Una noche inolvidable

una noche inolvidable

Mis pensamientos habían estado atrapados en un sinfín de preguntas sin respuesta, mis noches se convertían  en agotadores sueños sin sentido que sólo me formulaban más preguntas al despertar, eran noches de cansancio que me vencía con tan solo tocar mi almohada, pero sin descanso que me permitiera apagar mi mente intentando encontrar porqués.

Entonces, al fin encontramos un tiempo para inventarnos en medio de lo cotidiano, un tiempo para reconocernos en las sensaciones de recorrer nuestra piel, en la sensación de estremecernos al hablarnos al oído… era tiempo de convertir la escena de fantasía en la más deliciosa realidad en medio de una noche de lluvia, donde la ventana de la habitación se iluminaba repentinamente con los relámpagos que enmarcaban la intensa lluvia.

Era momento de dejarnos conquistar por la imaginación, de silenciar las palabras y hacer de cada sensación el lenguaje más claro y sublime que la escena necesitaba. No hablamos, en un dulce beso pactamos sin palabras hacer de esa noche una cita inolvidable, un encuentro que desbordara placer y ternura. En ese beso devoré tus dudas, devoraste mis miedos; saboreé tu deseo, probaste mi hambre de ti.

Había una tenue luz, la necesaria para hacer notar el brillo de nuestros ojos perdidos en las sensaciones que invadían nuestro ser, nos descalzamos, conociste mi estatura real (sin los 12 centímetros del tacón de mis zapatos) sonreíste con ternura y me abrazaste contra tu pecho, me sujeté a tu espalda, dejándome arrullar por el latir de tu corazón, dejándome conquistar por el calor de tu piel que me invitaba a recorrerla con mis labios…

Jugabas con mi cabello, me decías cosas sin sentido al oído, mordisqueabas mi oreja y luego la acariciabas lentamente con la punta de tu lengua. A ojos cerrados mi sonrisa avalaba cada una de las deliciosas sensaciones que despertabas. Sin hablar, el lenguaje de mis manos recorriendo tu espalda te pedía que no te detuvieras, así como saboreabas mis labios, mis mejillas, mi ojera, así, te adueñaras de mi cuello, que bajaras por mi pecho…

El deseo ardiente que consumía mi cuerpo y el sobresalto que me producían los relámpagos y truenos me hacían asirme a ti con ansia mientras correspondía el delicioso recorrido de tu lengua por mi cuello, besando tu oreja, desabotonando lentamente tu camisa, dejando que mis labios besaran de a poco tu dorso desnudo, dejando que mi pequeñez disfrutara sin impedimentos lo cálido de tu piel al contacto de mis labios, de las yemas de mis dedos sobre tus hombros, acariciando tu cara, tu pecho…

Así, parados a los pies de la cama, con la sincronía de un beso y de las caricias que recorrían nuestros cuerpos, nos desnudamos lentamente, dejando que la textura de la ropa y el roce de nuestras manos se convirtieran en la más excitante sensación que erizaba nuestra piel.  Nos recostamos sobre la cama, observabas mi desnudez con ternura, con deseo disfrazado de ternura. Besaste mis labios, apenas rozándolos, nos miramos fijamente, nos dijimos lo necesario para saber que ese instante nos pertenecía.

Acariciaste mi cabello, bajaste por mi rostro recorriendo con las yemas de tus dedos mis ojos, mis mejillas, mis labios. Trazabas con tus dedos suaves líneas sobre mis brazos, sobre mi pecho; confirmabas tus trazos con el recorrido de tus labios sobre mi piel. Volviste a mis labios para continuar el beso que nos había dado la bienvenida al lugar, el beso en el que pactamos que sería una noche inolvidable…

 

Hambre de amor

1

Como cada encuentro es un tiempo de magia y pasión que buscamos hacer eterno, el instante en que el destino nos convoca con tiempo para disfrutar el ambiente se impregna de un aire cálido, del olor de tu piel, del sabor de tus besos. Así, como otras noches, era nuestro tiempo, ese que hacemos nuestro cerrando los ojos al mundo, ese que buscamos con ansia en medio de la absorbente cotidianeidad que de momento nos aleja tanto.

Un par de cervezas iban bien para la ocasión, el ambiente era caluroso y la noche apenas comenzaba a caer. Había tiempo para beber unos tragos mientras recostados sobre la cama conversábamos de esas trivialidades que avanzan con el día a día… Bebíamos con prisa sabiendo que el tiempo pasaba, disfrutando el sabor fresco de la cerveza pero queriendo sentir el arder de nuestros labios en aquel primer gran beso de la noche.

