¿Qué hacer con una mujer muy Azul?

…mi intensidad y pasión es algo que relato tras relato queda en evidencia. Noche tras noche, cuando escribo, me pregunto si será tan difícil saber qué hacer con una mujer como yo, una mujer muy Azul, y llego a la conclusión de que sí, sí debe ser una complejidad, por eso hoy, sencillas recomendaciones para aquellos que quieran saber ¿Qué hacer con una Mujer Muy Azul?

  1. No me mientas, bajo ninguna circunstancia acepto las mentiras. En el primer relato que escribí (¿Quién soy?) describí que la vida, entre lágrimas y risas, me ha enseñado a negociar los sueños e ilusiones con la realidad. Mi apuesta siempre será al amor, a ese amor que supone entrega auténtica, entregar un pedacito de alma en una sonrisa, entregar mi esencia en una caricia toque el corazón, entregar el sabor de mi mundo en un beso… pero también he aprendido a negociar ese sueño con la realidad, a veces no me alcanzan los encantos para esa historia de ensueño. No me mientas, no disfraces de “tequieros” el deseo de poseer mi cuerpo por una noche.
  2. Sé muy hombre. En un relato escribí acerca de esto (Un hombre HOMBRE). Un hombre para mí pertenece a la categoría gramatical de adjetivo, no de sustantivo y por tanto, indica una cualidad. Un hombre sabe tratar a una mujer, entiende la delicadeza de una caricia que despierte en ella el más intempestivo deseo por hacer el amor; entiende cuando no se necesita una noche de sexo agotador, sino de unos brazos tibios que reconforten el día y den oídos atentos a mis sinsentidos. Detesto a los machos, los aborrezco y, desafortunadamente, los conozco, tristemente más de lo que quisiera.
  3. Entiende que soy más que una mujer atractiva y seductora. Sé mis encantos, sé hacer uso de ellos, disfruto del erotismo y la sensualidad como de la vida misma, pero soy más que solo un cuerpo ardiente en busca de historias. En otro relato escribí para aquellos que suponen sería capaz de enloquecerlos entre besos y caricias, que hay ocasiones en las que subastaría los besos y las caricias de mis historias por ese amor que me haga entregarme sin preguntas ni respuestas. Soy más de lo que ves, mucho más.
  4. Atrévete a conquistarme. No necesito mariachis a la puerta ni una joya ostentosa. Conquístame, descifra el lenguaje de mis manos jugando con mi cabello, reconoce el mensaje tácito de mis relatos, róbame del mundo y hazme tuya. Atrévete a despertar los demonios del amor, esos que me hacen devorarte a besos en una noche de pasión y reconquistarte día a día con sencillez de un beso que apenas toque tus labios. Atrévete a despertar mis demonios, porque te prometen el cielo.
  5. Hazme el amor como nadie. Escribe conmigo una nueva historia, sin fantasmas, sin sombras. Bésame los labios haciendo que la sensación apague los pensamientos que evocan recuerdos, haz ese beso infinito en su recorrido. Desnúdame diciéndome que te gusto, devorándome con la mirada, reconociendo el cuerpo que has imaginado tuyo. Acaríciame acompañando ese beso infinito, recorre con las yemas de tus dedos mis labios, mi cuello, mis hombros, mi pecho, toma mi cintura y abrázame a ti. Déjame sentirte lentamente, déjame hacer eterna la sensación de pertenecernos…

Una mujer muy Azul no es cosa fácil, una mujer Azul sueña con el amor, se rinde al placer que inicia un beso o una caricia, teme la soledad. Una mujer muy Azul disfruta la sensualidad y la seducción pero eso no la hace ser una mujer fácil. Una mujer muy Azul es la tentación de muchos pero el atrevimiento de pocos…

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Soledad y silencio

A veces es necesario hacer una pausa, dar tregua a la realidad para asimilarla, para aceptarla por más devastadora que parezca… a veces es necesario dar oídos al silencio, ese que desde la soledad habla, ese que en medio de la nada evoca recuerdos y nostalgias. Un silencio que se apodera de la mente, del tiempo y el espacio, que encuentra en una foto rostros que hablan y cuentan historias, que en una prenda que aún conserva el aroma de aquella aventura, que en un libro esconde entre sus páginas una carta, ese silencio que tiene tanto qué decir.

