Siempre amigos…

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El amor trasciende, a veces como un amor para la eternidad y a veces como una amistad eterna. Estos días he pensado mucho en ti, en aquellos viejos tiempos de nuestra época preparatoriana, donde sin recordar con precisión el cómo y el  porqué, fuimos novios. ¡Qué bonito era! En verdad que lo recuerdo con nostalgia, con la sonrisa de aquellos tiempos donde crecimos juntos, donde jugábamos a ser grandes y compartíamos locuras propias de la época.

Sin duda, fuiste alguien importante en mi vida, sin duda el único hombre con el que alguna vez imaginé casarme, fueron muchos años juntos, no sé 7 u 8 años en los que compartimos tanto… qué bonita fue esa época donde pasábamos tanto tiempo juntos, tratando de inventar el mundo, tratando de escribir una historia.

La vida nos fue llevando por caminos diferentes pero siempre juntos, siempre cómplices, siempre dispuestos para esos momentos de soledad que sólo se pueden compartir con alguien que conoce todo de ti, sólo con quien me conoce feliz y triste, maquillada y desmaquillada, vestida y desnuda, sólo tú podrías entenderme.

Hay tantos recuerdos que alimentan la nostalgia, tantas historias en una bella historia de amor construimos. Contigo descubrí un mundo que aún guardo en mi corazón, recuerdo nuestras tardes de juegos, nuestros mensajes escritos con cátsup sobre pizza, los primeros grandes besos a oscuras en el cine, y por supuesto, la cantidad de veces que hicimos el amor.

No descubrimos la sexualidad en nuestra historia… como buen hombre, tú ya tenías historia escrita antes de mí. Yo, en una de nuestras rupturas temporales viví aquella famosísima “primera vez” como una experiencia nada grata… y ¿qué pasó entonces? Ese día, después de haber estado con ese “hombre” corrí a tus brazos llorando, a decirte qué había pasado, lo mal que me sentía, lo desagradable que había sido. Secaste mis lágrimas, platicamos sentados en la banqueta y en un abrazo la paz regresó un poco.

¿Cuántas cosas podría enumerar en este recuento de recuerdos? ¿Cuántas veces y en condiciones tan diferentes hicimos el amor? ¿Cuánto amor había en cada beso y cada caricia? Sí, contigo el sexo siempre fue complaciente y comprensivo, estuvimos juntos por muchos años aprendimos a disfrutarnos –y mucho-, desde aquellas primeras veces en las que la inexperiencia nos llevaba a descubrir la excitante danza del amor, hasta otras tantas veces que en la cama fuimos refugio uno del otro cuando la soledad nos acorralaba.

Han pasado tantos años, hemos vivido tantas historias juntos y por separado, que sin duda siempre serás alguien especial en mi vida… Hacer el amor contigo siempre ha tenido una connotación de amigos antes que de amantes, y no porque los placeres del sexo no fueran plenos, al contrario, sino porque siempre fuiste atento y delicado procurando mi placer y buscando hacerme disfrutar en cada caricia. Siempre el sexo fue sólo el complemento del amor. Con el paso de los años aprendimos a robarle tiempo a una tarde de prisas y contratiempos y también a disfrutarnos noches completas, entre sexo  y charlas interminables.

Cuando hablamos de mí, Azul, finges no conocerme, crees que sólo soy fantasía… contigo fui Azul, una Azul celeste, con esa tonalidad que reflejaba estabilidad y un poco de paz… Hoy, luego de más de 25 años, cuando nos vemos, cuando compartimos una cerveza platicando las cotidianeidades de nuestras vidas, sé que estarás ahí siempre, sé que estaré ahí siempre. Hoy, cuando me abrazas contra ti y besas mi cuello casi sin querer, sé que aún nos amamos, que los placeres del sexo siguen latentes al roce de nuestra piel, sé que siempre existirá esa complicidad para reencontrarnos en la cama cuando nuestros mundos estén en caos y requieran un poco de paz, ésa paz que se percibe después de hacer el amor al abrazarnos para recobrar el aliento…

Cuando me observas

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Sabes? Me gustas cuando me observas, cuando charlamos y miras fijamente mis labios mientras hablo, porque sé que no me estás escuchando, sé que mientras enumero palabras sin sentido tus ojos fijos en mis labios imaginan el sabor de mis besos, imaginan la textura de mi boca devorando tus labios, evocan la humedad de mi lengua jugando con la tuya.

