El amor y los años

los años y elamor

Sin querer el destino nos llevó al mismo lugar que hace muchos, muchos años fue escenario de los inicios de nuestra historia de amor… en aquel entonces, sin la intención de convertir a la noche en una entrega de amor apasionado, sólo  vivíamos la plenitud de nuestra juventud, disfrutábamos aquel amor que se come a puños, que se bebe sin límite. Éramos jóvenes enamorados de nuestra historia, de la vida; dibujábamos un futuro juntos de esos que no se prometen pero se sueña.

Aquella noche, también fue una “casualidad” la que nos llevó ahí, y recuerdo con tanta precisión mi atuendo, recuerdo lo agotados que veníamos de una fiesta y que era necesario un lugar para recobrar fuerza y cordura para llegar a casa. Yo vestía elegante, ya para entonces el maquillaje había sido borrado por el sudor de una gran noche de baile.

Ahora, esta noche, la plática inagotable que cotidianamente nos convoca, sugería un lugar más íntimo en dónde reír y llorar sin miradas que nos cuestionaran. Ya no era necesaria la elegancia, ni el maquillaje, luego de tantos años conoces las pecas que resplandecen en mi rostro con los rayos del sol, las ojeras que se marcan al caer la noche, sabes lo placentero que me resulta vestir jeans y playera con zapatos cómodos. Esta vez, el amor ya no era eufórico pero sí intenso, ya no era apresurado ni temeroso, ahora era pausado y temerario.

¡Qué delicia! porque cuando llegamos, ese flashback me robó una sonrisa, porque aquellos rumbos ya no eran los mismos y con sorpresa y nostalgia nos reconocimos mayores, el cálculo inevitable de cuántos años hemos pasado juntos nos hizo rehenes de un sinfín de recuerdos evocados por aquel lugar, reímos recordando viejos tiempos, aquella vez, evocamos nuestra inexperiencia que de sobra se compensaba con el gran amor que nos teníamos (tenemos).

Entramos,  comenzamos a disfrutar los tragos que llevábamos para la ocasión, nos quedamos por un par de horas recostados en un sillón, haciendo eterna esa conversación que nos une. Dimos tiempo a que los recuerdos se asentaran, tiempo para disfrutarnos en la caricia sutil que nos hacía conquistar cada instante de la noche. Reíamos, retados por los recuerdos esos que sin querer brotaron de una caja de pandora cuando llegamos ahí, enumeramos historias, vivencias, lugares, momentos, esa historia sin fin que nos hace ser amantes eternos.

Fueron momentos deliciosos… una vez vencida la nostalgia y superado el recuento de los años, nos besamos con el deseo y el amor que ni el paso del tiempo ni otros personajes han podido borrar, nos besamos en nombre de los recuerdos, con la ilusión del futuro, pero sobre todo, con el placer compartido de un presente juntos, de noche nuestra. Así, ahí sobre el sillón en instantes recorriste mi cuerpo sobre la ropa, apropiándote de mis sensaciones, reconociendo la silueta de mi cuerpo, la temperatura de mi piel, todo lo que de memoria  y por demás conoces.

Entonces, con la experiencia y el amor acumulado con los años, seducías mi mente en cada sensación, hacías desaparecer la ropa con sutileza, sin prisa y con destreza, hacías el recuento de lunares y pecas, reconocías que pese al paso del tiempo y los kilos ahí seguían, como entonces, como siempre. Trazabas sobre mi piel con tus dedos el recorrido que tu deseo dictaba, el recorrido que topaba con cicatrices y marcas de la vida, el recorrido probado que una y otra vez has transitado.

Certero, reconociendo el lienzo de mi piel que tantas veces has devorado, reconociendo en el paso de los años la veteranía que nos hace disfrutar del amor, disfrutamos nuestra noche haciendo el amor una y otra vez, tocando el cielo, jugando con las estrellas, estrujando los sueños, evocando recuerdos, reconstruyendo el futuro.

Así pasaron las horas, hasta que nuestros cuerpos desnudos, exhaustos bajo las sábanas volvían a quedar en pausa, volvían a quedar impregnados con la esencia de nuestro olor, de nuestro amor. Escuchamos música, de entonces y de ahora, reímos y dejamos que la nostalgia se transformara en lágrimas, nos acariciamos con ternura sabiendo que el amanecer estaba próximo, sabiendo que un baño tibio, como siempre, nos haría disfrutar nuevamente del roce de nuestra piel, que besarnos bajo el agua era una sensación deliciosa que dejaba, nuevamente, en pausa nuestra historia… y como siempre, el amor y los años siguen jugando a nuestro favor.