Yo vestía un ajustado pantalón de mezclilla y una blusa negra, atuendo que ayudaba a hacerte apetecible mi silueta. Me levanté de la cama, dejé mi bebida sobre el mueble, solté mi cabello y jugué con él frente al espejo donde tú te reflejabas a la distancia. Me quité los zapatos y me acerqué a la orilla de la cama en donde te encontrabas sentado. Me tomaste por la cintura llevando mi cuerpo hacia ti, me observabas con deseo, con hambre de amor, tu mirada me desnudaba y tu imaginación recorría milimétricamente mi piel.

Me tomaste con fuerza, recorriste mi espalda, mis caderas. Me incliné para besarte. Tus manos ansiosas se abrían paso entre mi blusa, primero disfrutando la seductora sensación del recorrido sobre la tela, avanzando sobre una textura delicada que semejaba la tersura de mi piel, recorrías mi vientre y avanzabas hacia mi pecho, con una mezcla de sigilo y descaro por apropiarte de mi piel, de cada una de las sensaciones que despertabas en el recorrido.

En un instante hiciste desaparecer mi blusa y todo lo que obstaculizara tu camino. Observaste mi pecho desnudo, te separaste un poco de mi cuerpo, veías mi espalda reflejada en el espejo y frente a ti mi piel ardiendo en deseo, mi corazón excitado palpitando y diciéndote en cada latir “te quiero…”

Había silencio en la habitación, la conversación que hacía apenas unos minutos compartíamos en la cama, había enmudecido, nuestras miradas hablaban, nuestros besos gritaban, las caricias dictaban las indicaciones precisas para saciar nuestra hambre de amor. Un sutil recorrido de tu lengua sobre mi piel era el atinado trazo que guiaba el placer, devorabas con hambre y deseo mi cuerpo…

En un movimiento te recosté sobre la cama, así, encima de ti, mientras acariciaba tu cabeza y jugaba con tu cabello, dejé que tus labios y tu lengua siguieran disfrutando el sabor de mi piel, que tu olfato inhalara mi olor, mi perfume, que tus manos jugaran con mi cabello… ¡Qué delicia!

A ojos cerrados las sensaciones recorrían mi cuerpo por completo, el roce tibio de tu lengua en mi pecho y tu cálido aliento recorría cada centímetro de mi piel, internándose en mis pensamientos alentando el deseo de que devoraras mi cuerpo completo.

Mis pensamientos eran tan fuertes que los escuchabas, mi deseo era tan ardiente que el recorrido de tus labios sobre mi piel, te dictaba el camino. Me recostaste y con talento de experto mi ropa quedó perdida sobre las sábanas. Tu mirada me hablaba, mis ojos te respondían; tus manos se apropiaban de mi piel y así, con hambre de amor, devoraste cada centímetro de mi cuerpo desbordando en mí el éxtasis del placer…

 

 

Es extraño…

Te conocí de una manera tan casual, nuestro saludo fue frío y distante, compartiendo temporalmente un espacio que nos resultaba ajeno, conversando trivialidades con la intención de construir una plática amable, viendo un hermoso paisaje en un cálido ambiente. Es extraño, pero una casualidad se convirtió en ese algo más que muy ocasionalmente sucede en mi realidad y que parece más historia de fantasía para mis relatos.

El escenario habría sido perfecto para despertar juntos, caminar tomados de la mano, sintiendo cómo los rayos del sol hacían brillar mi sonrisa mientras en un beso te perdías en mi mirada; habría habido tiempo para uno o varios tragos compartidos entre besos y caricias; habría sido propicia la noche para dormir bajo las estrellas custodiados por la luna.

Es extraño, esas escenas impensables en ese momento que ahora parecen tan fáciles de imaginar; es extraño que sonría con tus mensajes y que me disfrute tu presencia. Es extraño que la cercanía nos aleje y la distancia nos acerque, que estando frente a frente el mundo nos limite y nos convierta en aquellos personajes de un guión estudiado y que en lo furtivo nuestros labios se entiendan sin palabras.

