Cosas malas

cosas malas

Lo reconozco, me encanta hacer cosas malas, de esas que asustan a las buenas conciencias, esas que pueden condenarme al fuego eterno, esas que se hacen sin que nadie se entere pero que cualquiera se imagina, esas que se saborean con todos los sentidos, que hacen eterno un instante, que permiten acariciar el cielo en medio del calor del infierno.

Mi locura e imperfección me permiten hacer cosas malas, cerrar los ojos al mundo moral del deber ser, huir a un delicioso mundo de locura, ese que se abre cuando un trago nos convoca y nuestros labios se encuentran, cuando nuestras miradas se reconocen y el deseo se enciende.

Que delicia, perdernos en ese beso, hacer inagotable la conversación de nuestras lenguas, hacer intensa la poesía que escribe con  las caricias de tus manos recorriendo mi cuerpo. Que rico es hacer eternos los minutos para que nuestros cuerpos desnudos se encuentren bajo las sábanas y hagan magia por una noche, acariciando las estrellas, jugando en el cielo.

Así, el destino nos ha dejado abierta la puerta de la fantasía, ha hecho coincidir nuestros tiempos y nos ha permitido jugar con las agendas públicas y disfrutar la agenda privada que programa nuestros encuentros, que nos regala una noche de vez en vez para pertenecernos, para hacer nuestra la realidad  como la más exquisita fantasía.

Esta noche por ejemplo, en ese abrazo de bienvenida, reconfortaste mis pensamientos buenos, los más nobles y pacíficos, al tiempo que despertaste el deseo de hacer cosas malas, de querer apresurar el tiempo para perderme en las sensaciones de tu boca devorando mi piel, encendiste el calor ardiente que consume mis entrañas mientras tu lengua recorre pausadamente mi cuello, mis hombros, mi pecho y mis senos, ese calor que me consume en el infierno condenada por los buenos juicios.

Y entonces me pregunto, ¿Cómo le hacen los buenos para sobrellevar la hostilidad de la vida sin hacer cosas malas? ¿Cómo le hacen los buenos para acatar el deber ser de la moralidad que describe algo tan bueno como malo?

Y así, esta noche, como siempre, disfrutamos entre tragos y risas el excitante camino a la cama. Brindamos por el presente y en ese primer trago comenzamos a desnudar los pensamientos. Nos abrazamos recostados sobre el sillón y conversábamos de esas trivialidades que nos unen, de esas historias que nos construyen. Acariciabas suave y delicadamente mi cuerpo, jugabas con tus manos sobre mi pecho, apretabas mi cintura y mis caderas, mordisqueabas mis orejas.

Silenciamos las palabras, dejamos que nuestras manos narraran los instintos. Simultáneamente fuimos desvistiendo nuestros cuerpos, cubriendo con besos la piel que quedaba al descubierto, sin pisa, con una sonrisa en el rostro que nos hacía cómplices de la travesura.

Mi estrategia fue certera, el camino fue correcto y la cadencia precisa. Conquisté tu piel, conseguí llegar a tu abdomen y avanzar hasta devorarte de a poco, retando tu cordura, incitando tu locura, procurando tu placer. Mi lengua te recorría lentamente, mis labios te abrazaban con delicadeza, la humedad de mi boca te inundaba y el calor de mi aliento te consumía.

Y, lo sé, estoy loca, me fascinan las cosas malas, sobre todo, esas que los buenos creen que son muy malas. Mi locura e imperfección prefieren  la condena que me imponen los  buenos, que la infelicidad de mis días. Tengo la certeza que la infelicidad nace en la moralidad del deber ser, la infelicidad es peor infierno en vida, que aquel en el que algunos me quisieran ver arder por mala.

Lo reconozco, hago cosas malas y las disfruto como si fueran buenas, quizá porque aquello que parece malo, es lo mejor, lo que el mundo necesita más: amar.

 

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A ojos cerrados

Sin duda el placer del sexo con amor es el mejor paliativo para abstraerse del mundo cotidiano, caótico y absorbente. Tener tiempo de dejarse consentir, buscarse tiempo para disfrutar el amor es siempre un aliciente que relaja el cuerpo y la mente para lidiar con el día a día. Así, justo así respondiendo a tu llamada, sin un plan preciso en mente, con un mundo de cosas por comentar, con deseo expreso de disfrutarnos.

