Es extraño…

Te conocí de una manera tan casual, nuestro saludo fue frío y distante, compartiendo temporalmente un espacio que nos resultaba ajeno, conversando trivialidades con la intención de construir una plática amable, viendo un hermoso paisaje en un cálido ambiente. Es extraño, pero una casualidad se convirtió en ese algo más que muy ocasionalmente sucede en mi realidad y que parece más historia de fantasía para mis relatos.

El escenario habría sido perfecto para despertar juntos, caminar tomados de la mano, sintiendo cómo los rayos del sol hacían brillar mi sonrisa mientras en un beso te perdías en mi mirada; habría habido tiempo para uno o varios tragos compartidos entre besos y caricias; habría sido propicia la noche para dormir bajo las estrellas custodiados por la luna.

Es extraño, esas escenas impensables en ese momento que ahora parecen tan fáciles de imaginar; es extraño que sonría con tus mensajes y que me disfrute tu presencia. Es extraño que la cercanía nos aleje y la distancia nos acerque, que estando frente a frente el mundo nos limite y nos convierta en aquellos personajes de un guión estudiado y que en lo furtivo nuestros labios se entiendan sin palabras.

Y solo un instante de cordura ha permitido que no cometa una locura, solo un poco de cordura me ancla a la realidad para no avanzar a la deriva, un poco de cordura se aferra a creer esto una fantasía con la conciencia de que estás fuera de la realidad. Y es que es más fácil huir de la realidad compartiendo sinsentidos en medio de tragos apresurados, que besarte y perderme en el sabor de tus labios, y es que es más simple hablarte de cualquier cosa controlando el movimiento de mis manos para no acercarme para acariciar con las yemas de mis dedos tus labios mientras me observas.

Y es un mundo extraño en que inventas con tu presencia, es un mundo insólito que me tiene a la expectativa de tu historia, de tu mundo y tus porqués. Es una realidad que solo cabe aquí, que solo es un relato de fantasía convertido en un Momento Azul, que es una extraña coincidencia de la vida para sabernos vivos, sentir y retroceder y ocupar el lugar del espectador en esta historia inventada.

Y es ese juego de la vida, que pone en el mismo nombre el acierto y el error; la alegría y la desdicha; la realidad y la fantasía. Ese juego que parece un rompecabezas sin tener todas las piezas, que pasa del divertirnos con el juego a convertirnos en juguete. Es una apuesta muy alta, con unas cartas sin juego, en donde la suerte, el azar son los que mandan, la suerte de tener tiempo, el azar de coincidir para un beso.

Y es ese juego que me hace al mismo tiempo, segura de mis encantos y vulnerable de mis sentimientos; ese juego que disfruta convertirme en una mujer deseada que quisiera ser una amada; ese juego que por instantes de hace más mío que de otros y luego me convierte en más tuya que de mi mundo.

¿En qué momento? ¿En qué momento este extraño juego se metió en mi cabeza? ¿En qué momento tu cortesía fue un anzuelo que atrapó mi curiosidad? ¿En qué momento la casualidad nos ubico en el mismo lugar tan naturales, tan auténticos, tan nosotros? Nunca una cita pactada nos habría permitido conocernos así.

Es extraño lo que sé de ti, es predecible lo que desconozco de tu vida. Es extraño que un mensaje me haga sonreír y de momentos el reloj parezca detenerse ante tu silencio… Es extraño que mis pensamientos de momentos me hagan rehén de una historia de amor y que la realidad me ubique en una historia de deseo… Es extraño que tu voz sea un bálsamo en mi día, que tu saludo frío y distante de aquella primera vez, hoy se convierta en el mejor pretexto para mi sonrisa.

Es extraño… pero no es extraño que tenga que escribir para huir una vez más de la realidad convenciéndome de que esto es solo fantasía…

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Una noche a tu lado

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Hacer a la noche cómplice de nuestra historia, así desnudos bajo las sábanas, yo de espaldas a ti, tu abrazándome por la cintura… tomo tu mano y la llevo a mi vientre, dejando que la palma de tu mano lo cubra y lo reconforte, mientras disfruto el delicioso roce de mi espalda contra tu pecho y el juego de nuestros pies rozándose entre las sábanas.

