signo de vida, que era un signo de vivir… Inventamos una historia imposible para medir nuestras fuerzas, nuestras convicciones y nuestros miedos.

Inventamos el amor, hasta que la realidad nos alcanzó, hasta que en un respiro profundo abrí los ojos para despertar de la fantasía, hasta que observé detenidamente mi mundo y el tuyo, hasta que una noche de insomnio me cuestionó incansablemente, hasta que las lágrimas no alcanzaron para darle sentido a una invención por demás fallida… hasta que retomé el lápiz y papel (mi computadora y mis notas) para regresar al refugio de la escritura, para volver a ser la escritora de historias de fantasía y no una protagonista inventada fuera de la realidad.

Y cada te quiero, fue real; y cada beso, fue real; y hacerte el amor, fue real; y soñar contigo, fue real; pero lo real no siempre cabe en la realidad. Lo real no alcanza para inventar una realidad diferente a la que es; y el amor es, no se inventa, el amor es y para que sea tiene que caber en la realidad…

Búscame en la fantasía, recuérdame con amor, invéntame real… Hasta pronto… hasta entonces…

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Una tentación difícil de vencer

Habíamos anhelado tanto que sucediera, que sucedió tal cual lo imaginamos, quizá mejor. Pasaste por mí a casa, yo iba vestida muy fresca, aunque era casi noche, se sentía mucho calor. Hicimos una escala para comprar algo de beber y nos dirigimos al lugar que tú elegiste como la mejor opción.

Llegamos, bebimos un par de cervezas mientras conversábamos de nuestros días cotidianos, de aquellas historias que se conversan recostados sobre la cama, vestidos y sin prisa, acariciabas mis hombros con delicadeza, me observabas como si te gustara, como si con nuestras miradas entabláramos una conversación alterna que compartía cuánto estábamos disfrutando el momento, ese tiempo en el que el mundo no existe, en el que un habitación es todo lo que necesitábamos para jugar al amor. Un playlist que yo seleccioné para la ocasión que hacía juego con el sonido del agua que llenaba el jacuzzi.

Rumiamos mi eterna teoría de qué significa para ti estar con una mujer como yo, reías de mis obstinadas conclusiones: un hombre como tú “necesita” en su currículum una mujer como yo, una mujer que pruebe que no hay reto que no consiga, que pruebe la hombría de un joven decidido a obtener cuanto capricho se cruza por su camino. Insististe, un poco por cortesía, en demeritar mis conclusiones, me dijiste cuán interesante te parezco, cuan seductores te parecen los lunares en mis hombros y las pecas en mi pecho.

A la par de nuestra conversación tus manos recorrían con una deliciosa sutileza mi cuerpo, sentía cómo bajaban por mi espalda y se adueñaban de mis caderas, cómo tus labios de repente se acercaban a mi boca para silenciarme con un beso y luego retomar la conversación. Era delicioso sentirte pero era tan agradable nuestra charla que tus caricias no distraían mi concentración para seguir argumentando mi teoría sobre tu triunfo sobre mí y tus evidencias de hombría al conquistar cada centímetro de mi piel.

Pronto la ropa se esfumó, en medio de esa álgida conversación, tiempo suficiente para que el agua tibia del jacuzzi estuviera lista para nosotros. Nos dirigimos a ella y ahí comenzaste un delicioso masaje en mi cabeza, jugando con mi cabello, acariciando mi nuca, bajando hacia mis hombros y haciéndome disfrutar de una manera única. De momentos ese masaje cambiaba el rumbo y tus manos recorrían con tal sutileza mi pecho que a ojos cerrados no era difícil imaginarte, imaginar cómo tu mirada me devoraba con deseo, cómo tu cuerpo atendía las sensaciones que tus manos descubrían.

El agua tibia combinaba las emociones, esa excitación contenida que nos tenía al borde de la locura, con una sensación de relajación que nos invitaba a disfrutarnos más y más antes de embriagarnos de placer. Al fondo mi play list de jazz seguía acompañando la escena. Nuestros cuerpos frente a frente se encontraban en un beso que intentaba silenciar en mis pensamientos las teorías debatidas antes en la cama, que me hacía perderme entre tus brazos, que me dejaba sentirme abrazada por tus piernas. Un beso que te explicaba que soy más que una mujer seductora capaz de enloquecerte con las palabras que escribo, que soy más que una tentación difícil de vencer.

