Despertar juntos

despertar juntos

La vida de pronto se convierte en ese complejo acertijo que necesita ser descifrado para avanzar, es ese reto que resulta tan simple como fluir con el día a día y tan complejo como saber qué hacer para fluir. Nuestras historias habían vivido de forma paralela, avanzando con nuestras propias vivencias, con nuestros propios y peculiares tropiezos, juntos a la distancia…

Había mañanas en las que un mensaje de buenos días resultaba suficiente para ser el aliciente que llenara de energía una jornada laboral; había tardes en las que la letra de una canción era el mensaje más preciso para compartir nuestros pensamientos; había noches en las tu voz al teléfono resultaba el mejor arrullo para un sueño reconfortante.

De manera paralela nuestras vidas continuaban, muy muy de cerca, pero de manera paralela. Había que retar al destino para robarnos del mundo, para hacer de nuestra historia una mejor versión del amor platónico que hasta ahora nos habíamos profesado. Difícil, muy difícil negociar con el tiempo y la distancia…

Lo logramos, luego de largos preparativos, de cancelaciones de última hora y de reprogramación de lugares y fechas lo logramos. Conseguimos apartarnos del mundo en un lugar alejado de nuestras historias, un lugar rodeado de naturaleza. El otoño es mi estación favorita, así que había que buscar un paisaje que tuviera los primeros rasgos otoñales para ese fin de semana que tanto trabajo nos había costado conciliar.

Encontramos el lugar preciso, una acogedora cabaña justo con lo necesario para nuestro fin de semana de ensueño: un par de sillones, una mesa de centro, una pequeña cocineta y una enorme cama. Ubicada en un lugar muy fresco, con un arroyo próximo a la cabaña, en medio de una zona boscosa con un delicioso aroma a libertad.

Llegamos poco después de mediodía, desempacamos lo poco que llevábamos y abrimos la primera botella de vino tinto, aquella que había reservado justo para ese día, esa de la que tantas veces habíamos platicado y saboreado desde la imaginación. Servimos dos vasos y salimos de la cabaña, son sentamos sobre el pasto a la sombra de un árbol sonriendo incrédulos de haber logrado huir del mundo.

¡Increíble! Escuchábamos a la distancia el correr del río, el trinar de las aves que cómplices de nuestra historia cantaban de alegría, bebíamos y platicábamos de las trivialidades que por tantos años nos han mantenido juntos a la distancia, rumiábamos historias de la aparente lejana juventud, fantaseábamos imaginando un futuro distante, brindábamos por el amor platónico que había mantenido encendida la esperanza de nuestro encuentro.

Con unas cuantas copas de vino corriendo por nuestras venas, nos tomamos de la mano y caminamos en busca de aquel río que escuchábamos a la distancia, cobijados por la sombra de los árboles, custodiados por la variedad de aves que nos acompañaban caminamos descalzos sobre el pasto hasta encontrar aquel cauce caudaloso. Caminamos por la orilla, de ratos abrazados, de ratos de la mano.

En el recorrido encontramos las primeras huellas del otoño, aquellas hojas secas que el viento a placer esparcía sobre el pasto, aquella sombra que indicaba que la tarde agonizaba. Cruzamos el río por un puente colgante y comenzamos la caminata de vuelta. Nuestra plática era inagotable, como siempre. Nuestros pensamientos estaban en calma y el deseo a flor de piel.

Al regresar a la cabaña descubrimos las primeras estrellas en el cielo, aún tenues, aún imperceptibles a los ojos de otros, pero no a los nuestros, no a nosotros que por tanto tiempo habíamos soñado dormir juntos, hacer de una noche nuestra noche. No imperceptibles para nosotros que anhelábamos el momento en el que la oscuridad de la noche cayera, el momento en el que tomados de la mano buscáramos la luna en el cielo para hacerla testigo de aquellos pensamientos que nos dedicábamos a la distancia y que esa noche habríamos de pronunciar viéndonos a los ojos.

Y al fin sucedería lo que habíamos imaginado, lo que deseábamos tanto: que la noche nos consumiera entre besos y caricias para despertar juntos…

 

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Es extraño…

Te conocí de una manera tan casual, nuestro saludo fue frío y distante, compartiendo temporalmente un espacio que nos resultaba ajeno, conversando trivialidades con la intención de construir una plática amable, viendo un hermoso paisaje en un cálido ambiente. Es extraño, pero una casualidad se convirtió en ese algo más que muy ocasionalmente sucede en mi realidad y que parece más historia de fantasía para mis relatos.