Los minutos transcurren lentamente, juego con tu mano sobre mi piel, llevándola de mi vientre a mis caderas, llevándola hacia mis muslos mientras nuestros cuerpos arden en deseo… Tu mano dócil atiende en recorrido que la mía le guía, así te llevo hacia mi boca para que mi lengua acaricie tus dedos, para que mis dientes muerdan suavemente la palma de tu mano, para que mis labios besen el dorso de tu mano…

Así, llevo tu mano hacia mi pecho, siento una deliciosa tibieza que me recorre, son movimientos suaves que cómplices del silencio de la noche, nos permiten escuchar nuestra acelerada respiración. Es tan delicado el recorrido de tus manos sobre mi piel, tan pausado que parece congelar cada instante en esa sensación que recorre todo mi cuerpo…

Deliciosa noche contigo a mi lado… haciendo el amor en cada caricia, en esas palabras mudas que nuestros labios en cada beso pronuncian, en el silencio de la noche que nos permite escuchar el latir de nuestros corazones.

Continúas con ese atinado recorrido de tus manos en mi cuerpo, de momento sumiso a la guía de mis manos, de momento irreverente descubriendo tus propios caminos. Mientras besas mi cuello, tus manos siguen su recorrido, tu lengua traza sobre mis hombros mensajes que explican el deseo, tus manos ansiosas aprietan mis muslos, esos que sé que te encantan, tomas mi cadera con fuerza sabiéndome tuya, sintiendo cómo cada sensación nos acerca a ese instante, a ese éxtasis que solo el amor aderezado de sexo puede provocar.

Cada beso, cada caricia, cada centímetro recorrido de mi piel me hace perderme en la sensaciones, en lo delicioso de una noche a tu lado… la luz tenue que nos vigila te invita a separarte un poco de mí, a dejar de lado las sábanas y observar detenidamente mi cuerpo mientras las yemas de tus dedos acompañan el recorrido de tu mirada. Me observas apropiándote de mis lunares, mis cicatrices, las pecas y los rastros que el tiempo ha dejado para ahora hacerme una mujer plena y sin complejos.

Tu mirada me seduce, me hace perderme en tus ojos encontrando en ellos deseo y paz; deseo y amor; deseo y plenitud, deseo y esa compañía que hace de esta noche un derroche de emociones, un festín compartido en que entre besos y caricias celebramos el amor, devoremos el deseo, brindamos por una noche a tu lado…

Un año más…

Se acaba un año más y con él se van un sinnúmero de experiencias, un sinfín de instantes que entre lágrimas y risas ya son historia. Muchos aprendizajes quedan y,  sin duda, el más importante ha sido fluir con la vida, fluir sin cuestionar, sin poner resistencia… y no es conformismo, simplemente ha sido la realidad.

Este año ha sido uno de los más rudos, de los que a fuerza de experiencias y decisiones (voluntarias e involuntarias) me ubicaron en un lugar que hoy me hace plena y dueña de mi vida. Ha sido un año de pérdidas irreparables, esas que aún su ausencia sabe a dolor, que aún es imposible mencionar sin que las lágrimas emerjan desde el alma. Ha sido un año en donde más de una vez he comprobado aquello en lo que creo fielmente: “solo el amor nos hace trascender”.

Este año ha sido crudo, y el sismo de hace unos meses ha representado de manera muy simbólica la sacudida que mi vida dio en este lapso. Mi gente en riesgo y mi corazón extrañándolos; mi vida del otro lado de la ciudad y valorando estar fuera del riesgo; mi responsabilidad en nuevas vidas, más frágiles y vulnerables que las de antes y sacando fuerza de flaqueza para dar fortaleza en días que ni yo la encontraba.