Y solo un instante de cordura ha permitido que no cometa una locura, solo un poco de cordura me ancla a la realidad para no avanzar a la deriva, un poco de cordura se aferra a creer esto una fantasía con la conciencia de que estás fuera de la realidad. Y es que es más fácil huir de la realidad compartiendo sinsentidos en medio de tragos apresurados, que besarte y perderme en el sabor de tus labios, y es que es más simple hablarte de cualquier cosa controlando el movimiento de mis manos para no acercarme para acariciar con las yemas de mis dedos tus labios mientras me observas.

Y es un mundo extraño en que inventas con tu presencia, es un mundo insólito que me tiene a la expectativa de tu historia, de tu mundo y tus porqués. Es una realidad que solo cabe aquí, que solo es un relato de fantasía convertido en un Momento Azul, que es una extraña coincidencia de la vida para sabernos vivos, sentir y retroceder y ocupar el lugar del espectador en esta historia inventada.

Y es ese juego de la vida, que pone en el mismo nombre el acierto y el error; la alegría y la desdicha; la realidad y la fantasía. Ese juego que parece un rompecabezas sin tener todas las piezas, que pasa del divertirnos con el juego a convertirnos en juguete. Es una apuesta muy alta, con unas cartas sin juego, en donde la suerte, el azar son los que mandan, la suerte de tener tiempo, el azar de coincidir para un beso.

Y es ese juego que me hace al mismo tiempo, segura de mis encantos y vulnerable de mis sentimientos; ese juego que disfruta convertirme en una mujer deseada que quisiera ser una amada; ese juego que por instantes de hace más mío que de otros y luego me convierte en más tuya que de mi mundo.

¿En qué momento? ¿En qué momento este extraño juego se metió en mi cabeza? ¿En qué momento tu cortesía fue un anzuelo que atrapó mi curiosidad? ¿En qué momento la casualidad nos ubico en el mismo lugar tan naturales, tan auténticos, tan nosotros? Nunca una cita pactada nos habría permitido conocernos así.

Es extraño lo que sé de ti, es predecible lo que desconozco de tu vida. Es extraño que un mensaje me haga sonreír y de momentos el reloj parezca detenerse ante tu silencio… Es extraño que mis pensamientos de momentos me hagan rehén de una historia de amor y que la realidad me ubique en una historia de deseo… Es extraño que tu voz sea un bálsamo en mi día, que tu saludo frío y distante de aquella primera vez, hoy se convierta en el mejor pretexto para mi sonrisa.

Es extraño… pero no es extraño que tenga que escribir para huir una vez más de la realidad convenciéndome de que esto es solo fantasía…

Te quiero…

Tan cierto es aquello que los amores verdaderos sobreviven al tiempo únicamente convirtiéndose en platónicos, que hoy eso eres para mí. Tan cierto es aquello de que parece que el amor, al menos el amor como el nuestro, existe únicamente en los libros y la poesía, que leo y escribo para amarte… Tan cierto es, que cuando te digo que te quiero, significa que quiero despertar contigo y ver la sonrisa de la luna creciente que nos saluda antes del amanecer cuando aún estamos recostados.

Te quiero como para que entiendas lo que pasa por mi mente cuando nuestras miradas en silencio se encuentren y que en un abrazo reconfortes aquello que solo tú entenderías. Te quiero como para que peleemos por la política y nos reconciliemos con la poesía, te quiero como para que recostados en el pasto al anochecer veamos las estrellas y busquemos a nuestros ángeles en el cielo y les compartamos lo delicioso que es detener el tiempo cuando nos tomamos de la mano.

Te quiero como para que al final del día me digas qué fue lo mejor o peor de tu jornada y en una noche cualquiera, juguemos a reconquistarnos compartiendo una botella de vino, viendo fotos del pasado, riendo y secando lágrimas de melancolía, hasta que sin saber cómo nuestra cama nos llame y terminemos haciendo el amor con la misma pasión que la primera vez.

Te quiero como para que avales mis locuras con una sonrisa compasiva, como para que seas cómplice de aquello que el mundo (mi mundo) considera impropio o arriesgado. Te quiero como para que tomados de la mano caminemos juntos sobre hojas secas en otoño o viendo el reverdecer de los árboles en primavera.

Te quiero porque necesito imaginar que quizá en otra vida, la historia será diferente, que tal vez un día nos reconoceremos en otras condiciones y nuestras almas se abrazarán. Entonces, el amor que solo en la mirada se expresa, se comunicará y la historia será diferente. Nos abrazaremos tan fuerte que nadie ni nada podrá separarnos, que nuestros cuerpos se pertenecerán desde el primer roce.