El escenario habría sido perfecto para despertar juntos, caminar tomados de la mano, sintiendo cómo los rayos del sol hacían brillar mi sonrisa mientras en un beso te perdías en mi mirada; habría habido tiempo para uno o varios tragos compartidos entre besos y caricias; habría sido propicia la noche para dormir bajo las estrellas custodiados por la luna.

Es extraño, esas escenas impensables en ese momento que ahora parecen tan fáciles de imaginar; es extraño que sonría con tus mensajes y que me disfrute tu presencia. Es extraño que la cercanía nos aleje y la distancia nos acerque, que estando frente a frente el mundo nos limite y nos convierta en aquellos personajes de un guión estudiado y que en lo furtivo nuestros labios se entiendan sin palabras.

Y solo un instante de cordura ha permitido que no cometa una locura, solo un poco de cordura me ancla a la realidad para no avanzar a la deriva, un poco de cordura se aferra a creer esto una fantasía con la conciencia de que estás fuera de la realidad. Y es que es más fácil huir de la realidad compartiendo sinsentidos en medio de tragos apresurados, que besarte y perderme en el sabor de tus labios, y es que es más simple hablarte de cualquier cosa controlando el movimiento de mis manos para no acercarme para acariciar con las yemas de mis dedos tus labios mientras me observas.

Y es un mundo extraño en que inventas con tu presencia, es un mundo insólito que me tiene a la expectativa de tu historia, de tu mundo y tus porqués. Es una realidad que solo cabe aquí, que solo es un relato de fantasía convertido en un Momento Azul, que es una extraña coincidencia de la vida para sabernos vivos, sentir y retroceder y ocupar el lugar del espectador en esta historia inventada.

Y es ese juego de la vida, que pone en el mismo nombre el acierto y el error; la alegría y la desdicha; la realidad y la fantasía. Ese juego que parece un rompecabezas sin tener todas las piezas, que pasa del divertirnos con el juego a convertirnos en juguete. Es una apuesta muy alta, con unas cartas sin juego, en donde la suerte, el azar son los que mandan, la suerte de tener tiempo, el azar de coincidir para un beso.

Y es ese juego que me hace al mismo tiempo, segura de mis encantos y vulnerable de mis sentimientos; ese juego que disfruta convertirme en una mujer deseada que quisiera ser una amada; ese juego que por instantes de hace más mío que de otros y luego me convierte en más tuya que de mi mundo.

¿En qué momento? ¿En qué momento este extraño juego se metió en mi cabeza? ¿En qué momento tu cortesía fue un anzuelo que atrapó mi curiosidad? ¿En qué momento la casualidad nos ubico en el mismo lugar tan naturales, tan auténticos, tan nosotros? Nunca una cita pactada nos habría permitido conocernos así.

Es extraño lo que sé de ti, es predecible lo que desconozco de tu vida. Es extraño que un mensaje me haga sonreír y de momentos el reloj parezca detenerse ante tu silencio… Es extraño que mis pensamientos de momentos me hagan rehén de una historia de amor y que la realidad me ubique en una historia de deseo… Es extraño que tu voz sea un bálsamo en mi día, que tu saludo frío y distante de aquella primera vez, hoy se convierta en el mejor pretexto para mi sonrisa.

Es extraño… pero no es extraño que tenga que escribir para huir una vez más de la realidad convenciéndome de que esto es solo fantasía…

Te quiero…

Tan cierto es aquello que los amores verdaderos sobreviven al tiempo únicamente convirtiéndose en platónicos, que hoy eso eres para mí. Tan cierto es aquello de que parece que el amor, al menos el amor como el nuestro, existe únicamente en los libros y la poesía, que leo y escribo para amarte… Tan cierto es, que cuando te digo que te quiero, significa que quiero despertar contigo y ver la sonrisa de la luna creciente que nos saluda antes del amanecer cuando aún estamos recostados.

Te quiero como para que entiendas lo que pasa por mi mente cuando nuestras miradas en silencio se encuentren y que en un abrazo reconfortes aquello que solo tú entenderías. Te quiero como para que peleemos por la política y nos reconciliemos con la poesía, te quiero como para que recostados en el pasto al anochecer veamos las estrellas y busquemos a nuestros ángeles en el cielo y les compartamos lo delicioso que es detener el tiempo cuando nos tomamos de la mano.

