A ojos cerrados

Sin duda el placer del sexo con amor es el mejor paliativo para abstraerse del mundo cotidiano, caótico y absorbente. Tener tiempo de dejarse consentir, buscarse tiempo para disfrutar el amor es siempre un aliciente que relaja el cuerpo y la mente para lidiar con el día a día. Así, justo así respondiendo a tu llamada, sin un plan preciso en mente, con un mundo de cosas por comentar, con deseo expreso de disfrutarnos.

Llegaste por mí, aún sin destino claro, comenzamos a desahogar en el auto el sinfín de historias acumuladas, pasamos por víveres que nos duraran la noche y de manera tácita los dos acordamos un plan perfecto para nuestra noche. Regresamos al auto con una botella de vino, botanas y muchas, muchas ganas de hacer eternas las horas que estaríamos juntos.

Llegamos, nos besamos en el auto, enfatizando aquel plan sobreentendido que habíamos acordado minutos antes. Entramos a la habitación, nos abrazamos por varios minutos, en silencio, a media luz, sólo abrazados, sintiendo nuestros cuerpos vibrar, comunicándose todo aquello que pasaba por nuestros pensamientos, jugaste un poco con mi cabello para dejar al descubierto mi cuello y besarlo sutilmente.

Abriste la botella de vino, serviste para los dos, bebimos un trago para brindar por la ocasión y dejamos las copas sobre la mesa. Nos quitamos los zapatos y nos sentamos en el sillón. Con un beso iniciamos la conversación de nuestros instintos, ese beso decía sin palabras lo delicioso que era estar ahí, con una larga noche por delante, con nuestra experiencia y mundo dispuestos una vez más para la ocasión.

Me recosté sobre tus piernas, comenzaste a acariciar mi cabeza, a jugar con mi cabello, cerré los ojos concentrándome en esa delicada sensación que equilibraba el deseo y la pasión, con la paz y la serenidad de una caricia que nos conectaba. Comenzaste a hablarme de tu mundo, del trabajo, de la vida, esa charla que no importa si es por teléfono, en el auto o desnudos sobre la cama después del amor, pero es esa charla que nos conecta siempre.

Te escuchaba atenta, continuaba con los ojos cerrados, te respondía y conversábamos. Tomaste tu copa de vino y bebiste otro trago, humedeciste la yema de tu dedo índice con un poco de vino y recorriste mis labios, una sonrisa espontanea te agradeció esa deliciosa sensación. Jugué con mi lengua y el vino en mis labios y en el juego dejaste caer un par de gotas más en la comisura de mi boca, besé tu dedo, mi lengua sedienta recorría tu mano en busca de más vino, en busca de un beso…

No quería abrir los ojos, en verdad era una sensación deliciosa, ahí, recostada sobre tus piernas, concentrada en tu monólogo, en tus manos: tu voz desahogando un sinfín de temas pendientes, una de tus manos jugando con mi cabello y otra, muy inquieta, dibujando sobre mi ropa aquellos trazos que conectaban todas las sensaciones de deseo que recorrían mi cuerpo.

Dejabas que mi lengua humedeciera las yemas de tus dedos, dejabas que, desde mis pensamientos, esos que sabes leer por demás, comenzara a seducirte, a proponerte el recorrido de tus manos, a sugerirte que la ropa fuera menos y las caricias más… así, aún estuvimos varios minutos sobre el sillón, yo a ojos cerrados, disfrutando esa conexión de nuestros pensamientos, de nuestros deseos, haciendo que la sensación paz y deseo que habitaban a en mí, pelearan a duelo para hacer prevalecer a quien venciera.

Quería seguir ahí, recostada, sintiendo tus dedos entre mi cabello, a ojos cerrados, deteniendo el tiempo, haciendo el amor en la conversación, en la compañía, en el sabor a vino de las yemas de tus dedos, en el silencio que de momentos decía todo, en aquellos besos inocentes con los que pausabas tu conversación.

El deseo y la pasión vencieron en el duelo, dejando la paz momentáneamente fuera de combate, nos besamos y en ese beso poco a poco la ropa quedó tirada dejando huella de nuestro camino hacia la cama. Hicimos el amor en el sexo tantas veces como nos duró la noche, acariciamos el cielo en las sensaciones más plenas, contamos estrellas con una sonrisa dibujada en nuestro rostro, una sonrisa de esas que dicen más que mil palabras…

Luego, la paz regresó y a ojos cerrados soñamos juntos, dormimos abrazados desnudos bajo las sábanas, soñando que el mundo que esa noche construimos, era real… pero no, otro mundo nos aguardaba afuera… y era tiempo de volver a él…

Te quiero…

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¿Qué hacer con una mujer muy Azul?