Huiremos en ese instante, comenzaremos a escribir una nueva historia, crearemos un nuevo mundo, donde el amor guíe el día a día, donde, en una tarde lluviosa, mientras yo escribo locuras en mi computadora, tú llegues con una taza café caliente y con un beso en el cuello, me digas que me amas y el brillo en tus ojos certifiquen la veracidad de tus palabras.

En ese nuevo mundo seré esa mujer que admiras, esa mujer inteligente, apasionada, sensual y erótica que te conquiste cada día, cada noche, con mi conversación, con mis besos, con el caminar que me acerque a ti para darte las buenas noches, con las noches de sexo complaciente que nos haga explotar en placer una y otra vez.

Entonces, te seguiré queriendo, y el tiempo parecerá eterno, el tiempo parecerá detenerse en cada beso, en cada caricia, en ese instante de placer que en la cama proclama momentos efímeros como eternos. La vida pasará sin prisas, sin que el mundo juzgue ni nosotros añoremos mejores tiempos, la vida hará eternos los instantes en los que la felicidad ahora pasa como agua entre las manos, los momentos en los que el eco de nuestra risa se graba en el corazón, los minutos en los que a ojos cerrados evoquemos las palabras que tanto hemos pronunciado entre lágrimas.

Te quiero como se quiere aquello que parece imposible, como se quiere aquello que se imagina tan real que da esperanza, que inyecta de ilusión los días más oscuros, te quiero como aquello que enciende el deseo, que se acaricia y congela la sensación que recorre mi cuerpo.

Te quiero como para esperar otra vida y encontrarte, te quiero ahora y también, quizá después…

Un pensamiento recurrente

Eres ese pensamiento recurrente que de momentos se convierte en una sonrisa, de momentos es un suspiro, que es un recuerdo que se instala en el alma y evoca ese instante en el que consumidos en placer nuestros labios pronunciaron nuestros nombres…

Te pienso en todo momento, en medio de lo cotidiano que busca con quién compartir las trivialidades; en medio de las dificultades que buscan unos brazos tibios dónde acurrucarse. Te pienso compartiéndote las incidencias de mi día mirando las estrellas, buscando a aquella luna cómplice de nuestros sueños.

¿Cómo olvidarlo? Llegué por ti, te sorprendí, lo sé… La manera en la que me observaste delató lo sorpresivo y excitante que fue verme dentro de tu mundo. Lo sé, me veía bien, me arreglé para ti, nada exuberante, solo un pantalón negro ajustado, que denotara mis muslos fuertes que siempre te encantaron, una blusa ligera con un escote sencillo, dejando el resto de las prendas a tu imaginación…

Nuestras miradas se dijeron todo, tomados de la mano nuestros cuerpos se aproximaron lo suficiente para que nuestros labios apenas pronunciaran nuestros nombres antes de besarnos, en ese beso pausado que habíamos imaginado, que habíamos deseado, que habíamos saboreado tantas veces antes. Me tomaste por la cintura y me abrazaste contra ti, y justo era esa sensación que añoraba, que deseaba tanto: estar ahí, entre tus brazos, sin mundo, sin tiempo, solo atendiendo nuestros pensamientos, evocando recuerdos y viviendo el momento.

Caminamos más de un par de horas, platicando de todo y de nada, de todo lo que en nuestros días nos dábamos tiempo para compartir a la distancia y de nada importante que distrajera la deliciosa sensación de recorrer ese lugar tomados de la mano. Sonreíamos como adolescentes, disfrutábamos el tiempo como ancianos, nos mirábamos con el deseo que solo los amantes sienten, conversábamos como amigos y, sobre todo, nos amábamos en cada paso, en cada sonrisa, en cada palabra.

Llegamos al lugar en el que habríamos de pasar la noche, abrimos la primera botella de vino tinto y brindamos por la ocasión, por la sorpresa del destino de habernos permitido huir del mundo, detener el tiempo y vivir nuestra historia. La conversación era inagotable, saltábamos de la poesía a la política; de los deportes a nuestras vidas laborales; del pasado al futuro, haciendo el presente perfecto aderezado con besos y caricias.

En un beso dulce que inició en mi oreja y avanzó por mi cuello para luego llegar a mis labios, comenzamos a desnudarnos, en pocos minutos la ropa no era impedimento para que nuestros cuerpos se reconocieran. El calor era extenuante y tomamos un baño tibio, y mientras el agua corría desde mi cabeza por todo mi cuerpo, tú jugabas a devorar las pecas y lunares que te encontrabas en mi pecho y mi espalda…

Salimos de la regadera, bebimos otra copa de vino, brindamos y desnudos disfrutábamos la plenitud de pertenecernos. Alternamos un sorbo de vino con un beso, otro trago con húmedas caricias que tu lengua hacían sobre mi piel, otro más con suaves mordidas que saboreaban mis hombros.