Me observas e intentas ser discreto, intentas hacerme creer que te interesan mis palabras, pero tu mirada se pierde en mí, percibo cómo me recorres, cómo luego de haber saboreado desde tu imaginación mis labios, observas mi cuello y el escote de mi blusa. Te imaginas el acelerado latir de mi corazón que te dicta que me beses, que pruebes en un beso si tu Fantasía se acerca a la realidad.

Tu mirada me seduce, me gustas y eso hace más fácil la decodificación de tus miradas, siento el recorrido de tus ojos por mi cuello y cómo desearías que fuera la punta de tu lengua la que, de aquel beso imaginario, siguiera un trazo instintivo que te lleva a mi oreja y te hiciera bajar lenta y excitantemente por mi cuello, con deliciosas pausas que aceleren el latir de mi corazón…

Así, tu mirada que por instantes se pierde entre el escote de mi blusa y mi pecho, me dice que mueres por tocarme, por llevar las palmas de tus manos a mis senos sobre la blusa y sentirlos, acariciarlos mientras en un beso enciendes el deseo que nos lleve a la peor de la locuras, a la mejor de las fantasías…

Te he de ser franca: por momentos mi imaginación se vuelve cómplice de la tuya, te reitero, me gustas y eso hace más fácil la fantasía y desde mis pensamientos intento retarte a que te acerques un poco más, a que saborees la consistencia del gloss en mis labios. Mi mente cómplice imagina que me levanto de mi asiento para acercarme a ti, ahí justo donde estás sentado frente a mí, verte a los ojos y tomarte del cabello para llevar tu cabeza hacia mi pecho mientras beso tu frente.

Así desde la complicidad de mis pensamientos, siento cómo me observas, cómo en tu mirada el deseo me besa, me recorre pausadamente haciéndome tuya en tu imaginación, retando tu cordura para que los pensamientos no te traicionen sigas aparentando que te interesa lo que digo…

De pronto, cuando mi conversación te abruma, cuando ya no me escuchas porque tus pensamientos son más fuertes que mis palabras, siento cómo tu mirada se pierde entre mis pechos, cómo desde tu fantasía los acaricias, primero con las manos, con dulzura, con fuerza… luego los besas, apenas rozándolos con tus labios, saboreando su textura… luego con tu lengua, haciendo tuya cada sensación que vas despertando, devorando con hambre de placer cada centímetro de mi piel.

Así, justo como me imaginas ahora que me lees, sé que lo haces mientras charlamos, mientras cualquier historia nos convoca en un encuentro que sirva sólo de pretexto, cualquier tema que te haga silenciar los pensamientos cotidianos para evocar una Fantasía mientras me observabas…

Los sabores del amor


A veces la realidad me ubica en un sinfín de historias, mías y de otros, pero que de alguna manera les encuentro un denominador común: “El Amor”, sí, así con altas y entrecomillado, lo cual lo refiere como esa poderosa fuerza, lo enaltece como ese poder sobrehumano que se convierte en la mejor de nuestras fortalezas o la peor de nuestras debilidades. 

El Amor es un todo, es la suma de todo los que somos y tenemos, de todo lo que seríamos capaces de hacer y de todo aquello a lo que estaríamos desipuetos a renunciar… Es la fuerza y la debilidad en la misma persona. 

Entonces, un día de éstos me entero de una historia de amor clandestino, de ésos que se vuelven intensos por lo “indebido”, que se convierten en pasionales porque el tiempo es contado, que se hacen permanentes porque de inicio sabes que serán efímeros, así que habrán de vivir más en el recuerdo que en la realidad. Así, esta historia de amor, me recuerda aquellos momentos –recientes- en los que quise creer en El Amor, colocándole un título muy ambicioso a una efímera aventura con un hombre cobarde. 

