Una mujer muy Azul

Llámalo como quieras: soberbia, arrogancia, vanidad, pero los años me han hecho una gran mujer, una mujer muy Azul capaz de seducirte con la mirada y sin escotes, capaz de conquistarte con mis labios sin siquiera besarte.

Los años y las historias me han convertido en una mujer plena, dueña de mi vida, que disfruta de halagos de aquellos que encuentran en mis relatos un refugio de fantasía, que disfruta aquel trago compartido en nombre de los recuerdos o en nombre del juego de la conquista.

El tiempo me ha dado la razón, las decisiones que he tomado y sus consecuencias, me dejan con saldo a favor. Siempre dispuesta a nuevos riesgos, a nuevas aventuras que me acerquen a la felicidad, con la certeza de que mi imperfección y mi locura me separan de ese mundo de apariencias y me dejan construir un nuevo mundo de ilusiones, de esas que por instantes saben a realidad, de esas que se convierten en inevitables sonrisas, de esas que hacen eco en la mente y en el corazón durante el día.

Descubrirme como Azul, me hace libre, me hace más mujer, me ha llevado a una lucha por reivindicar mis esperanzas, a defender mis fantasías, a entender el amor y el deseo, a besar con la mirada y acariciar con mis palabras.

Ser Azul me permite aceptarme como una mujer intensa y apasionada, no solo por los placeres que muchos creen que se limitan al sexo, soy una mujer intensa y apasionada que en cada aspecto de mi vida, creo en mi profesión y mi profesionalismo como un instrumento para construir la sociedad en la que me gustaría vivir; creo en mi manera de amar como la única posible donde se entrega todo en una apuesta a ganar; creo en mis aciertos y desaciertos como la única manera de aprender y reaprender las lecciones de la vida.

Ser Azul me hace desafiar mi mundo, ese que se rige por la perfección aparente. Los años me han dado la razón, acepto mis errores como errores, volteo la mirada al pasado y sé que aquello, aquellos, que dejé en el camino, hoy no me hacen falta, al contrario, me alivia no tener peso de su existencia en mi vida.

Observo mi presente y disfruto saberme una mujer deseada, una mujer que, a veces sin querer, es capaz de quedarse en la mente de algunos, que es capaz besar labios a la distancia desde el pensamiento, capaz de acariciar corazones, tocar almas y alojarse de manera inamovible en el corazón unos.

Imagino mi futuro se llena de esperanza, llena de ilusión de esa, que ilumina las lunas llenas, de esa que se encuentra en el sabor de un sorbo de café, de esa que se encuentra en una conversación improvisada y en un mensaje inesperado.

Hoy no me importa si es soberbia o solo una más de mis locuras, hoy con mis años, mis kilos, mis lágrimas y mis risas me siento feliz. Dispuesta a seguir reescribiendo la realidad, a veces al límite de la fantasía, a veces al límite de la cordura, a veces desde la más oscura realidad.

Seguiré siendo Azul, cada vez más Azul, cada vez más plena, libre, desafiante, intensa y apasionada. Seguiré jugando a reinventar mi mundo hasta que en el último intento me encuentre en la vida en la que quiero pasar mis días hasta el final de mi historia.

Hoy, celebrando un año más de vida, me acepto como una gran mujer, como Azul envuelta en todas sus pasiones y sueños, esos que para algunos fueron demasiado grandes como para atreverse a conquistarlos conmigo…

El otro día leí una frase con la que me identifiqué:

“Una mujer seductora, deja algo en la mirada; una mujer simpática, deja algo en la sonrisa; una mujer sexy, deja algo en la imaginación; pero una mujer de verdad, deja huella en el corazón.” Búscame en tu mirada, encuéntrame en tu sonrisa, hazme tuya desde la imaginación, pero sobre todo… guarda mi nombre en tu corazón: AZUL…

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Seducirte con poesía…

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Créeme, estas tardes tan frías se antojan para estar bajo las sábanas, con una cafetera en la habitación  para que el aroma del café impregne el espacio mientras compartimos lecturas y recuerdos. Así bajo las sábanas, disfrutando el sabor del café en un beso, la magia de la poesía al oído, la tibieza de las caricias en cada roce, la intención de hacer el amor y dejar que el amor haga de nosotros lo que quiera…

Hace mucho, mucho frío, la temperatura del ambiente es muy baja y mi cama pegada a la ventana está bien ubicada cuando se trata de contemplar las estrellas o la luna para enviarte mis pensamientos a través de ellas, pero no cuando hace tanto frío y los vidrios parecen filtrar el viento helado y tu ausencia se nota más.