Así, con amores platónicos que alimentan el corazón con recuerdos, poesía, música y besos a la distancia; con un buen amante que hacía de noches completas momentos lúdicos  que aún me hacen sonreír; con buenos amigos con oídos atentos a las lágrimas de noches en las que la soledad parecía aplastante; con un espejo que por ahora me hace sentir más bella y más plena con mi vida.

Por varios años quise escribir una historia diferente en el lugar equivocado, quise creer que podía modificar una realidad árida y siniestra, puse en esa historia más de lo que cualquiera imaginaría… hoy a la distancia, me siento curada de esa soberbia y acepto, no una derrota, sino una humilde victoria sobre los corazones que eran fértiles para sembrar y cosechar amor. Alguien sabiamente me dijo: “a veces la vida nos obliga a salir de los lugares que amamos porque algo mejor nos espera”, así es, la ceguera momentánea no me permitía entenderlo, pero así es…

La vida fluye, sin preguntarnos ni aceptar preguntas, quitándonos personas que amamos y con quienes se va un poco de nuestro ser; poniéndonos nuevas personas necesitadas de amor, de un abrazo sincero que les dé fuerza. La vida fluye, nosotros con ella, aceptando que cada día es un reto, que cada día es incierto y que a veces ese día puede ser el último, el último para ver la luz del sol, para decir un te amo, para secarse las lágrimas y levantarse de las ruinas e intentar continuar.

La vida fluye en medio de un dolor que nunca se cura, ese que la partida de los que amamos deja; ese que se mitiga con los recuerdos impresos en fotografías, tatuados en el corazón y resguardados en la memoria. La vida fluye con la esperanza de un futuro mejor, de un mundo donde pueda tocar vidas, almas y construir aquello que anhelo para mí y los míos… La vida fluye, con la única certeza que hasta hoy he podido comprobar: SOLO EL AMOR NOS HACE TRASCENDER…

 

Amores Platónicos

Hay amores que no suceden, que el destino, la vida o cualquier cosa impide que sucedan… así nosotros, cuando jóvenes pudimos, pero no fue. Quisiera creer que no era nuestro tiempo, pero con los años y kilos de experiencia creo que los tiempos del amor no existen, sólo son casualidades que uno decide aceptar como retos para que un amor se dé.
En aquel entonces, jóvenes impetuosos ávidos de vivir, ansiosos por concluir la universidad para devorar el mundo con nuestra pasión profesional, compañeros de clase, amigos. Tú, un joven trabajador, quien luego de la jornada de estudiante cubría su jornada laboral y, por supuesto, se daba tiempo para el amor.

Yo, entusiasta deportista, que luego de mi jornada de estudiante acudía a los deberes que mi equipo me tenía marcados, que me exigían entrenamientos exhaustivos sin importar tareas o trabajos escolares.

Era una bella época, que, aunque a veces me pesan los años, hoy agradezco haber vivido en aquel entonces -y no ahora-. Sé que suena muy nostálgico, sé que revela mi edad un poco, pero tampoco me agobia, soy una mujer que acepta sus años y los encantos que con ellos ha descubierto. En aquellos tiempos disfrutaba vestir de short y cruzar por las áreas verdes del campus, disfrutaba lucir mis fuertes piernas y acaparar una que otra mirada masculina que curiosa acompañaba mi caminar.

Así, disfrutaba nuestra charla en los pasillos del edificio al cambio de clase, disfrutaba  tu mirada que sin palabras aceptaba que te gustaba, disfrutaba tu amistad y tus consejos. Así, en una de esas tantas mañanas compartiendo salones y pasillos, lo aceptaste: te gustaría algo más conmigo, algo que no afectará tu relación de tiempo con ella (tu novia)… Me negué!