Nuestros cuerpos se pertenecían en cada caricia, en cada sensación que provocaban, en el deseo inagotable por disfrutar el amor, ese que se entrega en el sexo, ese que es efímero y eterno en el instante del placer, ese que recorre cada célula, que hace arder cada centímetro de la piel, que hace estallar el corazón y pronunciar tu nombre con la respiración entre cortada.

Hicimos el amor una y otra vez, consumimos un par de botellas de vino, paladeamos el sabor del vino y el sabor de nuestra piel. Disfrutamos de una conversación infinita, reímos del pasado e inventamos un futuro. Nos vestimos y desvestimos. Nos desnudamos el cuerpo y el alma. Escuchamos música y el latir de nuestros corazones mientras recuperábamos el aliento después de hacer el amor. Dormimos por momentos y soñamos toda la noche…

Así fue. Así será. Así sería…

Hagamos el amor

azul 1

¿En qué momento te convertiste en rehén de mis pensamientos? ¿En qué momento nuestros mundos se encontraron para compartir recuerdos y escribir historias?

No lo sé, pero debo confesar que disfruto tu voz, tu presencia a la distancia que sé me acompaña en lo cotidiano, que comparte la simpleza y la complejidad de mis días, que entiende mis lágrimas y mis risas, que a veces, sin palabras, sonreímos en nombre del recuerdo que evocamos y por ello sé que estás conmigo, que estoy contigo.

Somos las historias que fuimos, somos de quienes nos guardan en el corazón, pertenecemos a la memoria donde se alberga el recuerdo del sabor un beso, la añoranza de un reencuentro, la esperanza del amor a tiempo y sin tiempo… Estamos donde nos recuerdan, donde nos mantienen vivos en un pensamiento y nos acarician al cerrar los ojos para atrapar el recuerdo que dicta la memoria, para atraparlo, convertirlo en un suspiro y dejarlo ir para que el viento lo lleve con destinatario preciso.

Así han sido estos últimos días, pensándote, disfrutando nuestras charlas, anhelando la siguiente llamada, esperando el siguiente mensaje, el próximo beso y por supuesto, aquel próximo encuentro donde nuestros cuerpos escriban nuevas historias, donde nuestra piel se transforme en un lienzo de pasión donde el placer, el deseo y el amor dejen huellas imborrables.

Dejemos que el mundo siga o se detenga, lo que a ellos les convenga; hagamos el amor solo para defendernos de la realidad, solo para creer que aún hay tiempo, que aún hay vida… silenciemos los pensamientos con acciones, callemos las voces del pasado con los besos del presente, hagamos el amor como lo dicta la memoria, como lo reinventa la pasión, como lo hacen los amantes que en cada caricia se entregan, que en cada beso de devoran, que en el sexo se consumen.

Así, el tiempo nos alcanza para amarnos, para que mis labios se encuentren con los tuyos y en ese beso te explique lo que aquí me falta porque es imposible cifrarlo con palabras, deja que en un abrazo descubras que mi mundo cabe entre tus brazos, que mi corazón late y se sincroniza con el tuyo, que mi piel arde y enciende la tuya, que mis manos te recorren y reconocen suyo tu cuerpo.

Así, dejemos la ropa de lado, disfrutemos de aquellos lunares, de aquellas pecas que un día pertenecieron a otros y hoy son tuyos. Disfrutemos las huellas del tiempo, de las cicatrices, de los años y los kilos que nos dicen quiénes somos y por qué hoy estamos juntos… dejemos que nuestros cuerpos se reconozcan y demos paso al deseo y al instinto para que la noche sea nuestra, para que el placer de cada caricia cubra cada centímetro de la piel, recorra cada espacio y haga eco en las entrañas.