Me encantaría que estuvieras aquí justo ahora, en el momento en el que la tarde se convierte en noche, en el instante en el que el cansancio y la melancolía empiezan a buscar las primeras estrellas en el firmamento, en el momento en el que mi cama dibuja un espacio vacío justo para ti…

Me encantaría contaras conmigo las estrellas desde mi ventana y jugáramos a adivinar sus colores, inventáramos historias mientras la noche cae y nos perdemos en ella. Así, entre sorbos de café y besos, programamos una larga noche para nosotros, en la que debajo de las sábanas en cada roce, guardamos el pronóstico de una historia de amor y deseo.

Abrázame, así de frente a ti, dejemos los libros a un lado  y hagamos poesía con el lenguaje de nuestros cuerpos, apenas rozando nuestros labios, sintiendo que el latir de nuestros corazones se sincroniza en el ritmo, sintiendo que nuestra respiración se agita y nuestra piel se tibia en cada caricia.

Abrázame, recorre con tus manos mi espalda, haz del recorrido un trazo certero que me acerque cada vez más a ti, no solo a tu cuerpo, sino a ti y tu mundo. Abraza contra ti mi cuerpo y deja que mis labios devoren tu cuello, que mi boca te hablé al oído y sean mis palabras la poesía que te seduzca esta noche.

Entrelacemos nuestras piernas, siente mis muslos entre los tuyos, siente el recorrido de mis pies acariciar tus pantorrillas… así siente cómo el deseo arde en cada centímetro de la piel. Recorre con tus labios mi cuello, mi oreja, mi mejilla hasta llegar a mis labios, acariciarlos sutilmente con tu lengua, devóralos con hambre de amor, con sed de deseo.

Recorre con tus manos mi espalda hasta llegar a mis caderas, lleva mi cintura hacia ti, mientras aquel beso que iniciamos continúe en nuestros labios, mientras nuestras lenguas llevan a la práctica la poesía de amor que antes habíamos leído. Acaríciame con fuerza, con esa fuerza que emerge del acelerado latir de tu corazón, que te dicta el acompasado ritmo que guía tus caricias.

Hagamos que en pocos minutos la ropa desaparezca, así debajo de las sábanas sin dar tiempo de que el frío vuelva, sin técnica ni prisa, dejemos que la noche no se atreva a cuestionarnos, que observe por la ventana, celosa, que al fin lo logramos, que al fin una noche de poesía no quedó en palabras compartidas a la distancia, no quedó en una promesa al viento…

Hagamos el amor como lo habíamos imaginado, con la ternura de entonces, la experiencia de ahora y el deseo de siempre…

 

Omnipresencia

Ser omnipresente es un don divino y, como tal, solo se manifiesta a través del amor. A veces no estamos donde algunos nos ven, sino donde otros nos extrañan, donde otros nos piensan y, quizá sin saber, nos regalan una lágrima o una sonrisa en nombre del recuerdo.

Estar en varios lugares de manera simultánea nos permite recorrer pausadamente en el cuerpo de otro un mundo de recuerdos que se escribieron con tinta indeleble, es buscar con qué vestir el cuerpo y en una prenda encontrar más que ropa, es encontrar ese cobijo para el corazón, esa caricia para el alma. Y es que justo así fue como sucedió hace unos días…

Yo trabajaba en el estudio de casa, mi mente estaba exhausta, el trabajo me tenía agobiada y, como muchas veces sucede y mi profesión lo requiere, escribía sobre varias historias de manera simultánea. Sentí mucho frío, la noche era joven y sabía que un café cargado y un pan dulce serían buena compañía para lo que aún faltaba de mi jornada.

Subí por un suéter que me protegiera del frío, así de la nada, así como saltan los recuerdos en mi cabeza y mi corazón normalmente, saltó del closet una sudadera que tú me regalaste, una sudadera que vestía más que mi cuerpo, era una prenda en la que con solo cerrar los ojos recorría nuestra historia, recorría un sinfín de recuerdos que me hacían sentir cobijada por tus brazos, protegida por tu presencia, confortada por un beso tuyo…  La vestí y salí a buscar un pan dulce atendiendo mi plan de desvelo.