¡¿Qué habría pasado?! Qué tal que aquella mañana hubiera dicho que sí. Es más, si ni siquiera hubiera contestado, sólo te hubiera besado a ojos cerrados, dejando que mis labios abrazaron los tuyos, que mi lengua acariciara la tuya, dejándome rodear por tus brazos sintiendo que en ellos cabía y que era deliciosa la sensación de estar ahí, dejando que mis manos acariciaran tu espalda y que ese beso durara el tiempo suficiente como para encender el deseo, despertar el amor, descubrir el sabor del amor en mis labios…

Quizá pudimos haber huido en ese momento, tal vez a uno de los prados conocidos en nuestra universidad donde el amor sabe a prohibido, a adrenalina juvenil por el temor de los posibles observadores. O quizá sólo hubiéramos continuado con nuestra agenda escolar y acordando una tarde para nosotros o quizá una noche para conversar y hacerte dudar de tu propuesta, aquella de sólo querer saciar tu curiosidad con una mujer como yo…

Esa noche habría llegado, habríamos conversado con la intensidad de siempre, de esos universitarios universales, que lo mismo hablábamos de football, que de tu vida laboral, de mis achaques propios del partido más reciente, que de política, que de la vida misma. Así habríamos hecho nuestra aquella noche, dejándonos conquistar por una charla inteligente, en la que nuestros labios conversaban mientras nuestras miradas se seducían mutuamente y nos invitaban a dejar de lado la plática para apoderarnos de nuestros cuerpos.

Seguro, habría besado tus labios, muy suave, tiernamente, dejando que en ese beso conocieras la excitante combinación de una mujer como yo: tierna y fuerte, seductora y sensible, apasionada y dócil. Habría hecho que en ese beso entendieras mi mundo, ese pedacito que desde la seducción se puede descubrir.

Te habría disfrutado sentado sobre una silla, me habría sentado sobre tus piernas de frente a ti, acariciando tu cabello mientras besaba tu cuello, guiando tus manos hacia mis muslos para que los acariciaras y comprobaras aquello que tu mirada discreta suponía: eran piernas fuertes y atléticas. Habría hecho mi cabeza hacia atrás y llevado la tuya hacia mi pecho para que me besaras, para que sobre mi blusa comenzaras a descubrir aquellas sensaciones que seguro, antes ya habías imaginado.

Habría logrado deshacerme de tu playera para que mis manos recorrieran pausadamente tu dorso desnudo, tu espalda, para que besara tus hombros y recorriera con la punta de mi lengua tus brazos. Habría regresado a tus labios a continuar aquel beso, ese beso con sabor a deseo, ese beso que ponía a prueba el amor. En ese beso nos hubiéramos olvidado del mundo, de aquél que nos aguardaba afuera, aquel que me daba únicamente como opción para una noche, para ese momento.

Habría conquistado tu piel con mis besos, habría dejado que mis labios te convencieran que era más que una chica para una noche, haría dibujado sobre tu piel con mi lengua trazos que requirieran dosis complementarias para aliviar la necesidad de mis labios. Habría dejado que tus manos recorrieran cada centímetro de mi piel, del cuerpo de entonces que tanta curiosidad te provocaba…

Habríamos hecho de aquella noche un derroche de placer, de ese placer que sólo se logra con una plática inteligente, con un hombre que sabe de poesía, de música, de mundo. Ese placer desbordado que se consigue con las caricias correctas, con los besos pausados y con un sexo delicioso… habríamos hecho el amor poniendo a prueba aquello que nos impedía estar juntos fuera de ese lugar, y quizá, la historia habría sido diferente.

Pero… sólo me negué a tu propuesta. Los años han pasado, pese a ellos y a la distancia seguimos siendo amigos, sigues presente en mis días y algunas de mis noches, a veces escuchando mi llanto amargo provocado por la incertidumbre, el desamor, la desilusión; y otras ocasiones compartiendo aficiones y gustos por la poesía, el deporte y la vida. Pero, ¿te soy franca? a veces, cuando la nostalgia se hace presente, cuando imagino tus palabras en mi oído, cuando necesito un abrazo, me sigo preguntando… ¿Qué habría pasado? ¿Tú qué crees?