…mi intensidad y pasión es algo que relato tras relato queda en evidencia. Noche tras noche, cuando escribo, me pregunto si será tan difícil saber qué hacer con una mujer como yo, una mujer muy Azul, y llego a la conclusión de que sí, sí debe ser una complejidad, por eso hoy, sencillas recomendaciones para aquellos que quieran saber ¿Qué hacer con una Mujer Muy Azul?

  1. No me mientas, bajo ninguna circunstancia acepto las mentiras. En el primer relato que escribí (¿Quién soy?) describí que la vida, entre lágrimas y risas, me ha enseñado a negociar los sueños e ilusiones con la realidad. Mi apuesta siempre será al amor, a ese amor que supone entrega auténtica, entregar un pedacito de alma en una sonrisa, entregar mi esencia en una caricia toque el corazón, entregar el sabor de mi mundo en un beso… pero también he aprendido a negociar ese sueño con la realidad, a veces no me alcanzan los encantos para esa historia de ensueño. No me mientas, no disfraces de “tequieros” el deseo de poseer mi cuerpo por una noche.
  2. Sé muy hombre. En un relato escribí acerca de esto (Un hombre HOMBRE). Un hombre para mí pertenece a la categoría gramatical de adjetivo, no de sustantivo y por tanto, indica una cualidad. Un hombre sabe tratar a una mujer, entiende la delicadeza de una caricia que despierte en ella el más intempestivo deseo por hacer el amor; entiende cuando no se necesita una noche de sexo agotador, sino de unos brazos tibios que reconforten el día y den oídos atentos a mis sinsentidos. Detesto a los machos, los aborrezco y, desafortunadamente, los conozco, tristemente más de lo que quisiera.
  3. Entiende que soy más que una mujer atractiva y seductora. Sé mis encantos, sé hacer uso de ellos, disfruto del erotismo y la sensualidad como de la vida misma, pero soy más que solo un cuerpo ardiente en busca de historias. En otro relato escribí para aquellos que suponen sería capaz de enloquecerlos entre besos y caricias, que hay ocasiones en las que subastaría los besos y las caricias de mis historias por ese amor que me haga entregarme sin preguntas ni respuestas. Soy más de lo que ves, mucho más.
  4. Atrévete a conquistarme. No necesito mariachis a la puerta ni una joya ostentosa. Conquístame, descifra el lenguaje de mis manos jugando con mi cabello, reconoce el mensaje tácito de mis relatos, róbame del mundo y hazme tuya. Atrévete a despertar los demonios del amor, esos que me hacen devorarte a besos en una noche de pasión y reconquistarte día a día con sencillez de un beso que apenas toque tus labios. Atrévete a despertar mis demonios, porque te prometen el cielo.
  5. Hazme el amor como nadie. Escribe conmigo una nueva historia, sin fantasmas, sin sombras. Bésame los labios haciendo que la sensación apague los pensamientos que evocan recuerdos, haz ese beso infinito en su recorrido. Desnúdame diciéndome que te gusto, devorándome con la mirada, reconociendo el cuerpo que has imaginado tuyo. Acaríciame acompañando ese beso infinito, recorre con las yemas de tus dedos mis labios, mi cuello, mis hombros, mi pecho, toma mi cintura y abrázame a ti. Déjame sentirte lentamente, déjame hacer eterna la sensación de pertenecernos…

Una mujer muy Azul no es cosa fácil, una mujer Azul sueña con el amor, se rinde al placer que inicia un beso o una caricia, teme la soledad. Una mujer muy Azul disfruta la sensualidad y la seducción pero eso no la hace ser una mujer fácil. Una mujer muy Azul es la tentación de muchos pero el atrevimiento de pocos…

Una mujer muy Azul

Llámalo como quieras: soberbia, arrogancia, vanidad, pero los años me han hecho una gran mujer, una mujer muy Azul capaz de seducirte con la mirada y sin escotes, capaz de conquistarte con mis labios sin siquiera besarte.

Los años y las historias me han convertido en una mujer plena, dueña de mi vida, que disfruta de halagos de aquellos que encuentran en mis relatos un refugio de fantasía, que disfruta aquel trago compartido en nombre de los recuerdos o en nombre del juego de la conquista.