Hagamos el amor para sobrevivir, para revivir, para renovarnos, para creer que hay tiempo, para hacer de los pensamientos y los recuerdos una nueva historia, una historia que ha desnudado nuestras almas una y otra vez, una historia que ha secado lágrimas y compartido risas, una historia que sabe a amor…

Hagamos el amor para pertenecernos, hagamos el amor y dejemos que el mundo ruede o se detenga…

Una noche de estrellas

noche de estrellas

Me encantan esas noches de estrellas en las que bajo las sábanas tocamos el cielo y jugamos a dibujar nuevas constelaciones entre besos y caricias…

Es delicioso iniciar la noche mirando el cielo, contando los luceros que nos sonríen, buscando la estrella fugaz que nos cumpla el deseo de hacer eterna nuestra noche, haciendo del silencio nuestra mejor conversación, haciendo de cada beso el camino hacia el placer.

Recostados sobre el pasto, contemplando la noche, cobijándome con tus brazos, mientras recorres la textura de mi ropa y tibiando la temperatura de mi piel, recorres mis brazos, besas mi cuello y comienzas a bajar hacia mi pecho, así sobre mi blusa que en pocos minutos parece dejar de existir porque la sensación de tus labios traspasa hasta la prenda más gruesa.

Mis piernas se entrelazan a las tuyas, con roces suaves y pausados recorren una y otra vez tus muslos que abrazan a la perfección mis piernas, que me invitan a estar cada vez más cerca a ser cada vez más tuya, a hacerte cada vez más mío…

La noche ha caído, las estrellas desde el cielo nos marcan un camino hacia la habitación, la noche es muy fresca y solo la tibieza de nuestra piel nos salvará del frío… descalzos, abrazados a un paso acompasado que no nos permite separarnos mucho llegamos a la cama cómplice de aquella estrella fugaz nos aguarda cautelosamente.

Me recuestas sobre la cama mientras te deshaces de tu ropa, yo aún vestida me cubro con la sábana y ansiosa te espero. Te recuestas a mi lado y nuestros labios se encuentran con experiencia, con deseo, con hambre, nos besamos y en ese beso nos decimos todo: te quiero, te deseo, te amo, me encantas… todo para entender que será una gran noche de amor, que haremos el amor como solo nosotros podemos hacerlo, como solo con nuestros años, nuestros kilos y nuestras historias podrían permitirnos disfrutar después de tantos años.

Aprovecho la ventaja que tengo sobre ti y aprovecho la tibieza de tu piel, continúo el beso en tus labios recorriendo tu piel desnuda, bajando lentamente, suave y sutilmente, consiguiendo aquello antes habíamos imaginado. Perdiéndome entre tu piel y las sábanas…

Es delicioso pertenecernos, sentirte tan mío en cada sensación, disfrutar el sabor del placer y del amor en cada beso, en cada caricia… así en ese juego certero que tácitamente nos proponemos, desnudas mi cuerpo con la seguridad que te da antes, mucho antes, haber desnudado mi corazón y mi alma…

Entre las sábanas queda pérdida mi ropa, queda encendido el deseo y la magia, sentir el roce de tu cuerpo contra el mío, sentir cómo tus manos se apropian de cada espacio de mi cuerpo, sentir cómo tus besos devoran mi piel, cómo nuestros cuerpos se reconocen y entienden a la perfección y aquel cielo estrellado, profundo, imponente se hace presente en la habitación, adueñándose de nosotros y cumpliendo la fantasía del placer más intenso y pleno que hayamos sentido…

Gracias por una noche de estrellas…

 

Un año más…

Se acaba un año más y con él se van un sinnúmero de experiencias, un sinfín de instantes que entre lágrimas y risas ya son historia. Muchos aprendizajes quedan y,  sin duda, el más importante ha sido fluir con la vida, fluir sin cuestionar, sin poner resistencia… y no es conformismo, simplemente ha sido la realidad.

Este año ha sido uno de los más rudos, de los que a fuerza de experiencias y decisiones (voluntarias e involuntarias) me ubicaron en un lugar que hoy me hace plena y dueña de mi vida. Ha sido un año de pérdidas irreparables, esas que aún su ausencia sabe a dolor, que aún es imposible mencionar sin que las lágrimas emerjan desde el alma. Ha sido un año en donde más de una vez he comprobado aquello en lo que creo fielmente: “solo el amor nos hace trascender”.

Este año ha sido crudo, y el sismo de hace unos meses ha representado de manera muy simbólica la sacudida que mi vida dio en este lapso. Mi gente en riesgo y mi corazón extrañándolos; mi vida del otro lado de la ciudad y valorando estar fuera del riesgo; mi responsabilidad en nuevas vidas, más frágiles y vulnerables que las de antes y sacando fuerza de flaqueza para dar fortaleza en días que ni yo la encontraba.

