Una noche a tu lado

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Hacer a la noche cómplice de nuestra historia, así desnudos bajo las sábanas, yo de espaldas a ti, tu abrazándome por la cintura… tomo tu mano y la llevo a mi vientre, dejando que la palma de tu mano lo cubra y lo reconforte, mientras disfruto el delicioso roce de mi espalda contra tu pecho y el juego de nuestros pies rozándose entre las sábanas.

Los minutos transcurren lentamente, juego con tu mano sobre mi piel, llevándola de mi vientre a mis caderas, llevándola hacia mis muslos mientras nuestros cuerpos arden en deseo… Tu mano dócil atiende en recorrido que la mía le guía, así te llevo hacia mi boca para que mi lengua acaricie tus dedos, para que mis dientes muerdan suavemente la palma de tu mano, para que mis labios besen el dorso de tu mano…

Así, llevo tu mano hacia mi pecho, siento una deliciosa tibieza que me recorre, son movimientos suaves que cómplices del silencio de la noche, nos permiten escuchar nuestra acelerada respiración. Es tan delicado el recorrido de tus manos sobre mi piel, tan pausado que parece congelar cada instante en esa sensación que recorre todo mi cuerpo…

Deliciosa noche contigo a mi lado… haciendo el amor en cada caricia, en esas palabras mudas que nuestros labios en cada beso pronuncian, en el silencio de la noche que nos permite escuchar el latir de nuestros corazones.

Continúas con ese atinado recorrido de tus manos en mi cuerpo, de momento sumiso a la guía de mis manos, de momento irreverente descubriendo tus propios caminos. Mientras besas mi cuello, tus manos siguen su recorrido, tu lengua traza sobre mis hombros mensajes que explican el deseo, tus manos ansiosas aprietan mis muslos, esos que sé que te encantan, tomas mi cadera con fuerza sabiéndome tuya, sintiendo cómo cada sensación nos acerca a ese instante, a ese éxtasis que solo el amor aderezado de sexo puede provocar.

Cada beso, cada caricia, cada centímetro recorrido de mi piel me hace perderme en la sensaciones, en lo delicioso de una noche a tu lado… la luz tenue que nos vigila te invita a separarte un poco de mí, a dejar de lado las sábanas y observar detenidamente mi cuerpo mientras las yemas de tus dedos acompañan el recorrido de tu mirada. Me observas apropiándote de mis lunares, mis cicatrices, las pecas y los rastros que el tiempo ha dejado para ahora hacerme una mujer plena y sin complejos.

Tu mirada me seduce, me hace perderme en tus ojos encontrando en ellos deseo y paz; deseo y amor; deseo y plenitud, deseo y esa compañía que hace de esta noche un derroche de emociones, un festín compartido en que entre besos y caricias celebramos el amor, devoremos el deseo, brindamos por una noche a tu lado…

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Tus labios en mis piernas

piernas

Qué delicia es recordar tus manos recorriendo mis piernas… me gustan mis piernas y me encantaba sentir tus manos acariciándolas. Últimamente te he recordado mucho, no sé con precisión por qué o qué me ha llevado a invocarte desde los recuerdos más profundos en mi corazón.

Recuerdo esa sensación de tus brazos rodear mi cintura, es tan rica esa sensación de caber en tus brazos, de sentirme en tu pecho, recargarme ahí y sentir una deliciosa paz, una deliciosa sensación de la que habría no querido salir nunca.

Puedo sentir tus manos recorrer mi espalda, unas manos grandes, fuertes, de hombre, sí, aunque parezca que sobra la referencia. Unas manos de hombre: rugosas, toscas, deliciosas. Sentir cómo con una de tus manos podías cubrir casi la mitad de mi espalda y con la fuerza de tus brazos llevar mi cuerpo hacia ti, esos recuerdos provocan un sinfín de pensamientos en cadena que me llevan a reafirmar porqué has sido el hombre de mi vida.

Sentir tu mano en mi nuca guiando la intensidad de un beso, la duración de ese beso en que tan deliciosamente compartíamos placeres, sentimientos, sensaciones. Qué delicia.

Hoy mientras me vestía luego de un regaderazo mañanero para terminar de despertar, me observaba frente al espejo, me sentía atractiva, me gustaba la tonalidad de mi piel haciendo juego con el tono de mi blusa. Pensaba en el juego de colores y texturas de mi ropa interior y me sentía sensual. Contigo siempre me sentí muy muy guapa, tú me hacías sentir atractiva, femenina, tú me dabas una seguridad en mis “encantos” que no sé en qué momento perdí.

Hoy mi pantalón entalla perfecto en mis piernas, es una tela tersa, suave  que moldea, haciendo que mis piernas luzcan como en los viejos tiempos. Siempre me han gustado mis piernas, son fuertes, torneadas, sensuales. Te encantaba verme de short y me encantaba que siempre elogiaras mis muslos, que me vieras con esa provocativa mirada que recorría mi cuerpo haciéndolo suyo, sin ser grotesco, sin ser vulgar, recorrías mis pantorrillas, mis muslos, mis caderas, mi cintura, mi abdomen, mis senos, mi cuello y detenías tu mirada en mis labios pidiendo un beso que sellara la fantasía de saberme tuya.

Recuerdo esas emocionantes tardes en las que hicimos el amor, contigo sin duda era hacer el amor, desde el mismo instante en que nuestras miradas coincidían para acordar el encuentro estábamos comenzando a cocinarlo. Imagino muy claramente ese beso en el que mi mente se apagaba, no había fantasmas, no había nada más que un amor intenso, profundo: REAL haciendo con nuestros cuerpos lo que el instinto y la escena dictara.

Extraño esa sensación de tus manos recorriendo mis piernas, apretando mis muslos, sintiendo las yemas de tus dedos dibujar un delicioso recorrido en la parte interna de mis muslos, diciéndome cuánto te gustaban mi piernas. En aquel entonces, el trabajo de gimnasio era evidente, yo hacía mucho ejercicio: gimnasio por la mañana, corría por la tarde y entrenaba por la noche. Disfrutaba tanto sentirme fuerte, atractiva (para ti). Hoy mis piernas son normales, atractivas y seductoras sin lugar a dudas, pero sin el trabajo intenso de las pesas.

Sé que para muchos hombres (y mujeres) les parecerá que lo más sensual son los senos o las caderas. A mí no, a mí me encantan mis piernas. Me encantan las sensaciones que se pueden despertar desde ahí, recuerdo en esas mismas tardes recostada sobre la cama, con el cuerpo de entonces, medianamente atlético, trabajado en el gimnasio, seguro de su sensualidad, dispuesto para el amor.

¿Te acuerdas? Ese disfrutable camino al placer, a la plenitud gracias a tu amor. Desnuda para ti, para disfrutar nuestro amor, esas manos fuertes y rudas recorriendo mis piernas, acariciaban mis pies, avanzaban por mis pantorrillas alternando las caricias con sutiles y deliciosos besos; luego mis muslos, apretándolos, haciéndolos temblar y luego tratando de calmarlos con la paz de tus labios.

¿te acuerdas?

Yo sí y… te extraño!