El tiempo me ha dado la razón, las decisiones que he tomado y sus consecuencias, me dejan con saldo a favor. Siempre dispuesta a nuevos riesgos, a nuevas aventuras que me acerquen a la felicidad, con la certeza de que mi imperfección y mi locura me separan de ese mundo de apariencias y me dejan construir un nuevo mundo de ilusiones, de esas que por instantes saben a realidad, de esas que se convierten en inevitables sonrisas, de esas que hacen eco en la mente y en el corazón durante el día.

Descubrirme como Azul, me hace libre, me hace más mujer, me ha llevado a una lucha por reivindicar mis esperanzas, a defender mis fantasías, a entender el amor y el deseo, a besar con la mirada y acariciar con mis palabras.

Ser Azul me permite aceptarme como una mujer intensa y apasionada, no solo por los placeres que muchos creen que se limitan al sexo, soy una mujer intensa y apasionada que en cada aspecto de mi vida, creo en mi profesión y mi profesionalismo como un instrumento para construir la sociedad en la que me gustaría vivir; creo en mi manera de amar como la única posible donde se entrega todo en una apuesta a ganar; creo en mis aciertos y desaciertos como la única manera de aprender y reaprender las lecciones de la vida.

Ser Azul me hace desafiar mi mundo, ese que se rige por la perfección aparente. Los años me han dado la razón, acepto mis errores como errores, volteo la mirada al pasado y sé que aquello, aquellos, que dejé en el camino, hoy no me hacen falta, al contrario, me alivia no tener peso de su existencia en mi vida.

Observo mi presente y disfruto saberme una mujer deseada, una mujer que, a veces sin querer, es capaz de quedarse en la mente de algunos, que es capaz besar labios a la distancia desde el pensamiento, capaz de acariciar corazones, tocar almas y alojarse de manera inamovible en el corazón unos.

Imagino mi futuro se llena de esperanza, llena de ilusión de esa, que ilumina las lunas llenas, de esa que se encuentra en el sabor de un sorbo de café, de esa que se encuentra en una conversación improvisada y en un mensaje inesperado.

Hoy no me importa si es soberbia o solo una más de mis locuras, hoy con mis años, mis kilos, mis lágrimas y mis risas me siento feliz. Dispuesta a seguir reescribiendo la realidad, a veces al límite de la fantasía, a veces al límite de la cordura, a veces desde la más oscura realidad.

Seguiré siendo Azul, cada vez más Azul, cada vez más plena, libre, desafiante, intensa y apasionada. Seguiré jugando a reinventar mi mundo hasta que en el último intento me encuentre en la vida en la que quiero pasar mis días hasta el final de mi historia.

Hoy, celebrando un año más de vida, me acepto como una gran mujer, como Azul envuelta en todas sus pasiones y sueños, esos que para algunos fueron demasiado grandes como para atreverse a conquistarlos conmigo…

El otro día leí una frase con la que me identifiqué:

“Una mujer seductora, deja algo en la mirada; una mujer simpática, deja algo en la sonrisa; una mujer sexy, deja algo en la imaginación; pero una mujer de verdad, deja huella en el corazón.” Búscame en tu mirada, encuéntrame en tu sonrisa, hazme tuya desde la imaginación, pero sobre todo… guarda mi nombre en tu corazón: AZUL…

¿Realidad o fantasía?

realidad o fantasia

Todo fue tan delicioso que era difícil en ese instante tener la certeza de si se trataba de una fantasía o lo que sucedía era real…

Comenzaste besando mis hombros que se encontraban al descubierto, yo vestía una camiseta negra de tela muy sedosa y un short azul. La camiseta era una sutil insinuación para que te deshicieras de ella, bajando uno por uno los tirantes mientras besabas mis hombros y dejábamos que la sensación que tus labios provocaban recorriera todo mi cuerpo.

Regresaste a mis labios y nos besábamos con el hambre que provoca el deseo, con el hambre que sugiere el amor… en muy pocos minutos nuestros cuerpos ardían en deseo y mis piernas descubiertas te invitaban a que las recorrieras como tantas veces lo habías imaginado. Acariciaste mis pies con un delicioso masaje, recorriste con las yemas de tus dedos mis pantorrillas cansadas, acercaste tus labios para besar mis pies y comenzar desde ahí un recorrido certero y delicioso.