Llegaste por mí, aún sin destino claro, comenzamos a desahogar en el auto el sinfín de historias acumuladas, pasamos por víveres que nos duraran la noche y de manera tácita los dos acordamos un plan perfecto para nuestra noche. Regresamos al auto con una botella de vino, botanas y muchas, muchas ganas de hacer eternas las horas que estaríamos juntos.

Llegamos, nos besamos en el auto, enfatizando aquel plan sobreentendido que habíamos acordado minutos antes. Entramos a la habitación, nos abrazamos por varios minutos, en silencio, a media luz, sólo abrazados, sintiendo nuestros cuerpos vibrar, comunicándose todo aquello que pasaba por nuestros pensamientos, jugaste un poco con mi cabello para dejar al descubierto mi cuello y besarlo sutilmente.

Abriste la botella de vino, serviste para los dos, bebimos un trago para brindar por la ocasión y dejamos las copas sobre la mesa. Nos quitamos los zapatos y nos sentamos en el sillón. Con un beso iniciamos la conversación de nuestros instintos, ese beso decía sin palabras lo delicioso que era estar ahí, con una larga noche por delante, con nuestra experiencia y mundo dispuestos una vez más para la ocasión.

Me recosté sobre tus piernas, comenzaste a acariciar mi cabeza, a jugar con mi cabello, cerré los ojos concentrándome en esa delicada sensación que equilibraba el deseo y la pasión, con la paz y la serenidad de una caricia que nos conectaba. Comenzaste a hablarme de tu mundo, del trabajo, de la vida, esa charla que no importa si es por teléfono, en el auto o desnudos sobre la cama después del amor, pero es esa charla que nos conecta siempre.

Te escuchaba atenta, continuaba con los ojos cerrados, te respondía y conversábamos. Tomaste tu copa de vino y bebiste otro trago, humedeciste la yema de tu dedo índice con un poco de vino y recorriste mis labios, una sonrisa espontanea te agradeció esa deliciosa sensación. Jugué con mi lengua y el vino en mis labios y en el juego dejaste caer un par de gotas más en la comisura de mi boca, besé tu dedo, mi lengua sedienta recorría tu mano en busca de más vino, en busca de un beso…

No quería abrir los ojos, en verdad era una sensación deliciosa, ahí, recostada sobre tus piernas, concentrada en tu monólogo, en tus manos: tu voz desahogando un sinfín de temas pendientes, una de tus manos jugando con mi cabello y otra, muy inquieta, dibujando sobre mi ropa aquellos trazos que conectaban todas las sensaciones de deseo que recorrían mi cuerpo.

Dejabas que mi lengua humedeciera las yemas de tus dedos, dejabas que, desde mis pensamientos, esos que sabes leer por demás, comenzara a seducirte, a proponerte el recorrido de tus manos, a sugerirte que la ropa fuera menos y las caricias más… así, aún estuvimos varios minutos sobre el sillón, yo a ojos cerrados, disfrutando esa conexión de nuestros pensamientos, de nuestros deseos, haciendo que la sensación paz y deseo que habitaban a en mí, pelearan a duelo para hacer prevalecer a quien venciera.

Quería seguir ahí, recostada, sintiendo tus dedos entre mi cabello, a ojos cerrados, deteniendo el tiempo, haciendo el amor en la conversación, en la compañía, en el sabor a vino de las yemas de tus dedos, en el silencio que de momentos decía todo, en aquellos besos inocentes con los que pausabas tu conversación.

El deseo y la pasión vencieron en el duelo, dejando la paz momentáneamente fuera de combate, nos besamos y en ese beso poco a poco la ropa quedó tirada dejando huella de nuestro camino hacia la cama. Hicimos el amor en el sexo tantas veces como nos duró la noche, acariciamos el cielo en las sensaciones más plenas, contamos estrellas con una sonrisa dibujada en nuestro rostro, una sonrisa de esas que dicen más que mil palabras…

Luego, la paz regresó y a ojos cerrados soñamos juntos, dormimos abrazados desnudos bajo las sábanas, soñando que el mundo que esa noche construimos, era real… pero no, otro mundo nos aguardaba afuera… y era tiempo de volver a él…

Te quiero…

Piénsame

PIENSAME

Piénsame con aquella sonrisa inocente de cuando nos conocimos, recuerda el brillo de mis ojos enmarcado por las pecas que el sol hacía resaltar aquellos días, imagina mi caminar cuando me observabas alejarme de ti, caminando sobre el pasto, perderme a la distancia, sonríe con mi recuerdo y cierra los ojos para evocar el olor de mi piel, el sabor de mis besos, lo cálido de mi aliento  sobre tu pecho.