Ahí, en esa soledad, en ese vacío de todo y de todos, inicia la reconstrucción, inicia el recuento de las pérdidas y la asimilación de la vida, esa que continúa, esa que sigue sin preguntar si quieres o no, si te duele o no, esa que solo te empuja para entender que hay que fluir. Entonces las lágrimas emanan de la nada, de día y de noche, se convierten portavoces de recuerdos, sueños e ilusiones.

Y es que entonces no hay para dónde huir, no están esos brazos tibios que sin palabras podrían decir tanto, no están esas manos fuertes que son capaces de la más tierna caricia, no están esos labios que sin pronunciar palabra alguna saben dar consuelo y calma en los momentos de arrebato y tristeza. Y el silencio es cada vez más ruidoso, porque desde ese silencio la soledad es fría, es dura, es inclemente y sólo me enfrenta con un pasado de tropiezos y errores, con un futuro incierto que se aferra a las esperanzas más ilusas por mera necesidad de supervivencia.

Y la soledad se vuelve cómplice del silencio, sola envuelta en recuerdos y añoranzas; sola  en medio de retos que juran regresarme a la vida. ¿Dónde estás? ¿Por qué no vienes y besas mi frente para calmar mis pensamientos?¿Por qué no vienes y en un beso devoras mis miedos? ¿Por qué no recorres mi piel como entonces y volvemos a creer en el amor?

Ven, recuéstate a mi lado, déjame estar sobre tu pecho y arrullarme con el latir de tu corazón, ayúdame a callar todo lo que el silencio murmura desde mi soledad. Ven, vuelve a contar los lunares en mi espalda, las pecas de mis hombros y mis mejillas. Ven, recorre con tus labios mi piel y seca las lágrimas que a caudales se desbordan extrañando tu presencia. Ven, recorre con tus manos mi espalda, en un camino pausado y seductor que venza el silencio que grita el triunfo de tu ausencia.

Ven, no quiero más, quiero tu presencia que calle al silencio, quiero tus labios que conversen con mi piel, quiero tus manos que acaricien mi alma, quiero tus ojos reflejando mi mirada, quiero tu voz rompiendo el silencio, quiero tu presencia que me haga sentir menos sola… Quiero creer  en el amor, quiero creer que aún hay tiempo para vivir…

Escribir para existir

Hay días más tristes que otros, días en los que te duermes triste y despiertas triste, días que despertar es sólo un signo biológico de que hay vida aunque no necesariamente se viva.

Hay días en los que la desesperanza se ve, se huele y se toca. Días en los que la tristeza se comparte en las miradas de otros, esa tristeza que no se confiesa pero se siente, que basta con que las miradas se crucen para que entre lágrimas se entienda el mismo sentimiento.

Hay días en los que lo que más amas te parece lejano, quizá ajeno. Eso mismo que siempre has considerado tu fortaleza es lo mismo que en una palabra se convierte en la más grande debilidad, en el momento más vulnerable del día.

Hay días en los que resulta inevitable hacer un recuento del tiempo, de aquellos que prometieron siempre estar y no están, de aquellos que habrías querido nunca se fueran y se han ido, de aquellos que aún no entiendes por qué existen pero cohabitan en tu mundo.

Hay días en los que la Fantasía no alcanza para evadir la realidad, en los que Ser Azul es insuficiente porque para algunos soy únicamente una mujer frívola, dispuesta para el placer del sexo apasionado, y Ser Azul es más que eso, mucho más.

Hay días en los que los pensamientos se arremolinan y aturden, en los que la mente se cansa de pensar en por qué la traición, por qué las medias verdades con sabor a mentiras completas, por qué la oscuridad ha vencido y este sentimiento de derrota me tortura.

Pienso, pienso y sigo pensando. Pasa el día buscando en realidades virtuales esperanzas, en mundos intangibles algo más alentador, convirtiéndome en aquella Azul que está al alcance de algunos, porque es la única que podrían tener…

El día pasa, entre Alter y Ego en una lucha de poderes, en una lucha de fuerzas que describen esa dualidad de mi mundo interior: Ser Azul la fácil, resulta muy difícil; Ser Azul la compleja, resulta más fácil porque “controla” la fantasía.

Qué diera porque esta Azul, a la que se le nubla la vista al escribir este texto en el teléfono, sola desde su cama, pudiera estar en los brazos de aquel hombre con quien verdaderamente se sintió amada; qué diera porque aquella Azul la que muchos imaginan atractiva y seductora pudiera conquistar a un Hombre a través de sus fantasías.