Te quiero como para que al final del día me digas qué fue lo mejor o peor de tu jornada y en una noche cualquiera, juguemos a reconquistarnos compartiendo una botella de vino, viendo fotos del pasado, riendo y secando lágrimas de melancolía, hasta que sin saber cómo nuestra cama nos llame y terminemos haciendo el amor con la misma pasión que la primera vez.

Te quiero como para que avales mis locuras con una sonrisa compasiva, como para que seas cómplice de aquello que el mundo (mi mundo) considera impropio o arriesgado. Te quiero como para que tomados de la mano caminemos juntos sobre hojas secas en otoño o viendo el reverdecer de los árboles en primavera.

Te quiero porque necesito imaginar que quizá en otra vida, la historia será diferente, que tal vez un día nos reconoceremos en otras condiciones y nuestras almas se abrazarán. Entonces, el amor que solo en la mirada se expresa, se comunicará y la historia será diferente. Nos abrazaremos tan fuerte que nadie ni nada podrá separarnos, que nuestros cuerpos se pertenecerán desde el primer roce.

Huiremos en ese instante, comenzaremos a escribir una nueva historia, crearemos un nuevo mundo, donde el amor guíe el día a día, donde, en una tarde lluviosa, mientras yo escribo locuras en mi computadora, tú llegues con una taza café caliente y con un beso en el cuello, me digas que me amas y el brillo en tus ojos certifiquen la veracidad de tus palabras.

En ese nuevo mundo seré esa mujer que admiras, esa mujer inteligente, apasionada, sensual y erótica que te conquiste cada día, cada noche, con mi conversación, con mis besos, con el caminar que me acerque a ti para darte las buenas noches, con las noches de sexo complaciente que nos haga explotar en placer una y otra vez.

Entonces, te seguiré queriendo, y el tiempo parecerá eterno, el tiempo parecerá detenerse en cada beso, en cada caricia, en ese instante de placer que en la cama proclama momentos efímeros como eternos. La vida pasará sin prisas, sin que el mundo juzgue ni nosotros añoremos mejores tiempos, la vida hará eternos los instantes en los que la felicidad ahora pasa como agua entre las manos, los momentos en los que el eco de nuestra risa se graba en el corazón, los minutos en los que a ojos cerrados evoquemos las palabras que tanto hemos pronunciado entre lágrimas.

Te quiero como se quiere aquello que parece imposible, como se quiere aquello que se imagina tan real que da esperanza, que inyecta de ilusión los días más oscuros, te quiero como aquello que enciende el deseo, que se acaricia y congela la sensación que recorre mi cuerpo.

Te quiero como para esperar otra vida y encontrarte, te quiero ahora y también, quizá después…

Seducirte con poesía…

4

Créeme, estas tardes tan frías se antojan para estar bajo las sábanas, con una cafetera en la habitación  para que el aroma del café impregne el espacio mientras compartimos lecturas y recuerdos. Así bajo las sábanas, disfrutando el sabor del café en un beso, la magia de la poesía al oído, la tibieza de las caricias en cada roce, la intención de hacer el amor y dejar que el amor haga de nosotros lo que quiera…

Hace mucho, mucho frío, la temperatura del ambiente es muy baja y mi cama pegada a la ventana está bien ubicada cuando se trata de contemplar las estrellas o la luna para enviarte mis pensamientos a través de ellas, pero no cuando hace tanto frío y los vidrios parecen filtrar el viento helado y tu ausencia se nota más.

Me encantaría que estuvieras aquí justo ahora, en el momento en el que la tarde se convierte en noche, en el instante en el que el cansancio y la melancolía empiezan a buscar las primeras estrellas en el firmamento, en el momento en el que mi cama dibuja un espacio vacío justo para ti…

Me encantaría contaras conmigo las estrellas desde mi ventana y jugáramos a adivinar sus colores, inventáramos historias mientras la noche cae y nos perdemos en ella. Así, entre sorbos de café y besos, programamos una larga noche para nosotros, en la que debajo de las sábanas en cada roce, guardamos el pronóstico de una historia de amor y deseo.

