¿Qué hacer con una mujer muy Azul?

…mi intensidad y pasión es algo que relato tras relato queda en evidencia. Noche tras noche, cuando escribo, me pregunto si será tan difícil saber qué hacer con una mujer como yo, una mujer muy Azul, y llego a la conclusión de que sí, sí debe ser una complejidad, por eso hoy, sencillas recomendaciones para aquellos que quieran saber ¿Qué hacer con una Mujer Muy Azul?

  1. No me mientas, bajo ninguna circunstancia acepto las mentiras. En el primer relato que escribí (¿Quién soy?) describí que la vida, entre lágrimas y risas, me ha enseñado a negociar los sueños e ilusiones con la realidad. Mi apuesta siempre será al amor, a ese amor que supone entrega auténtica, entregar un pedacito de alma en una sonrisa, entregar mi esencia en una caricia toque el corazón, entregar el sabor de mi mundo en un beso… pero también he aprendido a negociar ese sueño con la realidad, a veces no me alcanzan los encantos para esa historia de ensueño. No me mientas, no disfraces de “tequieros” el deseo de poseer mi cuerpo por una noche.
  2. Sé muy hombre. En un relato escribí acerca de esto (Un hombre HOMBRE). Un hombre para mí pertenece a la categoría gramatical de adjetivo, no de sustantivo y por tanto, indica una cualidad. Un hombre sabe tratar a una mujer, entiende la delicadeza de una caricia que despierte en ella el más intempestivo deseo por hacer el amor; entiende cuando no se necesita una noche de sexo agotador, sino de unos brazos tibios que reconforten el día y den oídos atentos a mis sinsentidos. Detesto a los machos, los aborrezco y, desafortunadamente, los conozco, tristemente más de lo que quisiera.
  3. Entiende que soy más que una mujer atractiva y seductora. Sé mis encantos, sé hacer uso de ellos, disfruto del erotismo y la sensualidad como de la vida misma, pero soy más que solo un cuerpo ardiente en busca de historias. En otro relato escribí para aquellos que suponen sería capaz de enloquecerlos entre besos y caricias, que hay ocasiones en las que subastaría los besos y las caricias de mis historias por ese amor que me haga entregarme sin preguntas ni respuestas. Soy más de lo que ves, mucho más.
  4. Atrévete a conquistarme. No necesito mariachis a la puerta ni una joya ostentosa. Conquístame, descifra el lenguaje de mis manos jugando con mi cabello, reconoce el mensaje tácito de mis relatos, róbame del mundo y hazme tuya. Atrévete a despertar los demonios del amor, esos que me hacen devorarte a besos en una noche de pasión y reconquistarte día a día con sencillez de un beso que apenas toque tus labios. Atrévete a despertar mis demonios, porque te prometen el cielo.
  5. Hazme el amor como nadie. Escribe conmigo una nueva historia, sin fantasmas, sin sombras. Bésame los labios haciendo que la sensación apague los pensamientos que evocan recuerdos, haz ese beso infinito en su recorrido. Desnúdame diciéndome que te gusto, devorándome con la mirada, reconociendo el cuerpo que has imaginado tuyo. Acaríciame acompañando ese beso infinito, recorre con las yemas de tus dedos mis labios, mi cuello, mis hombros, mi pecho, toma mi cintura y abrázame a ti. Déjame sentirte lentamente, déjame hacer eterna la sensación de pertenecernos…

Una mujer muy Azul no es cosa fácil, una mujer Azul sueña con el amor, se rinde al placer que inicia un beso o una caricia, teme la soledad. Una mujer muy Azul disfruta la sensualidad y la seducción pero eso no la hace ser una mujer fácil. Una mujer muy Azul es la tentación de muchos pero el atrevimiento de pocos…

En silencio…

en silencio

Y cerramos los ojos, sólo cerramos los ojos y nos recostamos sobre la cama, con una copa de vino en la mano, en silencio, sólo escuchando aquella música, un piano armonioso que, desde el play list de mi teléfono, nos hacía perdernos en el tiempo, que a ojos cerrados nos llevaba a un paraíso, a ese donde el amor es posible, donde amar es una entrega en la que nuestras almas se acarician mientras nuestros cuerpos se pertenecen.