Al salir, una luna llena en lo alto iluminaba el cielo, imposible no verla, imposible no verte en ella. Imposible que las lágrimas no se desbordaran por mis ojos casi con la misma velocidad con que mi memoria dictaba recuerdos, con la misma intensidad con la que aún latía mi corazón por ese sorpresivo encuentro con mi sudadera que sé que pese al tiempo, aún olía a ti…

Sé que mi pensamiento llegó a ti, que la luna, interlocutora de los amantes, nos ha comunicado una y otra vez, se propone como intermediara para conectar nuestros pensamientos. Así, pensándote de una y mil maneras, extrañándote y pidiendo desde el alma uno solo de tus abrazos,  caminé a mi destino, regresé, preparé mi café y con mi pan dulce continúe saboreando tu recuerdo.

Lloraba, reía y me preguntaba si realmente tendrás la certeza de que te fuiste, sintiéndote yo tan mío, tan cerca. ¿Cómo podrías creer que te fuiste si eres tan mío, si tu recuerdo es tan nítido que al acariciarte con el pensamiento siento la tibieza de tu piel? ¿Cómo podrías creer que no eres mío si cuando te sueño y tus besos aún tiene ese dulce sabor, tus labios aún se sienten hechos a la medida de los míos? ¿Cómo podrías creer que no estás aquí si aquella sudadera olía a ti, abrazaba mi espalda y mi pecho como lo hacían tus brazos?

¡Imposible! Estás aquí, eres omnipresente porque en el tiempo y el espacio podrás estar en otro lugar, podrás creer que te fuiste pero en mi mundo, sigues siendo mi fuerza, mi inspiración, sigues siendo ese recuerdo que me llena de esperanza y que en momentos de dificultad me da refugio y hasta escucho tu voz diciéndome que todo estará bien. Tú eres evidencia de esa cualidad divina de que el amor nos hace trascender en otros, que amar es la mejor posibilidad para pasar el tiempo mientras la muerte llega, mientras la vida pasa.

Así, mi noche pasó, no trabajé en mis pendientes, únicamente rumié una y otra vez nuestra historia, los lugares, los sabores, los olores, las texturas, las sensaciones, mi mirada perdida en tus ojos, mi nombre en tus labios: Azul, era tan lindo escuchar mi nombre en tus labios que aún escucho tu voz pronunciándolo en esas noches de insomnio en las que los recuerdos me arrullan.

Así, pasan mis días, con la certeza de tu omnipresencia, aquí tengo lo que necesito de ti… Te Amo…

De visita en el pasado

de visita en el pasado3

A veces acercarse a esos lugares del pasado, donde se dejaron impregnados un sinfín de recuerdos es un riesgo innecesario. Hace muchos años y muchos kilos, viví una gran historia de amor que aún da esperanza a los peores momentos de mi vida, permitiéndome rumiar aquel pasado que con solo cerrar los ojos evoca un ligero y efímero sabor a paz.

Ese escalofrío que recorrió mi piel cuando me acerqué a aquel lugar, mi mirada se nubló y los recuerdos se desbordaron como lágrimas al estacionar mi auto, en ese momento, mi auto era el único refugio que me parecía seguro, ahí con un llanto desbordado recorrí una a una varias de las historias ahí vividas. Ahí encontré había encontrado el valor de vivir, el valor de ser, el valor de amar, el valor de creer hasta en lo más absurdo pero que me daba felicidad y plenitud.

Pero un día la despedida fue tajante, sin posibilidad de reencuentros, sin posibilidades de nuevas historias, y con ella, con esa despedida, una parte de mí se acabó, una parte de mí se murió con el final de nuestra historia de amor… justo es esa parte que, cuando te extraño, extraño de mí… Sí, extrañarte es evocar aquélla que fui a tu lado, aquélla que se creía capaz de pelear contra todo por los sueños, aquélla que creía que actuar bien, con pasión, con entrega daría los resultados soñados.

La vida es disciplina, trabajo… – decías – La vida es el “extra” para que lo ordinario se vuelva EXTRAordinario. No es cierto, mentiste. Eres una mujer inteligente y talentosa –me juraste – No, mentiste y si lo fuese, no sirve de mucho ahora.