El mundo está loco, duele ver la injusticia, duele ver lo ilógico, duele  a ver la muerte de cerca, invadir mundos que no debiera tocar. Duele lo inhumano en tantos actos del Ser Humano.  Y en medio de este caos, llegan a mi mente más historias y  no acepto la muerte, no acepto la enfermedad en los que amo, aún me resisto a creer que es sólo cuestión de tiempo para que el mal invada un cuerpo lleno de fortaleza, lleno de amor. Por qué? Por qué?

Son días tristes, en los que el peso de los años y los kilos se duplica cuando se sopesa en lágrimas, en impotencia, en frustración. Son días tristes porque el tiempo es tan relativo que no sabes en qué momento es el final. El tiempo es tan relativo que este blog me permite vivir semanas por adelantado, me permite ir al pasado y saborear las historias de ayer, ir al futuro e inventar la Fantasía de una próxima noche -que tal vez no llegará-.

Entonces, escribir es la única opción, el único momento que encauza las lágrimas y las convierte en palabras, el momento que atrapa los sinsentidos convirtiéndolos en relatos, el único momento en donde Ser Azul es la única posibilidad de ser algo, de ser alguien…

 

Siempre amigos…

amigos

El amor trasciende, a veces como un amor para la eternidad y a veces como una amistad eterna. Estos días he pensado mucho en ti, en aquellos viejos tiempos de nuestra época preparatoriana, donde sin recordar con precisión el cómo y el  porqué, fuimos novios. ¡Qué bonito era! En verdad que lo recuerdo con nostalgia, con la sonrisa de aquellos tiempos donde crecimos juntos, donde jugábamos a ser grandes y compartíamos locuras propias de la época.

Sin duda, fuiste alguien importante en mi vida, sin duda el único hombre con el que alguna vez imaginé casarme, fueron muchos años juntos, no sé 7 u 8 años en los que compartimos tanto… qué bonita fue esa época donde pasábamos tanto tiempo juntos, tratando de inventar el mundo, tratando de escribir una historia.

La vida nos fue llevando por caminos diferentes pero siempre juntos, siempre cómplices, siempre dispuestos para esos momentos de soledad que sólo se pueden compartir con alguien que conoce todo de ti, sólo con quien me conoce feliz y triste, maquillada y desmaquillada, vestida y desnuda, sólo tú podrías entenderme.

Hay tantos recuerdos que alimentan la nostalgia, tantas historias en una bella historia de amor construimos. Contigo descubrí un mundo que aún guardo en mi corazón, recuerdo nuestras tardes de juegos, nuestros mensajes escritos con cátsup sobre pizza, los primeros grandes besos a oscuras en el cine, y por supuesto, la cantidad de veces que hicimos el amor.

No descubrimos la sexualidad en nuestra historia… como buen hombre, tú ya tenías historia escrita antes de mí. Yo, en una de nuestras rupturas temporales viví aquella famosísima “primera vez” como una experiencia nada grata… y ¿qué pasó entonces? Ese día, después de haber estado con ese “hombre” corrí a tus brazos llorando, a decirte qué había pasado, lo mal que me sentía, lo desagradable que había sido. Secaste mis lágrimas, platicamos sentados en la banqueta y en un abrazo la paz regresó un poco.

¿Cuántas cosas podría enumerar en este recuento de recuerdos? ¿Cuántas veces y en condiciones tan diferentes hicimos el amor? ¿Cuánto amor había en cada beso y cada caricia? Sí, contigo el sexo siempre fue complaciente y comprensivo, estuvimos juntos por muchos años aprendimos a disfrutarnos –y mucho-, desde aquellas primeras veces en las que la inexperiencia nos llevaba a descubrir la excitante danza del amor, hasta otras tantas veces que en la cama fuimos refugio uno del otro cuando la soledad nos acorralaba.

Han pasado tantos años, hemos vivido tantas historias juntos y por separado, que sin duda siempre serás alguien especial en mi vida… Hacer el amor contigo siempre ha tenido una connotación de amigos antes que de amantes, y no porque los placeres del sexo no fueran plenos, al contrario, sino porque siempre fuiste atento y delicado procurando mi placer y buscando hacerme disfrutar en cada caricia. Siempre el sexo fue sólo el complemento del amor. Con el paso de los años aprendimos a robarle tiempo a una tarde de prisas y contratiempos y también a disfrutarnos noches completas, entre sexo  y charlas interminables.