Cerramos los ojos, bebimos de a poco la copa de vino, paladeamos el sabor del vino y lo compartimos en un beso, así, a ojos cerrados, sólo dejando que la magia del contacto de nuestros labios, de la humedad de nuestra lengua dijera todo, mientras nuestra mente estaba desconectada de todo y de todos, perdida en los acordes de aquel piano, en esa composición precisa y excitante que nos abstraía de la realidad.

Dejamos de lado las copas de vino, tomaste mi nuca para jugar con mi cabello, en silencio, sólo compartiendo miradas y besos, sólo dejando que el roce de nuestros cuerpos dijera todo, la sensación era plena, inmediata y eterna, inmediata en el instante en el que tus labios bajaban por mi cuello y eterna en la sensación que estremecía todo mi cuerpo hasta grabarse en mi memoria.

Mis manos jugaban en tu cabello, acariciaban tu oreja, las yemas de mis dedos de manera recurrente regresaban a tus labios, sólo para acariciarlos, sólo para sugerir que tu lengua rozara sutil y suavemente mis dedos, sólo para que mi boca se acercara a tus labios y mi lengua delineara la comisura de tu boca.

En silencio, nuestras miradas perdidas en el éxtasis del momento, la música era sin duda el mejor aliciente para tenernos absortos  y sin prisa por pertenecernos, la música acompasada guiaba las caricias, los besos y el roce de nuestros cuerpos. Era una delicia, sentirme tuya, tuya desde las sensaciones que provocabas, tuya en medio de ese silencio que callaba incluso los pensamientos, ese silencio que no requería de palabras, ni de un “te amo” que sellara la entrega.

Bebimos otro trago de vino y nos devoramos en un beso apasionado, en un beso que inició en los labios y que sin prisa recorrió mi cuerpo completo, un beso que erizaba mi piel en su recorrido, que de momentos dibujaba con tu lengua un trazo de ternura y luego otro de pasión. No había palabras, no las necesitábamos, la música de piano seguía ambientando nuestra noche, acompasando nuestra entrega, haciendo que ese beso siguiera el camino del instinto y el deseo.

Tus labios sin palabras me decían una y otra vez “te quiero”, “te deseo”, “me encantas”; mi mirada que de momentos se perdía en la tuya respondía atenta tus tequieros. A ojos cerrados disfruté aquel beso eterno, que recorrió pecas, lunares, cicatrices, miedos, historias, certezas, deseos… ese beso que por no sé cuánto tiempo cubrió mi piel de esperanzas, de ilusiones, ese beso que sabía a amor.

En silencio, callada, aún perdida entre el exquisito piano que acompañaba la noche, fui sometida a un mundo de sensaciones, a todo lo que mi piel ardiente sentía, a lo que mi corazón excitado gritaba, sometida ante lo que mis pensamientos atormentados me decían, a todo lo que la razón buscaba como respuesta, a lo que mis lágrimas intentaban ahogar esa noche, en la que te pensé una y otra vez imaginándote real, deseándote real…

Así, en silencio… atemperar la piel entendiendo tu ausencia; silenciando el corazón de todo lo que te quería decir; lidiando con los pensamientos que una y otra vez me repetían que no existes, que no eres real; suplicando la razón depure todo lo que durante el día ronda en mi cabeza, deshaciéndose de la fantasía…

Así, en silencio…

 

Me deseas

Me deseas cuando intentando huir de nuestros pensamientos conversamos trivialidades, cuando el discreto delineado de mi boca atrapa tu mirada mientras la humedad de mi lengua recorre sutilmente mis labios. Me deseas porque imaginas que en el movimiento natural de mis labios al hablar te devora, que no son mis palabras las que te conquistan, sino los besos que estas callan.

Me deseas como se apetece aquello que se supone propio, imaginando el sabor de mis besos, el olor de mi piel… como aquello que se anhela como un trofeo merecido y ganado por circunstancias de la vida, ganado con un esfuerzo de cortesía y galantería que juegan al amor. Me deseas fantaseándome tuya en aquellas noches en las que nos despedimos de la fantasía y nos sumergimos en la realidad, en aquella despedida cálida a la distancia que se queda haciendo eco en tus pensamientos.

Y entonces me imaginas frente a ti, viéndome jugar con mi cabello un poco nerviosa, un poco queriendo que tu mirada me siga, que tu mirada perdida en mis ojos lea mis pensamientos, sugiriendo un abrazo que nos acerque tanto como sea posible, un abrazo donde se sienta el acelerado latir de los corazones para que después, comiences a besar mi cuello mientras mis manos se sujetan con fuerza a tu espalda.