Así será, sólo un recuerdo, solo aquella historia que el destino nos prestó para sabernos vivos, solo aquella aventura que con la que desafiamos al mundo y la realidad… Y la vida sigue, y seguirá como siempre, con los que están, con los que se quedan, con los que nos encontraremos más adelante en el camino, con los que serán recuerdo y nostalgia, con los que serán ilusión y esperanza.

Piénsame, no olvides aquel primer beso robado a la realidad, aquel primer trago compartido en nombre de la celebración casual, aquella caricia donde tus manos recorrieron por primera vez mi espalda. No olvides el color de mis ojos y ni el delineado de mis labios, la sensación de mis manos recorrerte, la humedad de mi lengua sobre tu piel, el tono sutil de mi voz en tu oído mientras hacíamos el amor. No me olvides.

Haz el recuento de aquellas charlas sin prisa compartiendo el día a día, rememora mi voz acelerada y ansiosa por decirte un sinfín de aventuras, guarda en tu memoria mi sonrisa mientras platicábamos. Recuerda mis hermosas piernas que atrapaban tus miradas y despertaban tu imaginación, mis hombros y mi cuello que desde lo simple te invitaban a la seducción.

Piénsame, piensa en aquella primera vez que hicimos el amor, aquella noche en la que tus brazos me cobijaron mientras tus pensamientos me desnudaban, aquella noche en el que el roce de nuestros cuerpos encendía el más ardiente deseo por pertenecernos, aquellas sensaciones de mis labios recorriéndote, de mis labios devorándote. No olvides la paz que se respiraba sobre aquella cama exhaustos después de consumirnos el placer.

Guárdame en la memoria del corazón, esa que es selectiva y exclusiva, ahí donde nadie jamás pueda vulnerar mi recuerdo, ahí donde ni el tiempo ni tus nuevas historias puedan borrarme. Guárdame en ese lugar en el que con sólo cerrar los ojos puedas verme, en ese lugar de donde pueda salir cuando una canción me llame, ahí donde alguna noche de soledad puedas encontrarme para acompañarte a la distancia, para decirme que aún me quieres…

Piensa en mí, en que quizá no era nuestro tiempo, no era nuestra historia, pero ten la certeza de que sí fue nuestro amor, que en cada beso y cada caricia saboreabas un pedacito de mi alma; que en el placer compartido en el sexo, hacíamos el amor, lo hacíamos con los ingredientes ideales para disfrutar no únicamente de las sensaciones físicas que de sobra se desbordaban en nuestros cuerpos, sino en la plenitud de una entrega total, de un placer genuino.

Piénsame, no me olvides. Mujeres mejor que yo, algunas; peores que yo, muchas; pero una mujer como yo, jamás encontrarás en tu vida. Una mujer que bese con la mirada, que haga el amor con la escritura, que sonría con el tono de voz, jamás…

No me olvides…

Nuestro tiempo…

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Nos hacía falta un tiempo para nosotros, un tiempo para reinventar el amor tomados de la mano, un tiempo para detener el mundo y vivir nuestra historia. Necesitábamos dejar en pausa a los otros para disfrutarnos. Era una tarde nublada, oscura y con amenaza de lluvia. Pasé por ti y tenía tanto qué platicarte que decidimos hacer una escala en un parque cercano a tu trabajo para conversar mientras disfrutábamos un helado. Sí, justo así, como novios juveniles ignorando nuestra veteranía.

Platicamos más de una hora, bueno, desahogué en un monólogo todo lo que daba vueltas en mi cabeza, te platiqué una y otra vez ese recurrente tema que vulnera mi paz y me ancla a un pasado absurdo, a un pasado estigmatizado como erróneo. Lloré, secaste mis lágrimas con tus besos, escuchaste atentamente mis sinsentidos y diste palabras que intentaban reconfortar mi corazón frágil de esos momentos.

