Despertar juntos

despertar juntos

La vida de pronto se convierte en ese complejo acertijo que necesita ser descifrado para avanzar, es ese reto que resulta tan simple como fluir con el día a día y tan complejo como saber qué hacer para fluir. Nuestras historias habían vivido de forma paralela, avanzando con nuestras propias vivencias, con nuestros propios y peculiares tropiezos, juntos a la distancia…

Había mañanas en las que un mensaje de buenos días resultaba suficiente para ser el aliciente que llenara de energía una jornada laboral; había tardes en las que la letra de una canción era el mensaje más preciso para compartir nuestros pensamientos; había noches en las tu voz al teléfono resultaba el mejor arrullo para un sueño reconfortante.

De manera paralela nuestras vidas continuaban, muy muy de cerca, pero de manera paralela. Había que retar al destino para robarnos del mundo, para hacer de nuestra historia una mejor versión del amor platónico que hasta ahora nos habíamos profesado. Difícil, muy difícil negociar con el tiempo y la distancia…

Lo logramos, luego de largos preparativos, de cancelaciones de última hora y de reprogramación de lugares y fechas lo logramos. Conseguimos apartarnos del mundo en un lugar alejado de nuestras historias, un lugar rodeado de naturaleza. El otoño es mi estación favorita, así que había que buscar un paisaje que tuviera los primeros rasgos otoñales para ese fin de semana que tanto trabajo nos había costado conciliar.

Encontramos el lugar preciso, una acogedora cabaña justo con lo necesario para nuestro fin de semana de ensueño: un par de sillones, una mesa de centro, una pequeña cocineta y una enorme cama. Ubicada en un lugar muy fresco, con un arroyo próximo a la cabaña, en medio de una zona boscosa con un delicioso aroma a libertad.

Llegamos poco después de mediodía, desempacamos lo poco que llevábamos y abrimos la primera botella de vino tinto, aquella que había reservado justo para ese día, esa de la que tantas veces habíamos platicado y saboreado desde la imaginación. Servimos dos vasos y salimos de la cabaña, son sentamos sobre el pasto a la sombra de un árbol sonriendo incrédulos de haber logrado huir del mundo.

¡Increíble! Escuchábamos a la distancia el correr del río, el trinar de las aves que cómplices de nuestra historia cantaban de alegría, bebíamos y platicábamos de las trivialidades que por tantos años nos han mantenido juntos a la distancia, rumiábamos historias de la aparente lejana juventud, fantaseábamos imaginando un futuro distante, brindábamos por el amor platónico que había mantenido encendida la esperanza de nuestro encuentro.

Con unas cuantas copas de vino corriendo por nuestras venas, nos tomamos de la mano y caminamos en busca de aquel río que escuchábamos a la distancia, cobijados por la sombra de los árboles, custodiados por la variedad de aves que nos acompañaban caminamos descalzos sobre el pasto hasta encontrar aquel cauce caudaloso. Caminamos por la orilla, de ratos abrazados, de ratos de la mano.

En el recorrido encontramos las primeras huellas del otoño, aquellas hojas secas que el viento a placer esparcía sobre el pasto, aquella sombra que indicaba que la tarde agonizaba. Cruzamos el río por un puente colgante y comenzamos la caminata de vuelta. Nuestra plática era inagotable, como siempre. Nuestros pensamientos estaban en calma y el deseo a flor de piel.

Al regresar a la cabaña descubrimos las primeras estrellas en el cielo, aún tenues, aún imperceptibles a los ojos de otros, pero no a los nuestros, no a nosotros que por tanto tiempo habíamos soñado dormir juntos, hacer de una noche nuestra noche. No imperceptibles para nosotros que anhelábamos el momento en el que la oscuridad de la noche cayera, el momento en el que tomados de la mano buscáramos la luna en el cielo para hacerla testigo de aquellos pensamientos que nos dedicábamos a la distancia y que esa noche habríamos de pronunciar viéndonos a los ojos.

Y al fin sucedería lo que habíamos imaginado, lo que deseábamos tanto: que la noche nos consumiera entre besos y caricias para despertar juntos…

 

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Me deseas

Me deseas cuando intentando huir de nuestros pensamientos conversamos trivialidades, cuando el discreto delineado de mi boca atrapa tu mirada mientras la humedad de mi lengua recorre sutilmente mis labios. Me deseas porque imaginas que en el movimiento natural de mis labios al hablar te devora, que no son mis palabras las que te conquistan, sino los besos que estas callan.

Me deseas como se apetece aquello que se supone propio, imaginando el sabor de mis besos, el olor de mi piel… como aquello que se anhela como un trofeo merecido y ganado por circunstancias de la vida, ganado con un esfuerzo de cortesía y galantería que juegan al amor. Me deseas fantaseándome tuya en aquellas noches en las que nos despedimos de la fantasía y nos sumergimos en la realidad, en aquella despedida cálida a la distancia que se queda haciendo eco en tus pensamientos.

Y entonces me imaginas frente a ti, viéndome jugar con mi cabello un poco nerviosa, un poco queriendo que tu mirada me siga, que tu mirada perdida en mis ojos lea mis pensamientos, sugiriendo un abrazo que nos acerque tanto como sea posible, un abrazo donde se sienta el acelerado latir de los corazones para que después, comiences a besar mi cuello mientras mis manos se sujetan con fuerza a tu espalda.

Imaginas con deseo cómo la textura de mi blusa de te invita a que la toques, a que sientas que la tibieza de mi piel traspasa la ropa para que con delicadeza y prontitud la hagas desaparecer en segundos. En un recorrido visual avanzas desde mi mirada, bajando hacia mi boca, saboreando mis hombros hasta que tu lengua se acerque a recorrerme mientras tus manos ansiosas me toman por la cintura.

Me deseas porque reto tu fantasía, porque en mí encuentras a esa mujer inexplicable, porque imaginas una piel tersa cuando lo que existe es una piel cubierta de historias, miedos y cicatrices (algunas visibles y otras profundas); porque imaginas un cuerpo ardiente en pasión, cuando lo que existe es un cuerpo tibio en busca de un tierno cobijo. Me deseas porque me supones una mujer seductora y atractiva capaz de volverte loco entre besos y caricias, cuando en realidad subastaría todos esos besos y caricias a cambio de un amor de verdad.

Y mi voz te provoca. Y aquella imagen que celoso guardas de mi sonrisa te inquieta. Y la distancia te reta. Y me deseas porque esa sensación te hace suponerte capaz de conquistar la piel y el corazón de una Mujer muy Azul, capaz de seducir a aquella que en tu imaginario se dibuja como una mujer fascinante y seductora, inteligente y apasionada. Me deseas como un reto, como una aventura que luego de la conquista podría ser solo una más de tus historias.

Me deseas sin imaginar siquiera la realidad que encontrarás en el instante en el que tus labios saboreen aquel primer beso en la intimidad, sin saber los demonios que despertarán en el instante en el que cierre los ojos para entregarme al momento íntimo que hemos imaginado y sintiendo cómo tus labios devoran los míos, cómo tu lengua acaricia la mía… Me deseas sin imaginar que soy más que fuego ardiendo debajo de mi ropa, que soy más que una piel ansiosa por sentir tus manos recorrerme, más que un mundo de historias de fantasía necesitadas de un protagonista, soy más que la historia en una cama…

Me deseas sin imaginar los demonios del amor que viven dentro de una mujer como yo, sin dimensionar siquiera el cielo que promete la intimidad con una mujer Muy Azul, sin saber la dulzura que puedo entregarte en un beso, al final, exhausta, después de hacer el amor…