Imaginas con deseo cómo la textura de mi blusa de te invita a que la toques, a que sientas que la tibieza de mi piel traspasa la ropa para que con delicadeza y prontitud la hagas desaparecer en segundos. En un recorrido visual avanzas desde mi mirada, bajando hacia mi boca, saboreando mis hombros hasta que tu lengua se acerque a recorrerme mientras tus manos ansiosas me toman por la cintura.

Me deseas porque reto tu fantasía, porque en mí encuentras a esa mujer inexplicable, porque imaginas una piel tersa cuando lo que existe es una piel cubierta de historias, miedos y cicatrices (algunas visibles y otras profundas); porque imaginas un cuerpo ardiente en pasión, cuando lo que existe es un cuerpo tibio en busca de un tierno cobijo. Me deseas porque me supones una mujer seductora y atractiva capaz de volverte loco entre besos y caricias, cuando en realidad subastaría todos esos besos y caricias a cambio de un amor de verdad.

Y mi voz te provoca. Y aquella imagen que celoso guardas de mi sonrisa te inquieta. Y la distancia te reta. Y me deseas porque esa sensación te hace suponerte capaz de conquistar la piel y el corazón de una Mujer muy Azul, capaz de seducir a aquella que en tu imaginario se dibuja como una mujer fascinante y seductora, inteligente y apasionada. Me deseas como un reto, como una aventura que luego de la conquista podría ser solo una más de tus historias.

Me deseas sin imaginar siquiera la realidad que encontrarás en el instante en el que tus labios saboreen aquel primer beso en la intimidad, sin saber los demonios que despertarán en el instante en el que cierre los ojos para entregarme al momento íntimo que hemos imaginado y sintiendo cómo tus labios devoran los míos, cómo tu lengua acaricia la mía… Me deseas sin imaginar que soy más que fuego ardiendo debajo de mi ropa, que soy más que una piel ansiosa por sentir tus manos recorrerme, más que un mundo de historias de fantasía necesitadas de un protagonista, soy más que la historia en una cama…

Me deseas sin imaginar los demonios del amor que viven dentro de una mujer como yo, sin dimensionar siquiera el cielo que promete la intimidad con una mujer Muy Azul, sin saber la dulzura que puedo entregarte en un beso, al final, exhausta, después de hacer el amor…

Es extraño…

Te conocí de una manera tan casual, nuestro saludo fue frío y distante, compartiendo temporalmente un espacio que nos resultaba ajeno, conversando trivialidades con la intención de construir una plática amable, viendo un hermoso paisaje en un cálido ambiente. Es extraño, pero una casualidad se convirtió en ese algo más que muy ocasionalmente sucede en mi realidad y que parece más historia de fantasía para mis relatos.

El escenario habría sido perfecto para despertar juntos, caminar tomados de la mano, sintiendo cómo los rayos del sol hacían brillar mi sonrisa mientras en un beso te perdías en mi mirada; habría habido tiempo para uno o varios tragos compartidos entre besos y caricias; habría sido propicia la noche para dormir bajo las estrellas custodiados por la luna.

Es extraño, esas escenas impensables en ese momento que ahora parecen tan fáciles de imaginar; es extraño que sonría con tus mensajes y que me disfrute tu presencia. Es extraño que la cercanía nos aleje y la distancia nos acerque, que estando frente a frente el mundo nos limite y nos convierta en aquellos personajes de un guión estudiado y que en lo furtivo nuestros labios se entiendan sin palabras.

Y solo un instante de cordura ha permitido que no cometa una locura, solo un poco de cordura me ancla a la realidad para no avanzar a la deriva, un poco de cordura se aferra a creer esto una fantasía con la conciencia de que estás fuera de la realidad. Y es que es más fácil huir de la realidad compartiendo sinsentidos en medio de tragos apresurados, que besarte y perderme en el sabor de tus labios, y es que es más simple hablarte de cualquier cosa controlando el movimiento de mis manos para no acercarme para acariciar con las yemas de mis dedos tus labios mientras me observas.

Y es un mundo extraño en que inventas con tu presencia, es un mundo insólito que me tiene a la expectativa de tu historia, de tu mundo y tus porqués. Es una realidad que solo cabe aquí, que solo es un relato de fantasía convertido en un Momento Azul, que es una extraña coincidencia de la vida para sabernos vivos, sentir y retroceder y ocupar el lugar del espectador en esta historia inventada.