Tus manos cada vez más ansiosas recorrían mi cuerpo, lentamente, apropiándose de cada sensación que despertaban, haciendo a mi mente enloquecer y haciendo a mi cuerpo arder. Mis labios en respuesta besaban tu cuello, mordían tu oreja y te decían al oído cuánto estaba disfrutando ese momento. El lugar se había impregnado de sensaciones, de pensamientos que nos hacían pertenecernos en cada caricia y en cada beso.

Unidos en un beso salimos del jacuzzi, nuestros cuerpos escurriendo se recostaron sobre la cama. Bebías las gotas de agua que aún estaban sobre mi piel, tu lengua sedienta tomaba esas gotas para hacerme arder en deseo por sentirte, por consumirnos en ese placer que otras veces nuestras miradas habían conversado, que nuestros encuentros casuales habían imaginado, que tu lista de pendientes tenía aún sin cumplir.

Hicimos el amor en una escena inolvidable, como jamás lo habríamos imaginado… y aún hay pendientes. Y lo sé, seguiré siendo una tentación difícil de vencer, la tentación que debes vencer cuando en tu vida de retos, necesitas poner a prueba tu hombría con una mujer como yo…

¿Realidad o fantasía?

realidad o fantasia

Todo fue tan delicioso que era difícil en ese instante tener la certeza de si se trataba de una fantasía o lo que sucedía era real…

Comenzaste besando mis hombros que se encontraban al descubierto, yo vestía una camiseta negra de tela muy sedosa y un short azul. La camiseta era una sutil insinuación para que te deshicieras de ella, bajando uno por uno los tirantes mientras besabas mis hombros y dejábamos que la sensación que tus labios provocaban recorriera todo mi cuerpo.

Regresaste a mis labios y nos besábamos con el hambre que provoca el deseo, con el hambre que sugiere el amor… en muy pocos minutos nuestros cuerpos ardían en deseo y mis piernas descubiertas te invitaban a que las recorrieras como tantas veces lo habías imaginado. Acariciaste mis pies con un delicioso masaje, recorriste con las yemas de tus dedos mis pantorrillas cansadas, acercaste tus labios para besar mis pies y comenzar desde ahí un recorrido certero y delicioso.

Las yemas de tus dedos apenas rozaban mi piel, tus labios acompañaban el recorrido mientras mis labios repetían insistentemente tu nombre pidiéndote que no te detuvieras, que continuaras ese camino que te llevara a recorre mis piernas, avanzar hacia mis muslos, morder mis piernas y luego acariciarlas con la punta de tu lengua… ese recorrido que te guiara hacia el interior de mis muslos, dejando que tus manos despertaran un sinfín de pensamientos y tu lengua asegurara eternas esas sensaciones.

Mi short no era impedimento en tu recorrido, tus manos hábiles encontraron cómo deshacerse de él, tus labios hambrientos supieron cómo devorar lenta y pausadamente cada centímetro de mis piernas, cómo apropiarse de mis muslos y hacerme hervir en deseo. Atento escuchabas mi súplica de no detenerte, de que continuaras guiado por el instinto, por el deseo, por las indicaciones que mi mirada y mis labios pronunciando tu nombre te daban.

Llevaste tus manos a mi vientre, a mis caderas, acariciándome con que el deseo que me exigía no estar inerte a tu recorrido. Tus manos tomaban mis caderas y apretaban con la sutileza, besaste mi vientre mientras mis manos acariciaban tu cabeza y jugaban con tu cabello dando una aprobación tácita para que continuaras tu recorrido, para que tus manos siguieran acariciando mi cadera mientras tus labios besaban mis muslos, mientras tu lengua avanzaba sin temores ni dudas…

El tiempo parecía detenerse por instantes, mi corazón exaltado parecía salir de mi pecho, intentaba controlar mi respiración que era cada vez más acelerada. Las sensaciones eran intensas, profundas y a ojos cerrados la plenitud del placer invadía mi mundo, cada uno de mis pensamientos se volcaba en ti, en ese instante en que se toca el cielo sintiendo el calor del infierno, en ese instante en el que mis labios dictan como sentencia tu nombre, en ese instante en el que te pienso tan real que no eres una fantasía…

¡Qué delicia!

 

Una noche a tu lado

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Hacer a la noche cómplice de nuestra historia, así desnudos bajo las sábanas, yo de espaldas a ti, tu abrazándome por la cintura… tomo tu mano y la llevo a mi vientre, dejando que la palma de tu mano lo cubra y lo reconforte, mientras disfruto el delicioso roce de mi espalda contra tu pecho y el juego de nuestros pies rozándose entre las sábanas.