Las yemas de tus dedos apenas rozaban mi piel, tus labios acompañaban el recorrido mientras mis labios repetían insistentemente tu nombre pidiéndote que no te detuvieras, que continuaras ese camino que te llevara a recorre mis piernas, avanzar hacia mis muslos, morder mis piernas y luego acariciarlas con la punta de tu lengua… ese recorrido que te guiara hacia el interior de mis muslos, dejando que tus manos despertaran un sinfín de pensamientos y tu lengua asegurara eternas esas sensaciones.

Mi short no era impedimento en tu recorrido, tus manos hábiles encontraron cómo deshacerse de él, tus labios hambrientos supieron cómo devorar lenta y pausadamente cada centímetro de mis piernas, cómo apropiarse de mis muslos y hacerme hervir en deseo. Atento escuchabas mi súplica de no detenerte, de que continuaras guiado por el instinto, por el deseo, por las indicaciones que mi mirada y mis labios pronunciando tu nombre te daban.

Llevaste tus manos a mi vientre, a mis caderas, acariciándome con que el deseo que me exigía no estar inerte a tu recorrido. Tus manos tomaban mis caderas y apretaban con la sutileza, besaste mi vientre mientras mis manos acariciaban tu cabeza y jugaban con tu cabello dando una aprobación tácita para que continuaras tu recorrido, para que tus manos siguieran acariciando mi cadera mientras tus labios besaban mis muslos, mientras tu lengua avanzaba sin temores ni dudas…

El tiempo parecía detenerse por instantes, mi corazón exaltado parecía salir de mi pecho, intentaba controlar mi respiración que era cada vez más acelerada. Las sensaciones eran intensas, profundas y a ojos cerrados la plenitud del placer invadía mi mundo, cada uno de mis pensamientos se volcaba en ti, en ese instante en que se toca el cielo sintiendo el calor del infierno, en ese instante en el que mis labios dictan como sentencia tu nombre, en ese instante en el que te pienso tan real que no eres una fantasía…

¡Qué delicia!

 

Un pensamiento recurrente

Eres ese pensamiento recurrente que de momentos se convierte en una sonrisa, de momentos es un suspiro, que es un recuerdo que se instala en el alma y evoca ese instante en el que consumidos en placer nuestros labios pronunciaron nuestros nombres…

Te pienso en todo momento, en medio de lo cotidiano que busca con quién compartir las trivialidades; en medio de las dificultades que buscan unos brazos tibios dónde acurrucarse. Te pienso compartiéndote las incidencias de mi día mirando las estrellas, buscando a aquella luna cómplice de nuestros sueños.

¿Cómo olvidarlo? Llegué por ti, te sorprendí, lo sé… La manera en la que me observaste delató lo sorpresivo y excitante que fue verme dentro de tu mundo. Lo sé, me veía bien, me arreglé para ti, nada exuberante, solo un pantalón negro ajustado, que denotara mis muslos fuertes que siempre te encantaron, una blusa ligera con un escote sencillo, dejando el resto de las prendas a tu imaginación…

Nuestras miradas se dijeron todo, tomados de la mano nuestros cuerpos se aproximaron lo suficiente para que nuestros labios apenas pronunciaran nuestros nombres antes de besarnos, en ese beso pausado que habíamos imaginado, que habíamos deseado, que habíamos saboreado tantas veces antes. Me tomaste por la cintura y me abrazaste contra ti, y justo era esa sensación que añoraba, que deseaba tanto: estar ahí, entre tus brazos, sin mundo, sin tiempo, solo atendiendo nuestros pensamientos, evocando recuerdos y viviendo el momento.

Caminamos más de un par de horas, platicando de todo y de nada, de todo lo que en nuestros días nos dábamos tiempo para compartir a la distancia y de nada importante que distrajera la deliciosa sensación de recorrer ese lugar tomados de la mano. Sonreíamos como adolescentes, disfrutábamos el tiempo como ancianos, nos mirábamos con el deseo que solo los amantes sienten, conversábamos como amigos y, sobre todo, nos amábamos en cada paso, en cada sonrisa, en cada palabra.

Llegamos al lugar en el que habríamos de pasar la noche, abrimos la primera botella de vino tinto y brindamos por la ocasión, por la sorpresa del destino de habernos permitido huir del mundo, detener el tiempo y vivir nuestra historia. La conversación era inagotable, saltábamos de la poesía a la política; de los deportes a nuestras vidas laborales; del pasado al futuro, haciendo el presente perfecto aderezado con besos y caricias.