Y es ese juego de la vida, que pone en el mismo nombre el acierto y el error; la alegría y la desdicha; la realidad y la fantasía. Ese juego que parece un rompecabezas sin tener todas las piezas, que pasa del divertirnos con el juego a convertirnos en juguete. Es una apuesta muy alta, con unas cartas sin juego, en donde la suerte, el azar son los que mandan, la suerte de tener tiempo, el azar de coincidir para un beso.

Y es ese juego que me hace al mismo tiempo, segura de mis encantos y vulnerable de mis sentimientos; ese juego que disfruta convertirme en una mujer deseada que quisiera ser una amada; ese juego que por instantes de hace más mío que de otros y luego me convierte en más tuya que de mi mundo.

¿En qué momento? ¿En qué momento este extraño juego se metió en mi cabeza? ¿En qué momento tu cortesía fue un anzuelo que atrapó mi curiosidad? ¿En qué momento la casualidad nos ubico en el mismo lugar tan naturales, tan auténticos, tan nosotros? Nunca una cita pactada nos habría permitido conocernos así.

Es extraño lo que sé de ti, es predecible lo que desconozco de tu vida. Es extraño que un mensaje me haga sonreír y de momentos el reloj parezca detenerse ante tu silencio… Es extraño que mis pensamientos de momentos me hagan rehén de una historia de amor y que la realidad me ubique en una historia de deseo… Es extraño que tu voz sea un bálsamo en mi día, que tu saludo frío y distante de aquella primera vez, hoy se convierta en el mejor pretexto para mi sonrisa.

Es extraño… pero no es extraño que tenga que escribir para huir una vez más de la realidad convenciéndome de que esto es solo fantasía…

Escribir(te)…

Muchas veces es necesario rescribir la realidad, la vida es como ese libro que un escritor tiene como su mejor proyecto y de tanta perfección que busca para él, a veces se queda con hojas en borrador, con la intención de volver a escribirlas, hojas que fueron escritas en desorden y quedó pendiente la corrección, un día que hubiera más tiempo, un día que las ideas fueran más claras. Son también aquellas hojas escritas con ortografía y sintaxis impecable que relatan escenas de ensueño, descritas de forma tan vívida que es imposible no imaginarlas. A veces también tiene hojas en blanco que, tanto que se quiere decir, las palabras resultan insuficientes para cifrar aquella historia.

Y qué ganas de seguir escribiendo hasta que la historia parezca real, hasta que el mundo que invente al fin tenga el sabor de tus labios y el olor de tu piel, hasta que tus brazos cobijen mis miedos y me escondan de las tristezas, hasta que el deseo ardiente se desborde de la cama y nos consuma en cada caricia.

Y escribir es inventarte, es aceptar el juego de la vida donde nos acerca y nos separa a su capricho, es buscar tu voz en un mundo virtual, es buscar tu sonrisa en una imagen estática, es añorar el roce de tus manos que recorra mi cuerpo cuando solo son las sábanas las cubren mi piel. Escribir para hablarte a la distancia, es lograr que el eco de mis pensamientos llegue hasta tu oído y mi voz se interne en tu mente y me sepas tuya.

Y este libro, esta vida, me hace rehén de mis pensamientos, me hace libre de los prejuicios, me hace más tuya que de mi mundo, me hace Azul en un sinfín de matices que me llevan de ese tono que evoca tranquilidad, a una Azul que te acerca al cielo, a un tono azul profundo que te invite a perderte conmigo una noche cobijados solo por la luz de la luna.

Escribir es hilar palabras con un poco de sentido que expliquen esta locura, es hurgar en el alma para ofrecerte aquello que pueda conquistarte con palabras, enamorarte con historias, seducirte con la sugerencia que despierte tu imaginación. Es escribir para que mis palabras se conviertan en besos y recorran tu piel mientras escuchas mi voz, mientras imaginas que las palabras que lees las pronuncian mis labios.

Es ese intento de un escritor, por hacer a través de la historia que cuenta, la historia de otros, el testimonio que encierra verdad y fantasía, que invita a cambiar el nombre del protagonista para reconocerse en él, que abre la imaginación para ser un personaje más de la historia: protagonista, incidental o referenciado, pero reconocerse en la historia que lee, encontrarse entre líneas.