Abrázame, así de frente a ti, dejemos los libros a un lado  y hagamos poesía con el lenguaje de nuestros cuerpos, apenas rozando nuestros labios, sintiendo que el latir de nuestros corazones se sincroniza en el ritmo, sintiendo que nuestra respiración se agita y nuestra piel se tibia en cada caricia.

Abrázame, recorre con tus manos mi espalda, haz del recorrido un trazo certero que me acerque cada vez más a ti, no solo a tu cuerpo, sino a ti y tu mundo. Abraza contra ti mi cuerpo y deja que mis labios devoren tu cuello, que mi boca te hablé al oído y sean mis palabras la poesía que te seduzca esta noche.

Entrelacemos nuestras piernas, siente mis muslos entre los tuyos, siente el recorrido de mis pies acariciar tus pantorrillas… así siente cómo el deseo arde en cada centímetro de la piel. Recorre con tus labios mi cuello, mi oreja, mi mejilla hasta llegar a mis labios, acariciarlos sutilmente con tu lengua, devóralos con hambre de amor, con sed de deseo.

Recorre con tus manos mi espalda hasta llegar a mis caderas, lleva mi cintura hacia ti, mientras aquel beso que iniciamos continúe en nuestros labios, mientras nuestras lenguas llevan a la práctica la poesía de amor que antes habíamos leído. Acaríciame con fuerza, con esa fuerza que emerge del acelerado latir de tu corazón, que te dicta el acompasado ritmo que guía tus caricias.

Hagamos que en pocos minutos la ropa desaparezca, así debajo de las sábanas sin dar tiempo de que el frío vuelva, sin técnica ni prisa, dejemos que la noche no se atreva a cuestionarnos, que observe por la ventana, celosa, que al fin lo logramos, que al fin una noche de poesía no quedó en palabras compartidas a la distancia, no quedó en una promesa al viento…

Hagamos el amor como lo habíamos imaginado, con la ternura de entonces, la experiencia de ahora y el deseo de siempre…

 

Lo reconozco


Lo reconozco, más de una vez he imaginado seducirte… más de una vez he imaginado que te robo de tu realidad y te hago por una noche cómplice de la mía. He imaginado que un día cualquiera un pretexto nos reúne, y en nombre de ese pretexto conversamos por largas horas, caminamos entre calles tranquilas y solitarias, reímos del mundo que, tomados de la mano, nos parece ajeno, compartimos besos robados que interrumpen nuestra charla amena.

Lo reconozco, imagino hacer largas las horas de un día en el que de la mano recorramos nuevos rumbos, imagino hacer los minutos eternos si puedo estar entre tus brazos, anhelo hacer en un beso los segundos más intensos y hacer del recorrido de una caricia el trazo más sublime que al roce de mis manos en tu rostro te resulte inevitable despertar el deseo de que tus labios recorran mi piel.

Lo reconozco, en las noches cuando hablamos, cuando mi día termina con una frase tuya como despedida, imagino tu voz en mi oído, tus manos en mi espalda, mi cabeza sobre tu pecho, nuestras piernas desnudas y entrelazadas debajo de las sábanas. Cuando mis mañanas inician con tu saludo en un mensaje en mi teléfono, imagino que acompañas mi despertar en ese baño tibio que al imaginar el agua correr por nuestros cuerpos, se vuelve aún más reconfortante.

Lo reconozco, detrás de  esa inocente invitación a compartir un café,  una charla, hay una perversa intención de seducirte, seducirte como solo un hombre como tú y una mujer como yo lo podríamos hacer: combinando palabras con caricias; palabras con besos, palabras con el lenguaje del placer.  Conversando, debatiendo, rumiando recuerdos, compartiendo poesía, y por supuesto, con la selección musical que sólo tú podrías imaginar para el momento.

Así, seguro la mañana la pasaríamos caminando, recorriendo paisajes otoñales de esos que saben a nostalgia y con ese caminar, recorreríamos una y otra vez los recuerdos de todos estos años, rumiaríamos esas historias que fueron y las que no fueron, reiríamos de la inocencia de entonces, reflexionaríamos sobre el paso del tiempo y lo que nos ha dejado huella luego de tantos años… así, la mañana pasaría.