Así, con amores platónicos que alimentan el corazón con recuerdos, poesía, música y besos a la distancia; con un buen amante que hacía de noches completas momentos lúdicos  que aún me hacen sonreír; con buenos amigos con oídos atentos a las lágrimas de noches en las que la soledad parecía aplastante; con un espejo que por ahora me hace sentir más bella y más plena con mi vida.

Por varios años quise escribir una historia diferente en el lugar equivocado, quise creer que podía modificar una realidad árida y siniestra, puse en esa historia más de lo que cualquiera imaginaría… hoy a la distancia, me siento curada de esa soberbia y acepto, no una derrota, sino una humilde victoria sobre los corazones que eran fértiles para sembrar y cosechar amor. Alguien sabiamente me dijo: “a veces la vida nos obliga a salir de los lugares que amamos porque algo mejor nos espera”, así es, la ceguera momentánea no me permitía entenderlo, pero así es…

La vida fluye, sin preguntarnos ni aceptar preguntas, quitándonos personas que amamos y con quienes se va un poco de nuestro ser; poniéndonos nuevas personas necesitadas de amor, de un abrazo sincero que les dé fuerza. La vida fluye, nosotros con ella, aceptando que cada día es un reto, que cada día es incierto y que a veces ese día puede ser el último, el último para ver la luz del sol, para decir un te amo, para secarse las lágrimas y levantarse de las ruinas e intentar continuar.

La vida fluye en medio de un dolor que nunca se cura, ese que la partida de los que amamos deja; ese que se mitiga con los recuerdos impresos en fotografías, tatuados en el corazón y resguardados en la memoria. La vida fluye con la esperanza de un futuro mejor, de un mundo donde pueda tocar vidas, almas y construir aquello que anhelo para mí y los míos… La vida fluye, con la única certeza que hasta hoy he podido comprobar: SOLO EL AMOR NOS HACE TRASCENDER…

 

Seducirte con poesía…

4

Créeme, estas tardes tan frías se antojan para estar bajo las sábanas, con una cafetera en la habitación  para que el aroma del café impregne el espacio mientras compartimos lecturas y recuerdos. Así bajo las sábanas, disfrutando el sabor del café en un beso, la magia de la poesía al oído, la tibieza de las caricias en cada roce, la intención de hacer el amor y dejar que el amor haga de nosotros lo que quiera…

Hace mucho, mucho frío, la temperatura del ambiente es muy baja y mi cama pegada a la ventana está bien ubicada cuando se trata de contemplar las estrellas o la luna para enviarte mis pensamientos a través de ellas, pero no cuando hace tanto frío y los vidrios parecen filtrar el viento helado y tu ausencia se nota más.

Me encantaría que estuvieras aquí justo ahora, en el momento en el que la tarde se convierte en noche, en el instante en el que el cansancio y la melancolía empiezan a buscar las primeras estrellas en el firmamento, en el momento en el que mi cama dibuja un espacio vacío justo para ti…

Me encantaría contaras conmigo las estrellas desde mi ventana y jugáramos a adivinar sus colores, inventáramos historias mientras la noche cae y nos perdemos en ella. Así, entre sorbos de café y besos, programamos una larga noche para nosotros, en la que debajo de las sábanas en cada roce, guardamos el pronóstico de una historia de amor y deseo.

Abrázame, así de frente a ti, dejemos los libros a un lado  y hagamos poesía con el lenguaje de nuestros cuerpos, apenas rozando nuestros labios, sintiendo que el latir de nuestros corazones se sincroniza en el ritmo, sintiendo que nuestra respiración se agita y nuestra piel se tibia en cada caricia.

Abrázame, recorre con tus manos mi espalda, haz del recorrido un trazo certero que me acerque cada vez más a ti, no solo a tu cuerpo, sino a ti y tu mundo. Abraza contra ti mi cuerpo y deja que mis labios devoren tu cuello, que mi boca te hablé al oído y sean mis palabras la poesía que te seduzca esta noche.

Entrelacemos nuestras piernas, siente mis muslos entre los tuyos, siente el recorrido de mis pies acariciar tus pantorrillas… así siente cómo el deseo arde en cada centímetro de la piel. Recorre con tus labios mi cuello, mi oreja, mi mejilla hasta llegar a mis labios, acariciarlos sutilmente con tu lengua, devóralos con hambre de amor, con sed de deseo.