Los minutos transcurren lentamente, juego con tu mano sobre mi piel, llevándola de mi vientre a mis caderas, llevándola hacia mis muslos mientras nuestros cuerpos arden en deseo… Tu mano dócil atiende en recorrido que la mía le guía, así te llevo hacia mi boca para que mi lengua acaricie tus dedos, para que mis dientes muerdan suavemente la palma de tu mano, para que mis labios besen el dorso de tu mano…

Así, llevo tu mano hacia mi pecho, siento una deliciosa tibieza que me recorre, son movimientos suaves que cómplices del silencio de la noche, nos permiten escuchar nuestra acelerada respiración. Es tan delicado el recorrido de tus manos sobre mi piel, tan pausado que parece congelar cada instante en esa sensación que recorre todo mi cuerpo…

Deliciosa noche contigo a mi lado… haciendo el amor en cada caricia, en esas palabras mudas que nuestros labios en cada beso pronuncian, en el silencio de la noche que nos permite escuchar el latir de nuestros corazones.

Continúas con ese atinado recorrido de tus manos en mi cuerpo, de momento sumiso a la guía de mis manos, de momento irreverente descubriendo tus propios caminos. Mientras besas mi cuello, tus manos siguen su recorrido, tu lengua traza sobre mis hombros mensajes que explican el deseo, tus manos ansiosas aprietan mis muslos, esos que sé que te encantan, tomas mi cadera con fuerza sabiéndome tuya, sintiendo cómo cada sensación nos acerca a ese instante, a ese éxtasis que solo el amor aderezado de sexo puede provocar.

Cada beso, cada caricia, cada centímetro recorrido de mi piel me hace perderme en la sensaciones, en lo delicioso de una noche a tu lado… la luz tenue que nos vigila te invita a separarte un poco de mí, a dejar de lado las sábanas y observar detenidamente mi cuerpo mientras las yemas de tus dedos acompañan el recorrido de tu mirada. Me observas apropiándote de mis lunares, mis cicatrices, las pecas y los rastros que el tiempo ha dejado para ahora hacerme una mujer plena y sin complejos.

Tu mirada me seduce, me hace perderme en tus ojos encontrando en ellos deseo y paz; deseo y amor; deseo y plenitud, deseo y esa compañía que hace de esta noche un derroche de emociones, un festín compartido en que entre besos y caricias celebramos el amor, devoremos el deseo, brindamos por una noche a tu lado…

Amar desde la intimidad

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Amar es hacer de la ocasión un instante propio para el amor, es hacer que suceda y  que un par de botellas de vino y una habitación sean más que solo un pretexto para hacer el amor, para amarnos y disfrutar de nuestros cuerpos y besar nuestras almas…

El amor desde la intimidad es consumir el juego más sutil de la seducción, es compartir en un beso el sabor del vino, es hacer de los sonidos, las palabras, las caricias y  los besos el lenguaje más franco del amor que se culmina en el derroche de placer, en el éxtasis que construye desde dentro un mundo de sensaciones que piden más, que piden estés en mí, en mi cuerpo, en mi alma.

Amar en la intimidad es recorrer cada espacio de la habitación, compartiendo una y otra copa de vino en medio de una charla que enciende el deseo, ese que se enciende cuando observas fijamente mis labios mientras hablo contigo, ese que hace que de momentos tu mirada se pierda entre mis pechos con el hambre de devorarlos, ese que en un beso calla mis historias y grita mis fantasías.

Amarnos en la intimidad es conquistar cada centímetro de la cama, es hacer de las sábanas un lienzo virgen en el que hacemos trazos perfectos, un lienzo en el que el movimiento de nuestros cuerpos hace arte, dibuja con colores vivos, con tonalidades cálidas, con técnicas improvisadas pero perfectas.

La intimidad es ese espacio que nos permite hacer del amor todo lo que la fantasía propone, es desnudarnos sin prisa, disfrutar las texturas de la ropa, desabotonar tu pantalón mientras mis manos arden en deseo por sentirte y es devorarte en un beso, sintiendo tus manos en mi espalda deshaciéndose de todo lo que le estorbe para sentir mi piel, para que las palmas de tus manos recorran a placer mi cuello, mis hombros, mi espalda; es encontrarnos con la ropa sobre el piso sin saber en qué momento dejó de pertenecernos.