En un beso dulce que inició en mi oreja y avanzó por mi cuello para luego llegar a mis labios, comenzamos a desnudarnos, en pocos minutos la ropa no era impedimento para que nuestros cuerpos se reconocieran. El calor era extenuante y tomamos un baño tibio, y mientras el agua corría desde mi cabeza por todo mi cuerpo, tú jugabas a devorar las pecas y lunares que te encontrabas en mi pecho y mi espalda…

Salimos de la regadera, bebimos otra copa de vino, brindamos y desnudos disfrutábamos la plenitud de pertenecernos. Alternamos un sorbo de vino con un beso, otro trago con húmedas caricias que tu lengua hacían sobre mi piel, otro más con suaves mordidas que saboreaban mis hombros.

Nuestros cuerpos se pertenecían en cada caricia, en cada sensación que provocaban, en el deseo inagotable por disfrutar el amor, ese que se entrega en el sexo, ese que es efímero y eterno en el instante del placer, ese que recorre cada célula, que hace arder cada centímetro de la piel, que hace estallar el corazón y pronunciar tu nombre con la respiración entre cortada.

Hicimos el amor una y otra vez, consumimos un par de botellas de vino, paladeamos el sabor del vino y el sabor de nuestra piel. Disfrutamos de una conversación infinita, reímos del pasado e inventamos un futuro. Nos vestimos y desvestimos. Nos desnudamos el cuerpo y el alma. Escuchamos música y el latir de nuestros corazones mientras recuperábamos el aliento después de hacer el amor. Dormimos por momentos y soñamos toda la noche…

Así fue. Así será. Así sería…

Amar es…

Quizá, como lo he escrito en otros textos, habrá algunos que me
consideren una mujer frívola, superficial y que sólo piensa en placeres carnales… No, no lo soy, lejos estoy de ello, lo sé yo y con eso basta.

Soy una mujer afortunada, que ha aprendido a amar con todo y contra todo, he vivido experiencias aleccionadoras, he vivido grandes historias de amor y por supuesto, mantengo encendida en mi vida la ilusión del amor, no solo ese amor que se sacia con pasión y sexo, sino ese amor que se vive y se renueva permanentemente.

Amar, qué complejo pretender definir una acción tan grande, un verbo con tantas acepciones como es amar.

Amar es el sentido mismo de la vida y de la supervivencia, es aquello que nos rompe y nos arma, aquello que es nuestra fuerza y nuestra debilidad, aquello que nos lleva al límite de nuestras fuerzas para descubrirnos que aún podemos dar más.

Amar es un signo de vida, ese signo que con el acelerado latir del corazón guía los días y las noches, que con cada suspiro en nombre de un recuerdo, purifica el aire para continuar cuando todo parece oscuro, en medio de lágrimas lava tristezas y renueva esperanzas aferradas a florecer.

Amar es trascender en el otro, es sembrar esperanza en otro
corazón con la ilusión de que la cosecha será exitosa, será fructífera y aunque quizá, no nos tocará disfrutar de ella. Amar es poner el todo en cada reto, es creer en el otro y revivir a cada instante la confianza en uno mismo, es creer que un abrazo resuelve los problemas, que dos almas abrazadas son capaces de sostener al mundo.

Amar es acariciar la piel para confortar el alma, es con un beso
curar las heridas, es ser oídos para las palabras que buscan a gritos ser
calladas a besos, es secar las lágrimas que dicen todo lo que otro corazón se
aferra a callar.

Amar es despertar cada día con la ilusión de tocar un alma, de
tener la palabra correcta en el momento preciso para aquel corazón solitario que busca aliento para continuar. Amar es entender otros mundos, es tocar a la puerta una y otra vez en aquellos corazones que celosos o lastimados guardan un
sinfín de historias.

Amar es callar cuando quieres gritar un sinfín de improperios, es gritar
cuando tu propio corazón se encuentra vacío y en un doloroso silencio, es contener las lágrimas para secar las lágrimas del otro, contener en un abrazo un mundo que se desmorona a causa de esas complejas simplezas de la vida.

Amar es repetir una y otra vez las mismas palabras, hasta que hagan eco en el corazón del otro; es repetir una y otra vez las mismas acciones con la certeza de que aquello que se hace con amor, no puede ser un error, es
repetir la misma historia siempre perfectible, siempre con más amor que la versión anterior.