¿Qué tal si lo piensas mientras te imaginas recostado sobre mi pecho y te leo al oído este poema? Sé que a un hombre inteligente como tú, le gusta la literatura, le gusta la poesía… Te quiero…

Luna congelada – Mario Benedetti

Con esta soledad
alevosa
tranquila
con esta soledad
de sagradas goteras
de lejanos aullidos
de monstruos de silencio
de recuerdos al firme
de luna congelada
de noche para otros
de ojos bien abiertos

con esta soledad
inservible
vacía

se puede algunas veces
entender
el amor.

 

Escribir para existir

Hay días más tristes que otros, días en los que te duermes triste y despiertas triste, días que despertar es sólo un signo biológico de que hay vida aunque no necesariamente se viva.

Hay días en los que la desesperanza se ve, se huele y se toca. Días en los que la tristeza se comparte en las miradas de otros, esa tristeza que no se confiesa pero se siente, que basta con que las miradas se crucen para que entre lágrimas se entienda el mismo sentimiento.

Hay días en los que lo que más amas te parece lejano, quizá ajeno. Eso mismo que siempre has considerado tu fortaleza es lo mismo que en una palabra se convierte en la más grande debilidad, en el momento más vulnerable del día.

Hay días en los que resulta inevitable hacer un recuento del tiempo, de aquellos que prometieron siempre estar y no están, de aquellos que habrías querido nunca se fueran y se han ido, de aquellos que aún no entiendes por qué existen pero cohabitan en tu mundo.

Hay días en los que la Fantasía no alcanza para evadir la realidad, en los que Ser Azul es insuficiente porque para algunos soy únicamente una mujer frívola, dispuesta para el placer del sexo apasionado, y Ser Azul es más que eso, mucho más.

Hay días en los que los pensamientos se arremolinan y aturden, en los que la mente se cansa de pensar en por qué la traición, por qué las medias verdades con sabor a mentiras completas, por qué la oscuridad ha vencido y este sentimiento de derrota me tortura.

Pienso, pienso y sigo pensando. Pasa el día buscando en realidades virtuales esperanzas, en mundos intangibles algo más alentador, convirtiéndome en aquella Azul que está al alcance de algunos, porque es la única que podrían tener…

El día pasa, entre Alter y Ego en una lucha de poderes, en una lucha de fuerzas que describen esa dualidad de mi mundo interior: Ser Azul la fácil, resulta muy difícil; Ser Azul la compleja, resulta más fácil porque “controla” la fantasía.

Qué diera porque esta Azul, a la que se le nubla la vista al escribir este texto en el teléfono, sola desde su cama, pudiera estar en los brazos de aquel hombre con quien verdaderamente se sintió amada; qué diera porque aquella Azul la que muchos imaginan atractiva y seductora pudiera conquistar a un Hombre a través de sus fantasías.

El mundo está loco, duele ver la injusticia, duele ver lo ilógico, duele  a ver la muerte de cerca, invadir mundos que no debiera tocar. Duele lo inhumano en tantos actos del Ser Humano.  Y en medio de este caos, llegan a mi mente más historias y  no acepto la muerte, no acepto la enfermedad en los que amo, aún me resisto a creer que es sólo cuestión de tiempo para que el mal invada un cuerpo lleno de fortaleza, lleno de amor. Por qué? Por qué?

Son días tristes, en los que el peso de los años y los kilos se duplica cuando se sopesa en lágrimas, en impotencia, en frustración. Son días tristes porque el tiempo es tan relativo que no sabes en qué momento es el final. El tiempo es tan relativo que este blog me permite vivir semanas por adelantado, me permite ir al pasado y saborear las historias de ayer, ir al futuro e inventar la Fantasía de una próxima noche -que tal vez no llegará-.

Entonces, escribir es la única opción, el único momento que encauza las lágrimas y las convierte en palabras, el momento que atrapa los sinsentidos convirtiéndolos en relatos, el único momento en donde Ser Azul es la única posibilidad de ser algo, de ser alguien…