Amarte es hablarnos con las miradas, recostados sobre la cama en el justo momento en el que nuestros cuerpos desnudos se rozan por primera vez, en el momento en que tus manos toman mi cintura contra ti, y nuestros muslos se encuentra y se entrelazan mientras mis manos juegan con tu cabello acariciándote con sutileza, dejando que tus labios besen mi cuello, muerdan mis hombros. Así abrazados sin temores ni prejuicios, seduciéndonos a placer, en un placer compartido donde disfruto acariciarte pausadamente y tú disfrutas el recorrido de mis manos, de mis labios, de mi lengua…

Amarnos es el camino certero que tus manos hacen desde mis tobillos, es el lento recorrido con el que tus labios saborean mi piel avanzando milimétricamente por mis piernas y mis muslos hasta llegar a mi vientre. Es ese trazo espontáneo y simple que se disfruta como una caricia experta y estudiada, que se traduce en sensaciones inexplicables con palabras, pero simples para hacerlas recíprocas en tu piel.

Así, te recuesto boca arriba, para que observes mi cuerpo ardiente, mi piel ansiosa de que continúes tu recorrido y así, observándome, lees en mis labios un “te amo” y después mi boca te explica con más claridad la frase, me inclino a tus labios los acaricio con la punta de la lengua, los muerdo suavemente atrapándolos con mis labios, nos entendemos y en ese beso nos explicamos el deseo y el amor en una misma sensación, en ese beso nos explicamos la necesidad de nuestros cuerpos por pertenecerse en el mismo instante de placer compartido.

En ese beso nuestros cuerpos encuentran el ritmo perfecto, el camino certero y las sensaciones precisas que nos hacen disfrutar el amor desde la intimidad…

Hagamos el amor

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¿En qué momento te convertiste en rehén de mis pensamientos? ¿En qué momento nuestros mundos se encontraron para compartir recuerdos y escribir historias?

No lo sé, pero debo confesar que disfruto tu voz, tu presencia a la distancia que sé me acompaña en lo cotidiano, que comparte la simpleza y la complejidad de mis días, que entiende mis lágrimas y mis risas, que a veces, sin palabras, sonreímos en nombre del recuerdo que evocamos y por ello sé que estás conmigo, que estoy contigo.

Somos las historias que fuimos, somos de quienes nos guardan en el corazón, pertenecemos a la memoria donde se alberga el recuerdo del sabor un beso, la añoranza de un reencuentro, la esperanza del amor a tiempo y sin tiempo… Estamos donde nos recuerdan, donde nos mantienen vivos en un pensamiento y nos acarician al cerrar los ojos para atrapar el recuerdo que dicta la memoria, para atraparlo, convertirlo en un suspiro y dejarlo ir para que el viento lo lleve con destinatario preciso.

Así han sido estos últimos días, pensándote, disfrutando nuestras charlas, anhelando la siguiente llamada, esperando el siguiente mensaje, el próximo beso y por supuesto, aquel próximo encuentro donde nuestros cuerpos escriban nuevas historias, donde nuestra piel se transforme en un lienzo de pasión donde el placer, el deseo y el amor dejen huellas imborrables.

Dejemos que el mundo siga o se detenga, lo que a ellos les convenga; hagamos el amor solo para defendernos de la realidad, solo para creer que aún hay tiempo, que aún hay vida… silenciemos los pensamientos con acciones, callemos las voces del pasado con los besos del presente, hagamos el amor como lo dicta la memoria, como lo reinventa la pasión, como lo hacen los amantes que en cada caricia se entregan, que en cada beso de devoran, que en el sexo se consumen.

Así, el tiempo nos alcanza para amarnos, para que mis labios se encuentren con los tuyos y en ese beso te explique lo que aquí me falta porque es imposible cifrarlo con palabras, deja que en un abrazo descubras que mi mundo cabe entre tus brazos, que mi corazón late y se sincroniza con el tuyo, que mi piel arde y enciende la tuya, que mis manos te recorren y reconocen suyo tu cuerpo.

Así, dejemos la ropa de lado, disfrutemos de aquellos lunares, de aquellas pecas que un día pertenecieron a otros y hoy son tuyos. Disfrutemos las huellas del tiempo, de las cicatrices, de los años y los kilos que nos dicen quiénes somos y por qué hoy estamos juntos… dejemos que nuestros cuerpos se reconozcan y demos paso al deseo y al instinto para que la noche sea nuestra, para que el placer de cada caricia cubra cada centímetro de la piel, recorra cada espacio y haga eco en las entrañas.

Hagamos el amor para sobrevivir, para revivir, para renovarnos, para creer que hay tiempo, para hacer de los pensamientos y los recuerdos una nueva historia, una historia que ha desnudado nuestras almas una y otra vez, una historia que ha secado lágrimas y compartido risas, una historia que sabe a amor…

Hagamos el amor para pertenecernos, hagamos el amor y dejemos que el mundo ruede o se detenga…