Cuando hablamos de mí, Azul, finges no conocerme, crees que sólo soy fantasía… contigo fui Azul, una Azul celeste, con esa tonalidad que reflejaba estabilidad y un poco de paz… Hoy, luego de más de 25 años, cuando nos vemos, cuando compartimos una cerveza platicando las cotidianeidades de nuestras vidas, sé que estarás ahí siempre, sé que estaré ahí siempre. Hoy, cuando me abrazas contra ti y besas mi cuello casi sin querer, sé que aún nos amamos, que los placeres del sexo siguen latentes al roce de nuestra piel, sé que siempre existirá esa complicidad para reencontrarnos en la cama cuando nuestros mundos estén en caos y requieran un poco de paz, ésa paz que se percibe después de hacer el amor al abrazarnos para recobrar el aliento…

La soledad más profunda


Hay días en los que la soledad se vuelve más profunda, donde cualquier compañía sólo genera más vacío, donde hay miradas que me desnudan pero no me seducen, donde escucho palabras que me coquetean pero no me halagan, donde convivo con gente que está cerca pero no me acompaña.
Hay días en donde la suma de errores e incertidumbre me hunden en la soledad más profunda, días en los que los errores del pasado toman voz y gritan como si tuvieran algo nuevo qué decir. Días en los que luego de rumiar y rumiar sinsentidos quisiera únicamente dormir, dormir profundamente, perderme en ese sueño y borrar mi existencia de este mundo.
Intento calmar mis pensamientos entre un playlist aleatorio de jazz, intento que los acordes musicales penetren en mi cabeza y a ese ritmo tranquilicen todas las locuras que dentro de mí rebotan golpeándose entre sí. Son días en los que las esperanzas se diluyen en una absorbente realidad cotidiana, esa en la que el cuerpo funciona en automático para levantarse, trabajar y sobrevivir.
Así, durante el día escucho diagnósticos, remedios, consejos, recomendaciones, un sinfín de respuestas sin preguntas que sólo me llevan a ese mundo al que no pertenezco, en el que no puedo estar y en el que creo que todo debería funcionar mejor, en el quien ocupara mis funciones en cualquiera de mis roles lo haría mejor.
El día transcurre y en medio de ilusiones efímeras evoco desde la soledad el recuerdo que me dé aliento, el recuerdo de aquel amor que le daba sentido a todo, en el que encontraba palabras sabias que calmaran mis demonios, en el que encontraba esos brazos fuertes que eran mi mejor refugio. Pero así, de la nada, el pasado oscuro grita, grita y me ancla nuevamente a la soledad más profunda de la que quiero huir y no encuentro cómo.
Encuentro sólo una hoja en blanco (en la aplicación de mi teléfono) y las lágrimas de cada noche para intentar descifrar todo lo que encierra este vacío, para intentar escudriñar en mis pensamientos para saber de qué está lleno este vacío. Mi ego irónico me recuerda mi insignificancia, me recuerda aquella perfección imaginaria vulnerada con las equivocaciones, aquel pasado que no sé si un día me perdonaré, aquellos miedos que me hacen rehén de los errores y mi tortura de la noche gira en torno a esa soledad profunda, muy profunda.
Cuando la hoja no alcanza para plasmar los pensamientos, cuando las lágrimas no pueden ahogar esa tortura, quisiera encontrar a alguien, alguien que no vea en mí esa mujer frívola de la que creen sólo le importa el sexo, pero que en un beso y un abrazo  sea capaz de retarme a escribir una nueva historia; alguien no me elogie banalmente diciéndome que soy “una gran mujer”, pero que me haga sentir que soy más que mis errores del pasado; alguien que no sólo abrace mi cuerpo sino que pueda cobijar mi alma.
Y es entonces, cuando entre tantos pensamientos, entre las inagotables lágrimas, el insomnio se aparece en mi noche y me lleva a la soledad más profunda con un solo pensamiento: dormir y no despertar…

La pluma de mis historias

pluma

El otro día luego de haber leído el relato de la noche, un muy buen amigo me dijo: “Regálame una pluma con la que hayas escrito alguna de tus historias…” y fue una frase que hizo tanto eco en mi cabeza. ¿La pluma? Me hizo evocar aquellos cuadernos en los que en mis clases de universitaria intentaba atrapar los Momentos Azules de aquel entonces.