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Hambre de amor

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Como cada encuentro es un tiempo de magia y pasión que buscamos hacer eterno, el instante en que el destino nos convoca con tiempo para disfrutar el ambiente se impregna de un aire cálido, del olor de tu piel, del sabor de tus besos. Así, como otras noches, era nuestro tiempo, ese que hacemos nuestro cerrando los ojos al mundo, ese que buscamos con ansia en medio de la absorbente cotidianeidad que de momento nos aleja tanto.

Un par de cervezas iban bien para la ocasión, el ambiente era caluroso y la noche apenas comenzaba a caer. Había tiempo para beber unos tragos mientras recostados sobre la cama conversábamos de esas trivialidades que avanzan con el día a día… Bebíamos con prisa sabiendo que el tiempo pasaba, disfrutando el sabor fresco de la cerveza pero queriendo sentir el arder de nuestros labios en aquel primer gran beso de la noche.

Yo vestía un ajustado pantalón de mezclilla y una blusa negra, atuendo que ayudaba a hacerte apetecible mi silueta. Me levanté de la cama, dejé mi bebida sobre el mueble, solté mi cabello y jugué con él frente al espejo donde tú te reflejabas a la distancia. Me quité los zapatos y me acerqué a la orilla de la cama en donde te encontrabas sentado. Me tomaste por la cintura llevando mi cuerpo hacia ti, me observabas con deseo, con hambre de amor, tu mirada me desnudaba y tu imaginación recorría milimétricamente mi piel.

Me tomaste con fuerza, recorriste mi espalda, mis caderas. Me incliné para besarte. Tus manos ansiosas se abrían paso entre mi blusa, primero disfrutando la seductora sensación del recorrido sobre la tela, avanzando sobre una textura delicada que semejaba la tersura de mi piel, recorrías mi vientre y avanzabas hacia mi pecho, con una mezcla de sigilo y descaro por apropiarte de mi piel, de cada una de las sensaciones que despertabas en el recorrido.

En un instante hiciste desaparecer mi blusa y todo lo que obstaculizara tu camino. Observaste mi pecho desnudo, te separaste un poco de mi cuerpo, veías mi espalda reflejada en el espejo y frente a ti mi piel ardiendo en deseo, mi corazón excitado palpitando y diciéndote en cada latir “te quiero…”

Había silencio en la habitación, la conversación que hacía apenas unos minutos compartíamos en la cama, había enmudecido, nuestras miradas hablaban, nuestros besos gritaban, las caricias dictaban las indicaciones precisas para saciar nuestra hambre de amor. Un sutil recorrido de tu lengua sobre mi piel era el atinado trazo que guiaba el placer, devorabas con hambre y deseo mi cuerpo…

En un movimiento te recosté sobre la cama, así, encima de ti, mientras acariciaba tu cabeza y jugaba con tu cabello, dejé que tus labios y tu lengua siguieran disfrutando el sabor de mi piel, que tu olfato inhalara mi olor, mi perfume, que tus manos jugaran con mi cabello… ¡Qué delicia!

A ojos cerrados las sensaciones recorrían mi cuerpo por completo, el roce tibio de tu lengua en mi pecho y tu cálido aliento recorría cada centímetro de mi piel, internándose en mis pensamientos alentando el deseo de que devoraras mi cuerpo completo.

Mis pensamientos eran tan fuertes que los escuchabas, mi deseo era tan ardiente que el recorrido de tus labios sobre mi piel, te dictaba el camino. Me recostaste y con talento de experto mi ropa quedó perdida sobre las sábanas. Tu mirada me hablaba, mis ojos te respondían; tus manos se apropiaban de mi piel y así, con hambre de amor, devoraste cada centímetro de mi cuerpo desbordando en mí el éxtasis del placer…

 

 

Sabor a Realidad

 

Habíamos pensado que el día jamás llegaría. Estaba nerviosa, emocionada, ansiosa. Decidir el atuendo que vestiría era complejo, no tenía certeza del plan que llevabas en mente aunque sentía que era cercano a lo que pasaba por mi cabeza. Así que el atuendo debía ser algo práctico, simple y sensual… algo que de sólo verme te hiciera confirmar que tu cortés invitación había sido un acierto.

Me di un baño tibio y me vestí. Lencería en color negro, lisa, sin encaje, lisa y sedosa.  Un vestido rojo quemado a media pierna y zapatos altos en color negro. Aceite con esencia de violetas en todo mi cuerpo, especialmente en mis piernas para que las hiciera lucir, un toque de perfume en mi cuello y maquillaje sencillo y discreto, salvo los labios, los labios en color rojo pasión con un toque de gloss que los hiciera irresistibles al momento de saludarte.