Luego, comeríamos algo simple, en un lugar al aire libre, sintiendo el viento frío rozar nuestros rostros, contemplando ese recorrido arbitrario de las hojas secas sobre el piso. Veríamos como ajenos a todos aquellos con los que se cruzan nuestras miradas. Comeríamos y la charla sería siempre inagotable, recorriendo deportes, política, religión, amor y desamor. Nuestra comida terminaría con un café cargado, un café caliente que atempere la temperatura del ambiente que comienza a descender.

Y luego, ¿qué te parece buscar un lugar privado culminar el arte de la seducción? Una botella de vino y dos copas que nos acompañen para hacer de la velada un momento inolvidable. Llegamos al lugar y, por supuesto, lo primero que sobran son los zapatos que en un instante quedan por ahí tirados. Nos abrazamos y en aquel abrazo surge el beso más profundo que habíamos guardado durante el día justo para ese momento, es un beso que sabe a recuerdos, que sabe a historias sin contar, que recorre cada centímetro de mi piel, cada espacio en mis entrañas, que hace eco en mi mente y silencia mis pensamientos.

Nos vemos a los ojos y todas las palabras que durante el día habían parecido inagotables, enmudecen, ahora es el lenguaje de las miradas, de las caricias, de calor de nuestros cuerpos el que habla, el que explica de manera clara el deseo de pertenecernos por instantes, por horas, POR SIEMPRE…

Lo reconozco, lo he pensado…

 

Qué ganas…

Qué ganas de encontrarte esta noche en mi cama, qué ganas de impregnar la habitación con el seductor aroma a café mientras comenzamos conversando trivialidades y terminamos defendiendo a nuestros poetas favoritos.
Qué ganas de explicar con un beso la interpretación poética de Sabines, Benedetti o Cortázar, qué ganas de hacer una traducción simultánea de sus palabras a sutiles caricias que recorran tus labios mientras observas mi boca que con sensualidad recita frente a ti.

Y, Benedetti siempre mi aliado.

Todavía

No lo creo todavía

estás llegando a mi lado

y la noche es un puñado

de estrellas y de alegría

 

palpo gusto escucho y veo

tu rostro tu paso largo

tus manos y sin embargo

todavía no lo creo

 

tu regreso tiene tanto

que ver contigo y conmigo

que por cábala lo digo

y por las dudas lo canto

 

nadie nunca te reemplaza

y las cosas más triviales

se vuelven fundamentales

porque estás llegando a casa

 

sin embargo todavía

dudo de esta buena suerte

porque el cielo de tenerte

me parece fantasía

 

pero venís y es seguro

y venís con tu mirada

y por eso tu llegada

hace mágico el futuro

 

y aunque no siempre he entendido

mis culpas y mis fracasos

en cambio sé que en tus brazos

el mundo tiene sentido

 

y si beso la osadía

y el misterio de tus labios

no habrá dudas ni resabios

te querré más

todavía.

Así, conquisto tu oído, conquisto tu mirada que cierra los ojos para perderse entre mi voz, disfrutando las pausas y los silencios que te permiten escuchar el latir de mi corazón, mi respiración que comienza a ser más agitada.

Qué ganas de perderme entre risas con una lectura atropellada porque tus besos me seducen, tus manos me distraen y porque la noche nos invita ansiosa a escondernos entre las sábanas y desde ahí, inventar nuestra propia poesía.

Qué ganas de que esta noche fría tus mensajes se conviertan en caricias, tu llamada en un beso y al final, dejar que la noche se adueñe de nuestros mundos, uniéndonos en el mágico ritual del amor.

Así, el aroma a café en poco tiempo se combina con el olor de tu piel, tu sutil loción que aún se percibe sobre tu dorso desnudo, en tu cuello y al recorrerte con mis labios, mi olfato lo percibe y se deja cautivar por el olor.

Así, la tibieza de las yemas de mis dedos atempera  tu piel en cada roce, en cada caricia. Mis manos certeras recorren tu pecho, tus hombros, tus manos. Mis labios curiosos prueban tu boca, tu piel; mi lengua humedece tu oreja y mis labios besan tu cuello.

La luna nos sonríe desde lo alto, mirándonos a través de la ventana, es esa sonrisa de una luna creciente que busca lucir entre las nubes, es una sonrisa que tácitamente comparte la alegría de nuestro encuentro, la alegría del amor y la vida.