Nos abrazamos por varios minutos, era deliciosa esa cercanía, la tibieza de nuestros cuerpos contra el viento frío y las primeras gotas de lluvia que caían sobre nosotros. Tomados de la mano, caminamos al auto para continuar con nuestro plan esa tarde. Buscamos la sede más cercana para disfrutar de nuestro amor furtivo en donde saborearíamos aquella botella de vino tinto que habíamos reservado tiempo atrás par un día como este.

Nos merecíamos una tarde así, esas copas de vino compartidas, aquellos besos interminables, la paz de disfrutarnos recostados sobre la cama, el silencio que de momentos parecía arrullarnos para dormir unos minutos. Era delicioso estar entre tus brazos mientras escuchábamos el playlist que creé para la esa tarde, un poco de nostalgia, un poco de jazz para la seducción, un poco de historias en la letra de algunas canciones.
Descansamos, disfrutamos esa tranquilidad… Luego, cuando el sueño profundo estaba a punto de vencerte, comencé a besar tus labios, a hablarte al oído y a desabotonar tu camisa. Tu discreta sonrisa me hizo dudar si estabas poniendo resistencia o accedías a mi intento de seducción, asumí lo segundo y continué.

Desabotoné tu camisa y me deshice de ella para dejar tu espalda y torso desnudo. Te recosté boca abajo y con un aceite con un aroma dulce, comencé a recorrer con las yemas de mis dedos tu espalda, era una sensación excitante la que describían los trazos de mis dedos sobre tu piel. De momentos, me acercaba para que sintieras mis labios y la tibieza de mi aliento. Te hablaba al oído mordisqueando tu oreja.
Recorrí tu espalda, tus hombros, tus brazos, tus manos con un poco de aceite que dejaba impregnado sobre tu piel un aroma estimulante, una sensación deliciosa. En algún momento, volteaste para quedar boca arriba, me acerqué a tus labios para besarte. ¡Qué beso! de esos que decían todo, todo lo que pensábamos, todo lo que sentíamos, todo lo que ansiábamos, todo lo que deseábamos.

Continúe con mi aceite, con mis manos, con mis labios… con sutileza y discreción, desabotoné tu pantalón, lo suficiente para poder bajarlo solo un poco, para continuar con mi recorrido por tu abdomen, por tu cintura, avanzando muy despacio hacia tus ingles. En instantes tu pantalón desapareció, así que continué mi recorrido por tus muslos, bajé lentamente mientras disfrutabas la sensación de mis manos aceitosas contra tu piel, masajeaba suavemente, retando tu cordura. Resistías y disfrutabas mi recorrido, estabas al borde de la locura, extasiado y ansioso de besarme, de sentirme…

Besé cada centímetro de tu piel, te recorrí con las yemas de mis dedos deslizándose seductoramente con la sensación del aceite impregnado en tu piel. Vestida, con mi atuendo completo, únicamente sin zapatos, te tuve desnudo y dispuesto para mí. Te hice disfrutar con el roce de mis manos, con la humedad de mi lengua, con el hambre de mis labios, con la dulzura de mis palabras.

Te disfruté en cada sensación y después, te cedí la estafeta para que continuaras haciendo inolvidable nuestra tarde…

Es extraño…

Te conocí de una manera tan casual, nuestro saludo fue frío y distante, compartiendo temporalmente un espacio que nos resultaba ajeno, conversando trivialidades con la intención de construir una plática amable, viendo un hermoso paisaje en un cálido ambiente. Es extraño, pero una casualidad se convirtió en ese algo más que muy ocasionalmente sucede en mi realidad y que parece más historia de fantasía para mis relatos.

El escenario habría sido perfecto para despertar juntos, caminar tomados de la mano, sintiendo cómo los rayos del sol hacían brillar mi sonrisa mientras en un beso te perdías en mi mirada; habría habido tiempo para uno o varios tragos compartidos entre besos y caricias; habría sido propicia la noche para dormir bajo las estrellas custodiados por la luna.

Es extraño, esas escenas impensables en ese momento que ahora parecen tan fáciles de imaginar; es extraño que sonría con tus mensajes y que me disfrute tu presencia. Es extraño que la cercanía nos aleje y la distancia nos acerque, que estando frente a frente el mundo nos limite y nos convierta en aquellos personajes de un guión estudiado y que en lo furtivo nuestros labios se entiendan sin palabras.