Y no sabes el ahogo que se siente, la terrible opresión en el pecho al necesitar tanto tus palabras, tus brazos y al mismo tiempo, sentirme perdida y vulnerable y creer que si te veo la poca estabilidad que queda en mi mundo se desmoronará…

Y en aquellos años Benedetti siempre fue cómplice, tenía orden en las palabras para traducir nuestros besos y nuestras lágrimas. Cada poema compartido recostados en el pasto, cada cuento descifrado en compañía, Así… este poema fue nuestra despedida:

Chau número 3 – Mario Benedetti

Te dejo con tu vida 
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres

Hoy mi vida es un caos, hoy el miedo me acorrala, la tristeza me vulnera y ni mi trabajo, ni mi gente dan esa paz que necesito. Hay días en que cada puesta de sol me lleva al deseo de querer dormir y no despertar; cada amanecer me cuestiona ¿para qué? ¿para dónde?

sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro

¿Confianza? La traición demerita cualquier signo de confianza… los amores suicidas que a ciegas creen y se inmolan han devastado la confianza depositada en un sueño, la confianza de otros en mi sueño. Nada más imposible que creer que la realidad se construye con esfuerzo, trabajo y disciplina, la realidad, es, sólo es. Hoy, más insegura que nunca, hoy más vulnerable que nunca.

te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota

Descifrarme me llevó a aceptar que sin ti no soy, y sólo anhelo las respuestas sabias que en cada charla teníamos, y sólo añoro que La Promesa sea cierta y un día, en la eternidad encuentre tus brazos.

te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía

Tus dudas siempre fueron mis certezas, tu mundo daba sentido a creer en aquella Azul, aquella que derrotaría invencibles, que se coronaría de gloria no ante el mundo, sino ante su corazón y sus sueños.

pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono

Debí escucharte, debí tatuarlo en un lugar visible, ser cauta, saberme transparente y vulnerable de aquella oscuridad que no conoce de lealtad y verdad. Jamás me he sentido abandonada, has estado en cada noche en la que el insomnio me atormenta, en cada día en el que las preguntas sin sentido me aturden, en cada instante en el que intento creer que vale la pena continuar.

estaré donde menos lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos

Así ha sido, has estado en aquel cardenal rojo que en un día cualquiera se atraviesa en mi camino, en aquella frase de Benedetti que sin contexto se aparece en mi mundo, en aquel hombre con el que aún sin intención termino comparando contigo, en aquel sueño de encontrarte después de los días…

estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra

En un lejano horizonte… en mi sombra… ¡TE NECESITO!

estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen

Nadie, ninguno como tú. Ni antes ni después de ti me he sentido amada y plena. Ninguno de aquellos que me siguen con el valor de enfrentarse a una mujer como yo, compleja y simple, apasionada y apacible, intensa y débil. Mucho menos aquellos pobres hombres que creen que sólo soy una mujer frívola dispuesta al sexo de ocasión.

y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

En mi sueño, en mi vida, en mi mundo… Nada ni nadie más presente y ausente en mi mundo, nadie como tú que sin estar es el único hombre que da paz en sus palabras (recuerdos), que despierta el deseo y la pasión en la fantasía (de recordarte), nadie como tú…

 

Celebrar la vida

celebrar la vida 3

Hacer del amor un signo de vida, disfrutar el placer como una celebración de vida, de hacer vibrar cada célula del cuerpo es vida… han sido tantos años desde aquella primera vez, desde aquel entonces en el que la juventud y la inexperiencia nos hicieron reconocernos en el amor, en el placer. Recordar aquel tiempo evoca nostalgia, sonrisas, placer… juntos a la distancia, en la historia compartida, juntos.

Hoy los pretextos sobran, las oportunidades faltan y así robamos al tiempo un espacio para disfrutar, para celebrar la vida, intentando resguardarnos en la privacidad de una habitación, con el celular apagado y desconectados del mundo, inventando una historia haciendo de ese lugar nuestro mundo. Una botella de vino, dos copas, nuestra conversación y una cama son suficientes para esta noche, para perfeccionar el ritual del amor que tantos años hemos practicado.