Hace ya varios otoños, cuando en la universidad conocí al amor de mi vida escribía y escribía para él, como todo universitario, había clases en la que era más entretenido pensar en el amor que escuchar lo que decía el profesor y más, cuando por la ventana del salón se veían inspiradores paisajes otoñales de pasto cubierto de hojas secas, de árboles secos y hojas bailando al ritmo del viento.

Los años pasaron, como toda historia de amor terminó, terminó en el terreno de la realidad pero con la promesa de que un día en la eternidad continuará… Hoy los amores apenas llegan a amoríos, a fantasías, a ilusiones para sentirme viva… pero la pluma y las hojas siguen siendo el medio para ser, para existir.

Siempre la escritura ha sido una pasión, una manera de traducir mi mundo, de descifrarlo con la ilusión de que las palabras escritas tengan más sentido que todos los pensamientos y sentimientos que revolotean en mí.

La pluma de mis historias es ese pensamiento arrebatado que desatina en la paz momentánea de mi vida y se traduce en una frase simple escrita en mi block de notas en el celular, para después ubicarla en una escena que dé lugar a un relato. La pluma de mis historias es la caricia casual que al roce casi accidental evoca un sinfín de sensaciones, jugando a que aún a mi edad se vale creer en el amor. La pluma de mis historias son las palabras que en conversaciones simples con mi gente dan sentido a los sinsentidos que en mi vida me mantienen al filo de las esperanzas y del dolor.

Hoy el sentido de este espacio es atrapar en palabras un Momento Azul efímero, imaginario o real, pero efímero, inmediato, que de no ser por porque hay un recurso escrito para cifrarlo, pasaría. Por eso hoy, el amor de hoy, la ilusión en el amor de hoy, requiere de este espacio… y entonces, la pluma de mis historias es cada una de las lágrimas que al escribir buscan ahogar una realidad que duele y dar vida a una realidad fantasiosa que a través de la imaginación aminore el dolor… son las lágrimas que entre la escritura nublan la visión de la misma manera que un beso robado a la realidad nubla mi juicio.

Esa pluma también está en las yemas de mis dedos, en esa caricia en sus labios cuando en un reto a la cordura le acaricio queriendo despertar a través de la tibieza de mis manos una fantasía que le lleve a devorarme a besos; está en la yema de mis dedos cuando entre sus cabellos busco escudriñar en historias del pasado que guarda su cabeza para hacer un espacio para la mía; está en mis dedos cuando intentando hacer el amor con él, quiero trazar sobre su dorso el lenguaje que dicte mi pasión para sentirme suya por un instante.

También, la pluma de mis historias es la humedad de mi lengua, cuando guiada por el deseo, explico en su oreja sin palabras que quisiera perderme entre sus brazos, que quisiera sentir sus labios recorriendo mi piel. Esa pluma también es la punta de la lengua que en una tarde cotidiana cerrando los ojos al mundo, juega con sus manos, lamiendo uno a uno sus dedos, recorriendo el dorso de su mano y mordisqueando las yemas de sus dedos queriendo que esa sensación recorra su cuerpo y evoque recuerdos conmigo.

Por supuesto que la pluma de mis historias, también está en mis labios, cuando en un ataque de ansiedad buscan saciar la sed de amor en su boca, cuando con más instinto que con técnica buscan su placer a través de las sensaciones que despiertan. Esa pluma escribe desde mis labios, con palabras, con besos, con caricias que inician en su cuello. Esa pluma, que al menos con él, parece ser de tinta invisible…

Sí, porque por más que esa pluma entendida como lágrimas, caricias, besos, etc. quiere comunicarle por escrito lo que pasa en mi vida, esa pluma sólo puede darle forma a historias imaginarias, a historias de fantasía en las que saberse el protagonista le resulta indiferente, donde saber de lágrimas o caricias le resulta lo mismo.

Por eso, la pluma de mis historias está sin duda la imaginación, esa imaginación que me hace convertir una tarde pactada de común acuerdo para dar rienda al deseo en una tarde de sexo complaciente cercano a la sensación de hacer el amor. Es la imaginación que me permite reescribir la realidad que duele como una fantasía que parezca medianamente divertida. La pluma de mis historias me deja escribir historias disfrazadas de lujuria para evadir el dolor del desamor.