Recorre con tus manos mi espalda hasta llegar a mis caderas, lleva mi cintura hacia ti, mientras aquel beso que iniciamos continúe en nuestros labios, mientras nuestras lenguas llevan a la práctica la poesía de amor que antes habíamos leído. Acaríciame con fuerza, con esa fuerza que emerge del acelerado latir de tu corazón, que te dicta el acompasado ritmo que guía tus caricias.

Hagamos que en pocos minutos la ropa desaparezca, así debajo de las sábanas sin dar tiempo de que el frío vuelva, sin técnica ni prisa, dejemos que la noche no se atreva a cuestionarnos, que observe por la ventana, celosa, que al fin lo logramos, que al fin una noche de poesía no quedó en palabras compartidas a la distancia, no quedó en una promesa al viento…

Hagamos el amor como lo habíamos imaginado, con la ternura de entonces, la experiencia de ahora y el deseo de siempre…

 

Lo reconozco


Lo reconozco, más de una vez he imaginado seducirte… más de una vez he imaginado que te robo de tu realidad y te hago por una noche cómplice de la mía. He imaginado que un día cualquiera un pretexto nos reúne, y en nombre de ese pretexto conversamos por largas horas, caminamos entre calles tranquilas y solitarias, reímos del mundo que, tomados de la mano, nos parece ajeno, compartimos besos robados que interrumpen nuestra charla amena.

Lo reconozco, imagino hacer largas las horas de un día en el que de la mano recorramos nuevos rumbos, imagino hacer los minutos eternos si puedo estar entre tus brazos, anhelo hacer en un beso los segundos más intensos y hacer del recorrido de una caricia el trazo más sublime que al roce de mis manos en tu rostro te resulte inevitable despertar el deseo de que tus labios recorran mi piel.

Lo reconozco, en las noches cuando hablamos, cuando mi día termina con una frase tuya como despedida, imagino tu voz en mi oído, tus manos en mi espalda, mi cabeza sobre tu pecho, nuestras piernas desnudas y entrelazadas debajo de las sábanas. Cuando mis mañanas inician con tu saludo en un mensaje en mi teléfono, imagino que acompañas mi despertar en ese baño tibio que al imaginar el agua correr por nuestros cuerpos, se vuelve aún más reconfortante.

Lo reconozco, detrás de  esa inocente invitación a compartir un café,  una charla, hay una perversa intención de seducirte, seducirte como solo un hombre como tú y una mujer como yo lo podríamos hacer: combinando palabras con caricias; palabras con besos, palabras con el lenguaje del placer.  Conversando, debatiendo, rumiando recuerdos, compartiendo poesía, y por supuesto, con la selección musical que sólo tú podrías imaginar para el momento.

Así, seguro la mañana la pasaríamos caminando, recorriendo paisajes otoñales de esos que saben a nostalgia y con ese caminar, recorreríamos una y otra vez los recuerdos de todos estos años, rumiaríamos esas historias que fueron y las que no fueron, reiríamos de la inocencia de entonces, reflexionaríamos sobre el paso del tiempo y lo que nos ha dejado huella luego de tantos años… así, la mañana pasaría.

Luego, comeríamos algo simple, en un lugar al aire libre, sintiendo el viento frío rozar nuestros rostros, contemplando ese recorrido arbitrario de las hojas secas sobre el piso. Veríamos como ajenos a todos aquellos con los que se cruzan nuestras miradas. Comeríamos y la charla sería siempre inagotable, recorriendo deportes, política, religión, amor y desamor. Nuestra comida terminaría con un café cargado, un café caliente que atempere la temperatura del ambiente que comienza a descender.

Y luego, ¿qué te parece buscar un lugar privado culminar el arte de la seducción? Una botella de vino y dos copas que nos acompañen para hacer de la velada un momento inolvidable. Llegamos al lugar y, por supuesto, lo primero que sobran son los zapatos que en un instante quedan por ahí tirados. Nos abrazamos y en aquel abrazo surge el beso más profundo que habíamos guardado durante el día justo para ese momento, es un beso que sabe a recuerdos, que sabe a historias sin contar, que recorre cada centímetro de mi piel, cada espacio en mis entrañas, que hace eco en mi mente y silencia mis pensamientos.

Nos vemos a los ojos y todas las palabras que durante el día habían parecido inagotables, enmudecen, ahora es el lenguaje de las miradas, de las caricias, de calor de nuestros cuerpos el que habla, el que explica de manera clara el deseo de pertenecernos por instantes, por horas, POR SIEMPRE…

Lo reconozco, lo he pensado…