Escribir es una obstinación por cambiar la realidad, por tener un guión de la historia que quiero contigo, es gritarte a la distancia que cierro los ojos y te pienso y guardo en mi mente la frase que dé pauta al siguiente relato; que escucho tu voz y guardo en la memoria del corazón las sensaciones que despiertas para evocarlas cuando estoy frente a mi computadora para escribir(te).

Y escribiré retando a la realidad, retando al destino… escribiré pensando que me lees y me sabes tuya, que me lees y quisieras estar aquí y no allá…

Una tentación difícil de vencer

Habíamos anhelado tanto que sucediera, que sucedió tal cual lo imaginamos, quizá mejor. Pasaste por mí a casa, yo iba vestida muy fresca, aunque era casi noche, se sentía mucho calor. Hicimos una escala para comprar algo de beber y nos dirigimos al lugar que tú elegiste como la mejor opción.

Llegamos, bebimos un par de cervezas mientras conversábamos de nuestros días cotidianos, de aquellas historias que se conversan recostados sobre la cama, vestidos y sin prisa, acariciabas mis hombros con delicadeza, me observabas como si te gustara, como si con nuestras miradas entabláramos una conversación alterna que compartía cuánto estábamos disfrutando el momento, ese tiempo en el que el mundo no existe, en el que un habitación es todo lo que necesitábamos para jugar al amor. Un playlist que yo seleccioné para la ocasión que hacía juego con el sonido del agua que llenaba el jacuzzi.

Rumiamos mi eterna teoría de qué significa para ti estar con una mujer como yo, reías de mis obstinadas conclusiones: un hombre como tú “necesita” en su currículum una mujer como yo, una mujer que pruebe que no hay reto que no consiga, que pruebe la hombría de un joven decidido a obtener cuanto capricho se cruza por su camino. Insististe, un poco por cortesía, en demeritar mis conclusiones, me dijiste cuán interesante te parezco, cuan seductores te parecen los lunares en mis hombros y las pecas en mi pecho.

A la par de nuestra conversación tus manos recorrían con una deliciosa sutileza mi cuerpo, sentía cómo bajaban por mi espalda y se adueñaban de mis caderas, cómo tus labios de repente se acercaban a mi boca para silenciarme con un beso y luego retomar la conversación. Era delicioso sentirte pero era tan agradable nuestra charla que tus caricias no distraían mi concentración para seguir argumentando mi teoría sobre tu triunfo sobre mí y tus evidencias de hombría al conquistar cada centímetro de mi piel.

Pronto la ropa se esfumó, en medio de esa álgida conversación, tiempo suficiente para que el agua tibia del jacuzzi estuviera lista para nosotros. Nos dirigimos a ella y ahí comenzaste un delicioso masaje en mi cabeza, jugando con mi cabello, acariciando mi nuca, bajando hacia mis hombros y haciéndome disfrutar de una manera única. De momentos ese masaje cambiaba el rumbo y tus manos recorrían con tal sutileza mi pecho que a ojos cerrados no era difícil imaginarte, imaginar cómo tu mirada me devoraba con deseo, cómo tu cuerpo atendía las sensaciones que tus manos descubrían.

El agua tibia combinaba las emociones, esa excitación contenida que nos tenía al borde de la locura, con una sensación de relajación que nos invitaba a disfrutarnos más y más antes de embriagarnos de placer. Al fondo mi play list de jazz seguía acompañando la escena. Nuestros cuerpos frente a frente se encontraban en un beso que intentaba silenciar en mis pensamientos las teorías debatidas antes en la cama, que me hacía perderme entre tus brazos, que me dejaba sentirme abrazada por tus piernas. Un beso que te explicaba que soy más que una mujer seductora capaz de enloquecerte con las palabras que escribo, que soy más que una tentación difícil de vencer.

Tus manos cada vez más ansiosas recorrían mi cuerpo, lentamente, apropiándose de cada sensación que despertaban, haciendo a mi mente enloquecer y haciendo a mi cuerpo arder. Mis labios en respuesta besaban tu cuello, mordían tu oreja y te decían al oído cuánto estaba disfrutando ese momento. El lugar se había impregnado de sensaciones, de pensamientos que nos hacían pertenecernos en cada caricia y en cada beso.