Y solo un instante de cordura ha permitido que no cometa una locura, solo un poco de cordura me ancla a la realidad para no avanzar a la deriva, un poco de cordura se aferra a creer esto una fantasía con la conciencia de que estás fuera de la realidad. Y es que es más fácil huir de la realidad compartiendo sinsentidos en medio de tragos apresurados, que besarte y perderme en el sabor de tus labios, y es que es más simple hablarte de cualquier cosa controlando el movimiento de mis manos para no acercarme para acariciar con las yemas de mis dedos tus labios mientras me observas.

Y es un mundo extraño en que inventas con tu presencia, es un mundo insólito que me tiene a la expectativa de tu historia, de tu mundo y tus porqués. Es una realidad que solo cabe aquí, que solo es un relato de fantasía convertido en un Momento Azul, que es una extraña coincidencia de la vida para sabernos vivos, sentir y retroceder y ocupar el lugar del espectador en esta historia inventada.

Y es ese juego de la vida, que pone en el mismo nombre el acierto y el error; la alegría y la desdicha; la realidad y la fantasía. Ese juego que parece un rompecabezas sin tener todas las piezas, que pasa del divertirnos con el juego a convertirnos en juguete. Es una apuesta muy alta, con unas cartas sin juego, en donde la suerte, el azar son los que mandan, la suerte de tener tiempo, el azar de coincidir para un beso.

Y es ese juego que me hace al mismo tiempo, segura de mis encantos y vulnerable de mis sentimientos; ese juego que disfruta convertirme en una mujer deseada que quisiera ser una amada; ese juego que por instantes de hace más mío que de otros y luego me convierte en más tuya que de mi mundo.

¿En qué momento? ¿En qué momento este extraño juego se metió en mi cabeza? ¿En qué momento tu cortesía fue un anzuelo que atrapó mi curiosidad? ¿En qué momento la casualidad nos ubico en el mismo lugar tan naturales, tan auténticos, tan nosotros? Nunca una cita pactada nos habría permitido conocernos así.

Es extraño lo que sé de ti, es predecible lo que desconozco de tu vida. Es extraño que un mensaje me haga sonreír y de momentos el reloj parezca detenerse ante tu silencio… Es extraño que mis pensamientos de momentos me hagan rehén de una historia de amor y que la realidad me ubique en una historia de deseo… Es extraño que tu voz sea un bálsamo en mi día, que tu saludo frío y distante de aquella primera vez, hoy se convierta en el mejor pretexto para mi sonrisa.

Es extraño… pero no es extraño que tenga que escribir para huir una vez más de la realidad convenciéndome de que esto es solo fantasía…

Podría enamorarte

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Podría enamorarte pero no, si te enamoro sabrías que soy más de lo que ves, más de lo que has imaginado en esas noches en las que nos despedimos de manera cordial y a la distancia, si te enamoro sabrías que mi sonrisa es un pedacito de alma que te entrego cuando disfrutamos las tardes compartidas, sabrías que mi mirada es transparente y franca cuando me observas fijamente queriendo encontrar algo más.

Podría enamorarte, créeme, no necesito hacer mucho, solo ser yo, sólo recostarme en tus brazos mientras te cuento mi día a día, mientras se escapan un par de lágrimas provocadas los recuerdos que te comparto, mientras rio sutilmente por un chiste mal contado o me altero queriéndome meter al campo de juego desde la televisión cuando disfruto el futbol.

Podría, pero no… eso sería tanto como internarme en tus pensamientos y robarte el sueño, sería tanto como esperar que sonrías cuando recibas una señal de mi parte, sería como suponer que ansías un encuentro conmigo que nos convoque compartir un café y sugerir el amor.

No soy una mujer fácil, en ninguno de los sentidos que esta palabra tenga. No busco aventuras ocasionales que den historias para mis relatos. No soy una mujer fácil porque entenderme es más complejo de lo que muchos imaginarían, de lo que pocos se han atrevido siquiera intentar. No soy una mujer fácil pero sé mis encantos, sé mis historias, sé seducir con la mirada y conquistar con los labios.

Sé seducir, conquistar, enamorar, sé AMAR. Podría hacerme necesaria en tu vida, que necesites un beso de buenos días que te dé ánimos para un día rutinario, que necesites un mensaje de media mañana que te abstraiga de lo cotidiano y me coloque en tu mente para que sonrías imaginándome, que requieras una llamada por la tarde compartiendo simplezas e insinuando el próximo encuentro.

