Escribir(te)…

Muchas veces es necesario rescribir la realidad, la vida es como ese libro que un escritor tiene como su mejor proyecto y de tanta perfección que busca para él, a veces se queda con hojas en borrador, con la intención de volver a escribirlas, hojas que fueron escritas en desorden y quedó pendiente la corrección, un día que hubiera más tiempo, un día que las ideas fueran más claras. Son también aquellas hojas escritas con ortografía y sintaxis impecable que relatan escenas de ensueño, descritas de forma tan vívida que es imposible no imaginarlas. A veces también tiene hojas en blanco que, tanto que se quiere decir, las palabras resultan insuficientes para cifrar aquella historia.

Y qué ganas de seguir escribiendo hasta que la historia parezca real, hasta que el mundo que invente al fin tenga el sabor de tus labios y el olor de tu piel, hasta que tus brazos cobijen mis miedos y me escondan de las tristezas, hasta que el deseo ardiente se desborde de la cama y nos consuma en cada caricia.

Y escribir es inventarte, es aceptar el juego de la vida donde nos acerca y nos separa a su capricho, es buscar tu voz en un mundo virtual, es buscar tu sonrisa en una imagen estática, es añorar el roce de tus manos que recorra mi cuerpo cuando solo son las sábanas las cubren mi piel. Escribir para hablarte a la distancia, es lograr que el eco de mis pensamientos llegue hasta tu oído y mi voz se interne en tu mente y me sepas tuya.

Y este libro, esta vida, me hace rehén de mis pensamientos, me hace libre de los prejuicios, me hace más tuya que de mi mundo, me hace Azul en un sinfín de matices que me llevan de ese tono que evoca tranquilidad, a una Azul que te acerca al cielo, a un tono azul profundo que te invite a perderte conmigo una noche cobijados solo por la luz de la luna.

Escribir es hilar palabras con un poco de sentido que expliquen esta locura, es hurgar en el alma para ofrecerte aquello que pueda conquistarte con palabras, enamorarte con historias, seducirte con la sugerencia que despierte tu imaginación. Es escribir para que mis palabras se conviertan en besos y recorran tu piel mientras escuchas mi voz, mientras imaginas que las palabras que lees las pronuncian mis labios.

Es ese intento de un escritor, por hacer a través de la historia que cuenta, la historia de otros, el testimonio que encierra verdad y fantasía, que invita a cambiar el nombre del protagonista para reconocerse en él, que abre la imaginación para ser un personaje más de la historia: protagonista, incidental o referenciado, pero reconocerse en la historia que lee, encontrarse entre líneas.

Escribir es una obstinación por cambiar la realidad, por tener un guión de la historia que quiero contigo, es gritarte a la distancia que cierro los ojos y te pienso y guardo en mi mente la frase que dé pauta al siguiente relato; que escucho tu voz y guardo en la memoria del corazón las sensaciones que despiertas para evocarlas cuando estoy frente a mi computadora para escribir(te).

Y escribiré retando a la realidad, retando al destino… escribiré pensando que me lees y me sabes tuya, que me lees y quisieras estar aquí y no allá…

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Una locura

Si no pareciera una locura, diría que estoy enamorada, si no fuera un riesgo innecesario me atrevería a enamorarme, si no fuera porque es imposible, correría hasta tus brazos, te besaría y luego te preguntaría qué está pensando, qué está sucediendo en mi mundo que todo parece estar en caos y el único refugio que me parece confortable es pensar en ti e imaginar que me piensas.

No, definitivamente no. Una mujer como yo no puede enamorarse, no puede darse ese lujo, no, no puedo. No puedo porque eso pondría en riesgo el equilibrio (milimétrico) que hay en mi vida, porque eso me haría sonreír sin motivo solo con pensarte y, casi por regla general, esas sonrisas sin sentido terminan mutando a lágrimas con sentido.

No, no puedo estar enamorada, no aunque tu recuerdo sea mi último pensamiento cada noche antes de conciliar el sueño, no aunque tu recuerdo sea el pensamiento recurrente que invoco desde mis sueños, no aunque el recuerdo de tu voz sea la sinrazón de mi sonrisa y el brillo de mis ojos, no aunque en lo cotidiano busque cualquier pretexto que me acerque a ti, no aunque mire el teléfono constantemente con ansiedad por encontrar una señal tuya.

No, sería ilógico, innecesario, imprudente, arriesgado, sería una locura… pero, ¿Cuándo el amor pide permiso? ¿Cuándo el amor no es un riesgo? ¿Cuándo el amor es prudente y cauteloso? ¿Cuándo enamorarse no es una locura? ¿Cuándo…?

Te pienso e imagino conversamos de las trivialidades del día, de esas que a veces me dan ganas de huir, evadir o ignorar perdiéndome entre tus brazos. Te pienso e imagino que abrazados recorremos apenas con las yemas de los dedos nuestros cuerpos, dibujando una historia, trazando caricias que describen lo delicioso que es estar entre tus brazos.

Te pienso y le pido al tiempo que avance, que corra, que acabe con los pendientes del día y de la vida para encontrarnos y, que cuando nos encontremos, el tiempo avance sin prisa, que se detenga en el momento en que tus labios pronuncian mi nombre, en ese instante en que escucho tu voz diciendo: “Querida Azul…”, en el momento en que mis labios toquen los tuyos y en un beso te respondan.

Me encanta tu voz en mi oído, mi mundo en tus pensamientos y el tuyo en mi mente. Disfruto el recuerdo compartido y la esperanza que alimenta esta historia, la espontaneidad que de momentos me sorprende y que ante el mundo me delata con una sonrisa difícil de ocultar que emerge del corazón.

¿En qué momento…? ¿En qué momento mi vida encontró tiempo para complicarse con un recuerdo tan vivo que ronda en mi mente durante todo el día? ¿En qué momento la distancia se volvió efímera para sentirnos tan cerca y el tiempo tan relativo para sentir que somos los mismos de entonces, con algunos pendientes, con algunas experiencias, con muchas historias y con un beso en el tintero?

Anhelo el momento en que al vernos las palabras enmudezcan, los besos hablen, las caricias acompañen el lenguaje nuestros cuerpos ardientes en deseo que terminan consumiéndose en placer.

Pero no, no estoy enamorada, una mujer como yo no puede permitírselo, una mujer inteligente y madura como yo no puede caer en esas tentaciones, no puede rendirse ante tu voz que acelera el latir de mi corazón, ante las palabras que hacen eco en cada parte de mí, ante la añoranza de un pasado inmediato y un futuro incierto. No, no puedo rendirme ante el acelerado latir del corazón y lo absurdo y desencadenado de mis pensamientos.

No, no puede ser así… Esto es solo una locura.