Así, a media luz, y a ojos cerrados nos disfrutamos, disfrutamos la noche como si fuera eterna y hacemos del amor y la seducción un medio de supervivencia, un motivo para seguir y ganar un día más al tedio, a ese mundo real que nos acerca y nos aleja a su gusto… y por esta noche, hacemos de la fantasía la mejor de nuestras realidades.

 

Omnipresencia

Ser omnipresente es un don divino y, como tal, solo se manifiesta a través del amor. A veces no estamos donde algunos nos ven, sino donde otros nos extrañan, donde otros nos piensan y, quizá sin saber, nos regalan una lágrima o una sonrisa en nombre del recuerdo.

Estar en varios lugares de manera simultánea nos permite recorrer pausadamente en el cuerpo de otro un mundo de recuerdos que se escribieron con tinta indeleble, es buscar con qué vestir el cuerpo y en una prenda encontrar más que ropa, es encontrar ese cobijo para el corazón, esa caricia para el alma. Y es que justo así fue como sucedió hace unos días…

Yo trabajaba en el estudio de casa, mi mente estaba exhausta, el trabajo me tenía agobiada y, como muchas veces sucede y mi profesión lo requiere, escribía sobre varias historias de manera simultánea. Sentí mucho frío, la noche era joven y sabía que un café cargado y un pan dulce serían buena compañía para lo que aún faltaba de mi jornada.

Subí por un suéter que me protegiera del frío, así de la nada, así como saltan los recuerdos en mi cabeza y mi corazón normalmente, saltó del closet una sudadera que tú me regalaste, una sudadera que vestía más que mi cuerpo, era una prenda en la que con solo cerrar los ojos recorría nuestra historia, recorría un sinfín de recuerdos que me hacían sentir cobijada por tus brazos, protegida por tu presencia, confortada por un beso tuyo…  La vestí y salí a buscar un pan dulce atendiendo mi plan de desvelo.

Al salir, una luna llena en lo alto iluminaba el cielo, imposible no verla, imposible no verte en ella. Imposible que las lágrimas no se desbordaran por mis ojos casi con la misma velocidad con que mi memoria dictaba recuerdos, con la misma intensidad con la que aún latía mi corazón por ese sorpresivo encuentro con mi sudadera que sé que pese al tiempo, aún olía a ti…

Sé que mi pensamiento llegó a ti, que la luna, interlocutora de los amantes, nos ha comunicado una y otra vez, se propone como intermediara para conectar nuestros pensamientos. Así, pensándote de una y mil maneras, extrañándote y pidiendo desde el alma uno solo de tus abrazos,  caminé a mi destino, regresé, preparé mi café y con mi pan dulce continúe saboreando tu recuerdo.

Lloraba, reía y me preguntaba si realmente tendrás la certeza de que te fuiste, sintiéndote yo tan mío, tan cerca. ¿Cómo podrías creer que te fuiste si eres tan mío, si tu recuerdo es tan nítido que al acariciarte con el pensamiento siento la tibieza de tu piel? ¿Cómo podrías creer que no eres mío si cuando te sueño y tus besos aún tiene ese dulce sabor, tus labios aún se sienten hechos a la medida de los míos? ¿Cómo podrías creer que no estás aquí si aquella sudadera olía a ti, abrazaba mi espalda y mi pecho como lo hacían tus brazos?

¡Imposible! Estás aquí, eres omnipresente porque en el tiempo y el espacio podrás estar en otro lugar, podrás creer que te fuiste pero en mi mundo, sigues siendo mi fuerza, mi inspiración, sigues siendo ese recuerdo que me llena de esperanza y que en momentos de dificultad me da refugio y hasta escucho tu voz diciéndome que todo estará bien. Tú eres evidencia de esa cualidad divina de que el amor nos hace trascender en otros, que amar es la mejor posibilidad para pasar el tiempo mientras la muerte llega, mientras la vida pasa.

Así, mi noche pasó, no trabajé en mis pendientes, únicamente rumié una y otra vez nuestra historia, los lugares, los sabores, los olores, las texturas, las sensaciones, mi mirada perdida en tus ojos, mi nombre en tus labios: Azul, era tan lindo escuchar mi nombre en tus labios que aún escucho tu voz pronunciándolo en esas noches de insomnio en las que los recuerdos me arrullan.

Así, pasan mis días, con la certeza de tu omnipresencia, aquí tengo lo que necesito de ti… Te Amo…