Unidos en un beso salimos del jacuzzi, nuestros cuerpos escurriendo se recostaron sobre la cama. Bebías las gotas de agua que aún estaban sobre mi piel, tu lengua sedienta tomaba esas gotas para hacerme arder en deseo por sentirte, por consumirnos en ese placer que otras veces nuestras miradas habían conversado, que nuestros encuentros casuales habían imaginado, que tu lista de pendientes tenía aún sin cumplir.

Hicimos el amor en una escena inolvidable, como jamás lo habríamos imaginado… y aún hay pendientes. Y lo sé, seguiré siendo una tentación difícil de vencer, la tentación que debes vencer cuando en tu vida de retos, necesitas poner a prueba tu hombría con una mujer como yo…

¿Realidad o fantasía?

realidad o fantasia

Todo fue tan delicioso que era difícil en ese instante tener la certeza de si se trataba de una fantasía o lo que sucedía era real…

Comenzaste besando mis hombros que se encontraban al descubierto, yo vestía una camiseta negra de tela muy sedosa y un short azul. La camiseta era una sutil insinuación para que te deshicieras de ella, bajando uno por uno los tirantes mientras besabas mis hombros y dejábamos que la sensación que tus labios provocaban recorriera todo mi cuerpo.

Regresaste a mis labios y nos besábamos con el hambre que provoca el deseo, con el hambre que sugiere el amor… en muy pocos minutos nuestros cuerpos ardían en deseo y mis piernas descubiertas te invitaban a que las recorrieras como tantas veces lo habías imaginado. Acariciaste mis pies con un delicioso masaje, recorriste con las yemas de tus dedos mis pantorrillas cansadas, acercaste tus labios para besar mis pies y comenzar desde ahí un recorrido certero y delicioso.

Las yemas de tus dedos apenas rozaban mi piel, tus labios acompañaban el recorrido mientras mis labios repetían insistentemente tu nombre pidiéndote que no te detuvieras, que continuaras ese camino que te llevara a recorre mis piernas, avanzar hacia mis muslos, morder mis piernas y luego acariciarlas con la punta de tu lengua… ese recorrido que te guiara hacia el interior de mis muslos, dejando que tus manos despertaran un sinfín de pensamientos y tu lengua asegurara eternas esas sensaciones.

Mi short no era impedimento en tu recorrido, tus manos hábiles encontraron cómo deshacerse de él, tus labios hambrientos supieron cómo devorar lenta y pausadamente cada centímetro de mis piernas, cómo apropiarse de mis muslos y hacerme hervir en deseo. Atento escuchabas mi súplica de no detenerte, de que continuaras guiado por el instinto, por el deseo, por las indicaciones que mi mirada y mis labios pronunciando tu nombre te daban.

Llevaste tus manos a mi vientre, a mis caderas, acariciándome con que el deseo que me exigía no estar inerte a tu recorrido. Tus manos tomaban mis caderas y apretaban con la sutileza, besaste mi vientre mientras mis manos acariciaban tu cabeza y jugaban con tu cabello dando una aprobación tácita para que continuaras tu recorrido, para que tus manos siguieran acariciando mi cadera mientras tus labios besaban mis muslos, mientras tu lengua avanzaba sin temores ni dudas…

El tiempo parecía detenerse por instantes, mi corazón exaltado parecía salir de mi pecho, intentaba controlar mi respiración que era cada vez más acelerada. Las sensaciones eran intensas, profundas y a ojos cerrados la plenitud del placer invadía mi mundo, cada uno de mis pensamientos se volcaba en ti, en ese instante en que se toca el cielo sintiendo el calor del infierno, en ese instante en el que mis labios dictan como sentencia tu nombre, en ese instante en el que te pienso tan real que no eres una fantasía…

¡Qué delicia!

 

Una noche a tu lado

2

Hacer a la noche cómplice de nuestra historia, así desnudos bajo las sábanas, yo de espaldas a ti, tu abrazándome por la cintura… tomo tu mano y la llevo a mi vientre, dejando que la palma de tu mano lo cubra y lo reconforte, mientras disfruto el delicioso roce de mi espalda contra tu pecho y el juego de nuestros pies rozándose entre las sábanas.