Acordamos vernos en un punto, dejé ahí mi auto y subí al tuyo. Dentro de auto me dijiste que te parecía hermosa, acariciaste mi pierna y besaste mi mejilla, muy cerca de mi oreja.

Nos dirigimos a una cabaña un tanto un tanto retirada del punto de reunión. Era un lugar hermoso, en medio de una zona boscosa, donde el olor a bosque, a madera y la neblina fresca favorecían la escena. Dentro de la cabaña, sobre la mesa, dos botellas de vino espumoso, una charola con quesos y carnes frías; una gran cama cubierta por una sábana blanca y un delicioso aroma a madera impregnado en el lugar.

Entramos, te observé, me pareciste mucho más atractivo que otras veces, me abrazaste y en ese abrazo llegó el beso que otras ocasiones se había quedado en la imaginación, ese beso apasionado que nos hacía evocar aquellos relatos compartidos en noches de insomnio…

Abriste el vino, compartimos dos copas y, luego de un rato de charla, me sugeriste entramos al jacuzzi, así con naturalidad nos acercamos al él que burbujeante nos aguardaba y nos desnudamos. Entramos y fue el primer roce de nuestros cuerpos, fue el primer contacto real de nuestra piel, tal como lo habíamos imaginado: ¡delicioso!.

En el jacuzzi me observabas seductoramente comparando aquella imagen que en la Fantasía te habías hecho de mí contra la imagen real que tenías a tu lado. Tu mirada era deliciosa, excitante, con sólo verme encendías el deseo por hacer de aquella noche, nuestra noche. No era necesario que habláramos, que me dijeras qué pensabas, tu mirada me seducía de una manera muy natural.

No besamos, jugamos con el roce de nuestras piernas, te acaricié completo con mis manos bajo el agua, era un recorrido instintivo, un recorrido placentero para mis manos y mi imaginación. Disfrutamos mucho, no sé cuánto tiempo pasó… salimos del jacuzzi y ahí frente a la cama nuestros cuerpos escurrían mientras en un beso nosotros entrábamos en calor para elevar nuestra temperatura de nuestra piel y no temblar de frío.

Nos envolvimos  en una toalla y regresamos a la mesa a compartir nuevamente un poco de vino. Bebimos, platicamos y en un instante me deshice de la toalla que cubría mi cuerpo, me acerque a ti, te besé y acaricié tu cabello, te tomé de la mano y con nuestras copas de vino llenas, nos dirigimos a la cama.

Ahí, desnudos y con la piel aún poco húmeda, jugué en tu dorso, dejaba caer gotas de vino para después perseguirlas con mi lengua. Estabas recostado boca arriba, casi sentado, así jugué en tu pecho, tus manos y tus brazos, así reté el deseo contenido en ti de tiempo atrás, poco a poco sentí cómo tu cuerpo atendía mi reto, cómo tu cuerpo daba señales de que mi juego era placentero…

Regresé a tus labios sólo para asegurarme en un beso que aprobaras el camino que mi deseo trazaba, para​ que en un beso avalaras el recorrido que iniciaría… bajé nuevamente, despacio, jugando con mi lengua, mis labios, mi aliento, mis manos, mis senos, con el vino y con  todo aquello que te hiciera disfrutar…

Bajé a tu abdomen, besé tus ingles, mordí suavemente apenas apretando con mis labios. Mi mirada buscaba tus ojos esperando leer en ellos que disfrutabas, buscando en ellos encendida la luz del placer. Tú me observabas perdido en las sensaciones que mis labios te provocaban, sentías el cadencioso recorrido de mi lengua, la sincronía de mis labios haciéndote disfrutar, el calor de mi aliento y la humedad de mi boca confundirse con la tibieza de tu piel y el sabor del placer.

Fueron minutos intensos, plenos, tal cual lo habías imaginado, quizá mejor, mucho mejor de lo que en tu Fantasía habías creído. El recorrido certero de mi lengua, la sincronía atinada de mis labios, el roce de mis senos en tu piel, mi mirada y mis expresiones comunicándote cuánto te disfrutaba,  hacían incontenible la sensación de explotar de placer en un instante…

Delicioso… regresé a tu pecho, lo besé y luego fui a tus labios… sólo rozándolos, sólo un beso sutil que ayudará a recobrar la paz, para luego decirte al oído que fue sensacional el sabor a Realidad…