Las trivialidades del día a día son siempre la primer conversación, las intensidades de nuestros días, los sinsabores y las alegrías, esas que podemos rumiar una y otra vez mientras entre sorbos de vino y caricias atemperamos el ambiente. Evocamos recuerdos, de aquellas épocas en las que juraríamos devorar el mundo y terminábamos siendo devorados por él; recuerdos de aquellos momentos en los que un beso en la oscuridad representaba más, mucho más que lo que a la luz el mundo pudiera opinar.

Nadie como tú ha recorrido tantas veces mi piel, nadie como tú pude decir que conoce mis lunares, mis pecas, mis cicatrices, mis defectos y talentos, nadie como tú ha recorrido el lienzo de mi piel haciendo suyo cada centímetro. Nadie como tú ha secado mis lágrimas una tarde cualquiera donde el mundo me acorrala y acobrada; nadie como tú ha secado el sudor de mi frente cuando exhaustos sobre la cama nos rendimos al amor; nadie como tú hace el amor a la medida de mi corazón.

Así, en ésta como en las otras noches, el vino, el escenario y nuestro amor nos han conquistado una y otra vez para hacer el amor hasta caer rendidos, hasta reconocer con humildad que los años han pasado y los kilos se han quedado, hasta disfrutar incluso el último aliento de una noche que nos pertenece desde la juventud.

Es imposible no sonreír al escribir este texto, es imposible no enumerar una a una las veces que hemos estado juntos, reconocer en ti un fiel cómplice para el aprendizaje compartido, un fiel amigo para entender el amor, un buen amor para entender la amistad. ¿Cómo ha pasado tanto tiempo? ¿Cómo ha mutado todo lo que inocente inició en aquella juventud que ahora parece lejana?

En cada noche nuestra, de éstas en las que celebramos la vida entre caricias, besos, sensaciones, descubrimos que el amor sí se hace, sí se perfecciona, sí se aprende, sí se construye… hacer el amor por tantos años ha sido más que el instante del sexo placentero, hacer el amor ha sido compartir la cama bajo las sábanas discutiendo el futbol, hacer el amor ha sido disputar el último trago de vino antes de dormir, hacer el amor ha sido esa paz en tu pecho mientras se recupera el aliento.

El amor que nos une parce eterno, parece fraterno, parece íntimo… el amor que nos hace disfrutar la conversación, los tragos, el sexo, la ducha, ese amor nos hace ser más que sólo buenos amantes  para siempre, es ese amor que se necesita para celebrar la vida.

FCE… te quiero…

Deseo…

El otro día una casualidad de esas demoniacas, me hizo encontrarme en la calle, auto a auto con aquel protagonista de los primeros relatos de este blog, él iba acompañado, supongo que por alguien que tuvo más que yo, por una mujer que le alcanzó para ser alguien (no nada) sin tener que ofrecerse como mercancía en una tienda de saldos. 

Hoy, una casualidad de esas perversas, lo trajo a mi memoria por una conversación, y creo que hoy puedo decir con certeza que no lo amé. No, no pudo haber sido amor cuando hoy lo recuerdo con tanto rencor. ¿Cuántas veces hemos dicho que cuando en verdad se ama, se le desea lo mejor al ser amado? Hoy yo no, no le deseo lo mejor. 

Si me lees, quiero decirte que:

Deseo que cuando más paz creas tener en tu vida, algo te vulnere, algo que te haga rememorar cada una de mis lágrimas y en ellas intentes ahogar mi recuerdo. 

Sin duda, hoy siento cómo hierve mi sangre, cómo me arrepiento de aquella historia y cuánto deseo que un día tu piel se erice con el recuerdo de mis labios recorriéndote, que tus labios, tu cuello y tus hombros evoquen la sensación de mi lengua dibujando aquellos trazos del placer en aquellas noches robadas a la realidad.

Deseo que una noche, en medio del insomnio mi nombre llegue a tu memoria, que tus recuerdos dibujen la silueta de mi cuerpo desnudo recostado sobre la cama, que evoques el contorno de mis piernas fuertes, mis caderas y mis pechos dispuestos para el placer intercambiado por esperanzas de amor. Así, que recuerdes: mi piel tibia, húmeda deseosa de la sensación de tus manos recorrerme. 

Deseo que mi recuerdo se instale en un pensamiento, en ese instante en el que sobre tu cama exhausto luego de un mal día intentes  conciliar el sueño. Que recuerdes lo tibio de mi aliento hablándote al oído, la textura de mi lengua jugando en tu oreja mientras mis manos comenzaban un sutil recorrido por tu espalda. 