Los minutos transcurren lentamente, juego con tu mano sobre mi piel, llevándola de mi vientre a mis caderas, llevándola hacia mis muslos mientras nuestros cuerpos arden en deseo… Tu mano dócil atiende en recorrido que la mía le guía, así te llevo hacia mi boca para que mi lengua acaricie tus dedos, para que mis dientes muerdan suavemente la palma de tu mano, para que mis labios besen el dorso de tu mano…

Así, llevo tu mano hacia mi pecho, siento una deliciosa tibieza que me recorre, son movimientos suaves que cómplices del silencio de la noche, nos permiten escuchar nuestra acelerada respiración. Es tan delicado el recorrido de tus manos sobre mi piel, tan pausado que parece congelar cada instante en esa sensación que recorre todo mi cuerpo…

Deliciosa noche contigo a mi lado… haciendo el amor en cada caricia, en esas palabras mudas que nuestros labios en cada beso pronuncian, en el silencio de la noche que nos permite escuchar el latir de nuestros corazones.

Continúas con ese atinado recorrido de tus manos en mi cuerpo, de momento sumiso a la guía de mis manos, de momento irreverente descubriendo tus propios caminos. Mientras besas mi cuello, tus manos siguen su recorrido, tu lengua traza sobre mis hombros mensajes que explican el deseo, tus manos ansiosas aprietan mis muslos, esos que sé que te encantan, tomas mi cadera con fuerza sabiéndome tuya, sintiendo cómo cada sensación nos acerca a ese instante, a ese éxtasis que solo el amor aderezado de sexo puede provocar.

Cada beso, cada caricia, cada centímetro recorrido de mi piel me hace perderme en la sensaciones, en lo delicioso de una noche a tu lado… la luz tenue que nos vigila te invita a separarte un poco de mí, a dejar de lado las sábanas y observar detenidamente mi cuerpo mientras las yemas de tus dedos acompañan el recorrido de tu mirada. Me observas apropiándote de mis lunares, mis cicatrices, las pecas y los rastros que el tiempo ha dejado para ahora hacerme una mujer plena y sin complejos.

Tu mirada me seduce, me hace perderme en tus ojos encontrando en ellos deseo y paz; deseo y amor; deseo y plenitud, deseo y esa compañía que hace de esta noche un derroche de emociones, un festín compartido en que entre besos y caricias celebramos el amor, devoremos el deseo, brindamos por una noche a tu lado…

Amar desde la intimidad

5

Amar es hacer de la ocasión un instante propio para el amor, es hacer que suceda y  que un par de botellas de vino y una habitación sean más que solo un pretexto para hacer el amor, para amarnos y disfrutar de nuestros cuerpos y besar nuestras almas…

El amor desde la intimidad es consumir el juego más sutil de la seducción, es compartir en un beso el sabor del vino, es hacer de los sonidos, las palabras, las caricias y  los besos el lenguaje más franco del amor que se culmina en el derroche de placer, en el éxtasis que construye desde dentro un mundo de sensaciones que piden más, que piden estés en mí, en mi cuerpo, en mi alma.

Amar en la intimidad es recorrer cada espacio de la habitación, compartiendo una y otra copa de vino en medio de una charla que enciende el deseo, ese que se enciende cuando observas fijamente mis labios mientras hablo contigo, ese que hace que de momentos tu mirada se pierda entre mis pechos con el hambre de devorarlos, ese que en un beso calla mis historias y grita mis fantasías.

Amarnos en la intimidad es conquistar cada centímetro de la cama, es hacer de las sábanas un lienzo virgen en el que hacemos trazos perfectos, un lienzo en el que el movimiento de nuestros cuerpos hace arte, dibuja con colores vivos, con tonalidades cálidas, con técnicas improvisadas pero perfectas.

La intimidad es ese espacio que nos permite hacer del amor todo lo que la fantasía propone, es desnudarnos sin prisa, disfrutar las texturas de la ropa, desabotonar tu pantalón mientras mis manos arden en deseo por sentirte y es devorarte en un beso, sintiendo tus manos en mi espalda deshaciéndose de todo lo que le estorbe para sentir mi piel, para que las palmas de tus manos recorran a placer mi cuello, mis hombros, mi espalda; es encontrarnos con la ropa sobre el piso sin saber en qué momento dejó de pertenecernos.