La promesa

promesa

Pensar en ti es pensar en El Amor,  pensar en lo mejor de mi vida. Aquella época en mi vida fue la mejor, sin duda la mejor: una universitaria esperanzada en terminar la carrera para devorarse al mundo a través de su pasión profesional y al mismo tiempo una mujer vulnerable por los desencantos de la vida real, la amorosa personal y la familiar.

Cuando tú llegaste, llegó la paz a mi vida. En tus brazos nada más importaba, en tus ojos veía ese mundo de esperanzas que tú dibujabas para mí. Contigo aprendí que quien te ama de verdad, siempre procura tu bienestar, te hace ser mejor persona, te hace dar lo mejor de ti. Contigo fui la mujer de la que más orgullosa me he sentido en mi vida: deportista, atlética, inteligente, profesional, entregada, apasionada, contigo me redescubrí y entendí que soy mucho más de lo que un pobre hombre se merece.

Hoy a muchos, muchísimos años de esa historia, cuando la tristeza me abate, pienso en ti en la paz de tus abrazos y en la ilusión de tus besos. Pienso en esas tardes recostados sobre el paso, exhaustos del ejercicio, sólo viendo la vida pasar frente a nosotros, sin prisa. Recuerdo esos días importantes en los que como tratando de convencerme me decías: “Azul, créeme, esto no es algo que suceda comúnmente” y qué razón tenías. Antes de ti, jamás amé así, después de ti, menos.

Fueron años maravillosos, Momentos Azules memorables, en los que ser Azul tenía sentido, en los que tú me fortalecías, encontraba en ti siempre un consejo sabio, una palabra inteligente. Contigo cada instante fue único, en una deliciosa historia en la que hubo una promesa, la promesa de amor más allá de la vida.

En más de una ocasión me prometiste que más allá de la vida, en algún otro momento, en algún otro lugar, en la eternidad este amor continuaría… ¿Aún lo crees? ¿A tantos años esa promesa seguirá vigente? ¿Aún me recuerdas y sigues creyendo que este amor trascenderá?

En medio de esa promesa de amor eterno, hubo otra promesa: cada día de mi cumpleaños habría una rosa roja en un lugar previamente pactado. Los primeros cumpleaños, después de que nos separamos, iba por la noche a ver si estaba mi rosa. Ahí estaba, ahí lloraba y lloraba, añorando llegaras, imaginando que desde algún punto me observabas y que cuando me vieras desbordada en llanto, en nostalgia por ti, te acercarías a reconfortarme con tus brazos, con tus besos.

Siguieron pasando los años y dejé de ir… Después de ese tiempo te he visto “casualmente” en realidades ya completamente ajenas a nosotros, en mundos diferentes, sin hablar del pasado, sin preguntas ni respuestas, en medio de saludos cordiales. Únicamente con un corazón excitado de saberte cerca, de verte y sentir inevitable evocar esas tardes en las que fuimos nuestros, en las que fui tuya y tú mío, esas tardes en las que corriendo en algún hermoso paisaje recorríamos nuestras historias, tratábamos de arreglar el mundo o sólo repasábamos las historias de nuestro presente.

En estos días de confusión, de desesperanza te he pensado tanto, te he pensado tan rico, he repasado una y otra vez esa versión de mí que tú construiste, esa versión de una Azul fuerte, capaz, invulnerable, una Azul amada y fortalecida por El Amor y te siento como un sueño, como si aquel tiempo hubiera sido sólo un sueño…

¿Dónde estás? ¿Tu promesa sigue vigente? Diera todo por saber que me piensas, que hay un momento en tu cotidianeidad en la que algo que habla de mí, quizá ese hermoso cardenal rojo que se nos aparecía, quizá esos lugares en los que compartimos una comida, quizá esas deliciosas empanadas de manzana que disfrutábamos comiendo y después disfrutábamos persiguiendo las migajas que quedaban sobre tu pantalón.

Quizá en la poesía de Benedetti, quizá en esas hojas secas que en el otoño caían sobre nosotros mientras recostados en el pasto recuperábamos el aliento luego de nuestro ejercicio, quizá en el Azul del cielo que te recuerde mi nombre, quizá en el Azul de Rubén Darío, quizá…

Quizá esa promesa siga vigente, quizá en otra vida, en la eternidad al cruzar esa línea de la que platicábamos, quizá llegue ese día que, seguramente llorando, pueda correr a reconfortarme en tus brazos…

Siempre tuya…