Deseo que ahí  sobre tu cama, exhausto por tu día al cerrar los ojos mi recuerdo te invada, tu cuerpo me imagine, tu deseo me necesite… Ahí, sobre tu cama recuerdes mi  voz, mis mensajes a la distancia, todos aquellos relatos compartidos en privado para luego convertirlos en un Momento Azul, que me recuerdes y mi voz penetre en tus oídos, que haga eco en tus pensamientos, que, al igual que aquella sensación que con mi lengua en la comisura de tu boca despertaba el deseo, así, que mi recuerdo en tu memoria me necesite en tu cama.

Deseo que el placer inventado con mi recuerdo te haga sentir vacío, te haga perderte en el mundo de sombras que dejaste, te haga hundirte en el mar de lágrimas que en tu nombre derramé. Que mi recuerdo y las sensaciones que en mi nombre evocaste te recuerden tu cobardía, tu hombría puesta en tela de juicio en aquel primer encuentro, tu madurez de hombre puesta en duda con tus desplantes de niño.

Deseo que un día, cuando más paz necesites, mi recuerdo te perturbe…

Nostalgia

nostalgia

Aunque me resulte doloroso aceptarlo muchos días sobrevivo pensando que nuestros besos fueron verdaderamente nuestros. Triste, pero te extraño, peor aún: te añoro…  hay días invadidos por una gran nostalgia, nostalgia por lo que fue y quise creer que fue real, por lo que no fue, por ti, por tus labios, por esa sensación de sentirme entre tus brazos.

Y es que tú eres esa esquizofrenia de perderme entre personajes y realidades, entre creer que hubo algo, que fuimos “alguienes” en nuestras vidas. Porque así tuvo que ser, me resisto a creer que no lo fuiste, si no ¿por qué ese día te apareciste de la nada, cruzando la ciudad sólo por un beso? ¿Fue real? ¿Lo imaginé? Si fue real, ¿qué pasó después? ¿ en qué me perdí?

Y es  que hay días más difíciles que otros, hay días en los que el ego y el recuento de encantos se enfrentan contra la Realidad Azul, hay un momento en los que me resulta inevitable preguntarme una y otra vez qué pasó, en qué me equivoqué, por qué…  y vuelvo a rumiar esa ilusión de que aquellos besos realmente fueron nuestros, desde los labios, el pensamiento y el corazón, y me aferro a la esperanza de querer creer que sí lo fueron.

Pero en medio de esa nostalgia, en medio de esa añoranza me torturo preguntándome si tu mente estaba conmigo en esas deliciosas tardes y noches de pasión, si tus manos recorrían mi cuerpo pensando en mí, si tu boca, tus labios recorrían mi piel descubriendo un nuevo sabor o sólo buscaban olvidar otro, compararlo con otro sabor… Si era yo quien te hacía explotar de placer o eran tus recuerdos, tus pensamientos y el evocar otros momentos…

Me duele porque supongo que si te habría sentido mío no me atormentarían esos fantasmas. Te pienso, te extraño y me duele… porque por más que quiera creer que fui tuya y tú mío, al final el vacío que siento traducido en incontenibles lágrimas que me lleva a una soledad que dibuja mil fantasmas en esta historia, una ilusión, en toda la extensión de la palabra ilusión, de imaginarme amada por ti.

Es una nostalgia que se clava en el pensamiento,  ahí evoca los recuerdos, los organiza y los confronta como imaginarios o reales. Los que asume reales los reta a pensar si ese recorrido de tus labios por mi boca, por mi cuello realmente fueron sobre MI boca y MI cuello, MI cuerpo…

Es una nostalgia Sin Sentido que evoca una realidad que sólo me perteneció a mí, es una nostalgia que sin duda Mario Benedetti tiene la forma correcta de describir:

“¿De qué se nutre la nostalgia?”

Uno evoca dulzuras

cielos atormentados

tormentas celestiales

escándalos sin ruido

paciencias estiradas

árboles en el viento

oprobios prescindibles

bellezas del mercado

cánticos y alborotos

lloviznas como pena        

escopetas de sueño

perdones bien ganados

pero con esos mínimos

no se arma la nostalgia

son meros simulacros

la válida la única

nostalgia es de tu piel.