Amar es mirar a los ojos y adivinar sueños, es tomar de la mano y
hacer camino… Amar es soñar que se puede cambiar el mundo, que el amor lo vence todo y que un día cada historia, cada lágrima, cada beso, cada caricia, cada palabra serán el cimiento sobre el que se construya aquel mundo que siempre he
imaginado…

Omnipresencia

Ser omnipresente es un don divino y, como tal, solo se manifiesta a través del amor. A veces no estamos donde algunos nos ven, sino donde otros nos extrañan, donde otros nos piensan y, quizá sin saber, nos regalan una lágrima o una sonrisa en nombre del recuerdo.

Estar en varios lugares de manera simultánea nos permite recorrer pausadamente en el cuerpo de otro un mundo de recuerdos que se escribieron con tinta indeleble, es buscar con qué vestir el cuerpo y en una prenda encontrar más que ropa, es encontrar ese cobijo para el corazón, esa caricia para el alma. Y es que justo así fue como sucedió hace unos días…

Yo trabajaba en el estudio de casa, mi mente estaba exhausta, el trabajo me tenía agobiada y, como muchas veces sucede y mi profesión lo requiere, escribía sobre varias historias de manera simultánea. Sentí mucho frío, la noche era joven y sabía que un café cargado y un pan dulce serían buena compañía para lo que aún faltaba de mi jornada.

Subí por un suéter que me protegiera del frío, así de la nada, así como saltan los recuerdos en mi cabeza y mi corazón normalmente, saltó del closet una sudadera que tú me regalaste, una sudadera que vestía más que mi cuerpo, era una prenda en la que con solo cerrar los ojos recorría nuestra historia, recorría un sinfín de recuerdos que me hacían sentir cobijada por tus brazos, protegida por tu presencia, confortada por un beso tuyo…  La vestí y salí a buscar un pan dulce atendiendo mi plan de desvelo.

Al salir, una luna llena en lo alto iluminaba el cielo, imposible no verla, imposible no verte en ella. Imposible que las lágrimas no se desbordaran por mis ojos casi con la misma velocidad con que mi memoria dictaba recuerdos, con la misma intensidad con la que aún latía mi corazón por ese sorpresivo encuentro con mi sudadera que sé que pese al tiempo, aún olía a ti…

Sé que mi pensamiento llegó a ti, que la luna, interlocutora de los amantes, nos ha comunicado una y otra vez, se propone como intermediara para conectar nuestros pensamientos. Así, pensándote de una y mil maneras, extrañándote y pidiendo desde el alma uno solo de tus abrazos,  caminé a mi destino, regresé, preparé mi café y con mi pan dulce continúe saboreando tu recuerdo.

Lloraba, reía y me preguntaba si realmente tendrás la certeza de que te fuiste, sintiéndote yo tan mío, tan cerca. ¿Cómo podrías creer que te fuiste si eres tan mío, si tu recuerdo es tan nítido que al acariciarte con el pensamiento siento la tibieza de tu piel? ¿Cómo podrías creer que no eres mío si cuando te sueño y tus besos aún tiene ese dulce sabor, tus labios aún se sienten hechos a la medida de los míos? ¿Cómo podrías creer que no estás aquí si aquella sudadera olía a ti, abrazaba mi espalda y mi pecho como lo hacían tus brazos?

¡Imposible! Estás aquí, eres omnipresente porque en el tiempo y el espacio podrás estar en otro lugar, podrás creer que te fuiste pero en mi mundo, sigues siendo mi fuerza, mi inspiración, sigues siendo ese recuerdo que me llena de esperanza y que en momentos de dificultad me da refugio y hasta escucho tu voz diciéndome que todo estará bien. Tú eres evidencia de esa cualidad divina de que el amor nos hace trascender en otros, que amar es la mejor posibilidad para pasar el tiempo mientras la muerte llega, mientras la vida pasa.

Así, mi noche pasó, no trabajé en mis pendientes, únicamente rumié una y otra vez nuestra historia, los lugares, los sabores, los olores, las texturas, las sensaciones, mi mirada perdida en tus ojos, mi nombre en tus labios: Azul, era tan lindo escuchar mi nombre en tus labios que aún escucho tu voz pronunciándolo en esas noches de insomnio en las que los recuerdos me arrullan.

Así, pasan mis días, con la certeza de tu omnipresencia, aquí tengo lo que necesito de ti… Te Amo…