Enamorarte es lograr que cierres los ojos y me encuentres en tus pensamientos, enamorarte es lograr me busques en tus sueños y despiertes imaginando el sabor de mis besos, enamorarte es proponerte un café que se disfrute en tus labios, es robarle el tiempo al mundo para un encuentro furtivo, es incitar el deseo de tenerme entre tus brazos desnuda en cuerpo y alma para cumplir tus fantasías.

No es difícil enamorarte, es tan sencillo como dar rienda suelta a mi esencia, como sonreír y hablar desnudando mi alma; tan simple como jugar con mi pelo mientras tu mirada se pierde en mis labios cuando acelerada te comparto mis aventuras del día; tan simple como tomarte de la mano y entrelazar nuestros dedos solo para saberte cerca.

Podría enamorarte, créeme, podría… pero eso significaría soltar a mis demonios, vivir mis pasiones y eso, eso, normalmente asusta… asusta a un hombre que no sabe qué hacer con los demonios del amor que viven en una mujer como yo…

Escribir(te)…

Muchas veces es necesario rescribir la realidad, la vida es como ese libro que un escritor tiene como su mejor proyecto y de tanta perfección que busca para él, a veces se queda con hojas en borrador, con la intención de volver a escribirlas, hojas que fueron escritas en desorden y quedó pendiente la corrección, un día que hubiera más tiempo, un día que las ideas fueran más claras. Son también aquellas hojas escritas con ortografía y sintaxis impecable que relatan escenas de ensueño, descritas de forma tan vívida que es imposible no imaginarlas. A veces también tiene hojas en blanco que, tanto que se quiere decir, las palabras resultan insuficientes para cifrar aquella historia.

Y qué ganas de seguir escribiendo hasta que la historia parezca real, hasta que el mundo que invente al fin tenga el sabor de tus labios y el olor de tu piel, hasta que tus brazos cobijen mis miedos y me escondan de las tristezas, hasta que el deseo ardiente se desborde de la cama y nos consuma en cada caricia.

Y escribir es inventarte, es aceptar el juego de la vida donde nos acerca y nos separa a su capricho, es buscar tu voz en un mundo virtual, es buscar tu sonrisa en una imagen estática, es añorar el roce de tus manos que recorra mi cuerpo cuando solo son las sábanas las cubren mi piel. Escribir para hablarte a la distancia, es lograr que el eco de mis pensamientos llegue hasta tu oído y mi voz se interne en tu mente y me sepas tuya.

Y este libro, esta vida, me hace rehén de mis pensamientos, me hace libre de los prejuicios, me hace más tuya que de mi mundo, me hace Azul en un sinfín de matices que me llevan de ese tono que evoca tranquilidad, a una Azul que te acerca al cielo, a un tono azul profundo que te invite a perderte conmigo una noche cobijados solo por la luz de la luna.

Escribir es hilar palabras con un poco de sentido que expliquen esta locura, es hurgar en el alma para ofrecerte aquello que pueda conquistarte con palabras, enamorarte con historias, seducirte con la sugerencia que despierte tu imaginación. Es escribir para que mis palabras se conviertan en besos y recorran tu piel mientras escuchas mi voz, mientras imaginas que las palabras que lees las pronuncian mis labios.

Es ese intento de un escritor, por hacer a través de la historia que cuenta, la historia de otros, el testimonio que encierra verdad y fantasía, que invita a cambiar el nombre del protagonista para reconocerse en él, que abre la imaginación para ser un personaje más de la historia: protagonista, incidental o referenciado, pero reconocerse en la historia que lee, encontrarse entre líneas.

Escribir es una obstinación por cambiar la realidad, por tener un guión de la historia que quiero contigo, es gritarte a la distancia que cierro los ojos y te pienso y guardo en mi mente la frase que dé pauta al siguiente relato; que escucho tu voz y guardo en la memoria del corazón las sensaciones que despiertas para evocarlas cuando estoy frente a mi computadora para escribir(te).

Y escribiré retando a la realidad, retando al destino… escribiré pensando que me lees y me sabes tuya, que me lees y quisieras estar aquí y no allá…