Amarte es hablarnos con las miradas, recostados sobre la cama en el justo momento en el que nuestros cuerpos desnudos se rozan por primera vez, en el momento en que tus manos toman mi cintura contra ti, y nuestros muslos se encuentra y se entrelazan mientras mis manos juegan con tu cabello acariciándote con sutileza, dejando que tus labios besen mi cuello, muerdan mis hombros. Así abrazados sin temores ni prejuicios, seduciéndonos a placer, en un placer compartido donde disfruto acariciarte pausadamente y tú disfrutas el recorrido de mis manos, de mis labios, de mi lengua…

Amarnos es el camino certero que tus manos hacen desde mis tobillos, es el lento recorrido con el que tus labios saborean mi piel avanzando milimétricamente por mis piernas y mis muslos hasta llegar a mi vientre. Es ese trazo espontáneo y simple que se disfruta como una caricia experta y estudiada, que se traduce en sensaciones inexplicables con palabras, pero simples para hacerlas recíprocas en tu piel.

Así, te recuesto boca arriba, para que observes mi cuerpo ardiente, mi piel ansiosa de que continúes tu recorrido y así, observándome, lees en mis labios un “te amo” y después mi boca te explica con más claridad la frase, me inclino a tus labios los acaricio con la punta de la lengua, los muerdo suavemente atrapándolos con mis labios, nos entendemos y en ese beso nos explicamos el deseo y el amor en una misma sensación, en ese beso nos explicamos la necesidad de nuestros cuerpos por pertenecerse en el mismo instante de placer compartido.

En ese beso nuestros cuerpos encuentran el ritmo perfecto, el camino certero y las sensaciones precisas que nos hacen disfrutar el amor desde la intimidad…

Una noche de estrellas

noche de estrellas

Me encantan esas noches de estrellas en las que bajo las sábanas tocamos el cielo y jugamos a dibujar nuevas constelaciones entre besos y caricias…

Es delicioso iniciar la noche mirando el cielo, contando los luceros que nos sonríen, buscando la estrella fugaz que nos cumpla el deseo de hacer eterna nuestra noche, haciendo del silencio nuestra mejor conversación, haciendo de cada beso el camino hacia el placer.

Recostados sobre el pasto, contemplando la noche, cobijándome con tus brazos, mientras recorres la textura de mi ropa y tibiando la temperatura de mi piel, recorres mis brazos, besas mi cuello y comienzas a bajar hacia mi pecho, así sobre mi blusa que en pocos minutos parece dejar de existir porque la sensación de tus labios traspasa hasta la prenda más gruesa.

Mis piernas se entrelazan a las tuyas, con roces suaves y pausados recorren una y otra vez tus muslos que abrazan a la perfección mis piernas, que me invitan a estar cada vez más cerca a ser cada vez más tuya, a hacerte cada vez más mío…

La noche ha caído, las estrellas desde el cielo nos marcan un camino hacia la habitación, la noche es muy fresca y solo la tibieza de nuestra piel nos salvará del frío… descalzos, abrazados a un paso acompasado que no nos permite separarnos mucho llegamos a la cama cómplice de aquella estrella fugaz nos aguarda cautelosamente.

Me recuestas sobre la cama mientras te deshaces de tu ropa, yo aún vestida me cubro con la sábana y ansiosa te espero. Te recuestas a mi lado y nuestros labios se encuentran con experiencia, con deseo, con hambre, nos besamos y en ese beso nos decimos todo: te quiero, te deseo, te amo, me encantas… todo para entender que será una gran noche de amor, que haremos el amor como solo nosotros podemos hacerlo, como solo con nuestros años, nuestros kilos y nuestras historias podrían permitirnos disfrutar después de tantos años.

Aprovecho la ventaja que tengo sobre ti y aprovecho la tibieza de tu piel, continúo el beso en tus labios recorriendo tu piel desnuda, bajando lentamente, suave y sutilmente, consiguiendo aquello antes habíamos imaginado. Perdiéndome entre tu piel y las sábanas…

Es delicioso pertenecernos, sentirte tan mío en cada sensación, disfrutar el sabor del placer y del amor en cada beso, en cada caricia… así en ese juego certero que tácitamente nos proponemos, desnudas mi cuerpo con la seguridad que te da antes, mucho antes, haber desnudado mi corazón y mi alma…

Entre las sábanas queda pérdida mi ropa, queda encendido el deseo y la magia, sentir el roce de tu cuerpo contra el mío, sentir cómo tus manos se apropian de cada espacio de mi cuerpo, sentir cómo tus besos devoran mi piel, cómo nuestros cuerpos se reconocen y entienden a la perfección y aquel cielo estrellado, profundo, imponente se hace presente en la habitación, adueñándose de nosotros y cumpliendo la fantasía del placer más intenso y pleno que hayamos sentido…

Gracias por una noche de estrellas…