Ahí evoco ese sabor del amor de aventura, ese sabor del amor que se disfrutaba desde el deseo, en el que cada beso encendía el sabor de una noche de sexo robada a la realidad, el sabor de la piel ardiendo en deseo al roce de mi lengua, el sabor de unos labios que jugaban en cada encuentro a descubrir nuevas sensaciones, el sabor del pacer… un placer efímero que en una noche existía y al día siguiente había que reinventarlo para alargar la ilusión de creer que había algo más que la fantasía…

Luego, otra historia la de una mujer inteligente, guapa, sensual, profesionista, de ésas en las que la sociedad casi como cliché le podría decir: “cualquier hombre moriría por estar con una mujer como tú». Ella, me platicó que recientemente recibió una brutal golpiza por parte del su amor… ¿Cómo? Sí, así, en una tarde de arrebato, de celos obsesivos que controlaban desde hacía dos años su manera de vestir, sus relaciones interpersonales y hasta el lugar donde debía trabajar, ese día los celos llegaron a una expresión irascible de golpes. 

¿A qué sabe el amor cuando tienes que dejar de ser tú para estar con alguien? ¿A qué sabe el amor cuando el mundo admira en ti mil cualidades y en la intimidad vives un infierno? ¿A qué sabe el amor cuando en un beso hay temor de despertar la bestia con la que “has hecho el amor” noche tras noche? ¡A miedo, a eso sabe! Miedo al mundo, a la soledad, a la vulnerabilidad, miedo a dejarlo y no saber qué pasará, miedo a continuar y tener la misma duda. Nunca he vivido violencia física, pero sí una terrible violencia psicológica que aún lastima mi paz… Sé el sabor de ese “amor” (en bajas y sin sentido), es un sabor a miedo.

También, pienso en esas historias en las que la complicidad es incondicional, de esos primeros amores en la vida, en donde las decisiones  -a veces equivocadas- se toman en “nombre del amor”, cuando crees estar haciendo lo correcto, porque tienes la certeza de que el otro (la otra) lo haría por ti. Ese amor juvenil, inocente, puro, que juras eterno porque a veces es el primero, del que estás aprendiendo, con el que estás descubriendo un mundo de sensaciones y retos. 

Ese amor sabe dulce, sabe inocente, sabe ingenuo y es sólo el preámbulo de un sabor que quizá en poco se convertirá en un sabor agridulce, dulce-amargo, que nos hará crecer a partir del dolor del desamor. Ese amor, muchas veces se transforma en amistad, en un aprendizaje conjunto que trasciende el tiempo y la relación que los vinculaba (si es que el amor era Amor). 

Así, los sabores de El Amor se trasforman, se disfrutan, se paladean para conservarlos en ese lugar de la memoria sensorial donde no habrán de morir, donde habrán de convertirse en materia prima que dé lecciones para otros amores… Hay amores de los que sólo se recuerda el sabor salado de las lágrimas de aquellas noches de insomnio intentando ahogar en llanto la derrota.

Hay sabores vitalicios en la memoria, en esa memoria donde aún puedo revivir la dulzura, experiencia y paz de los besos del gran amor de mi vida, esa memoria donde mis labios aún conservan la sensación húmeda y el sabor de aquella boca donde pude besar su alma…

​Tu recuerdo 

Tu recuerdo siempre será mi lugar favorito… a veces en medio del caos cotidiano busco un respiro, una pausa mental que traiga a mi mundo tu imagen, siempre con la pregunta: ¿qué me dirías tú en este momento? Tu paz, tu sabiduría, tu mundo siempre me llevaban a respuestas ecuánimes, a reflexiones claras y a conclusiones precisas.
Mi día a día me enfrenta a innumerables retos que, quizá quien no comprende mi esencia, no puede entender por qué me apasionan, por qué me duelen, por qué me enojaba… tú sí, estoy segura.

Tu recuerdo en medio de mi caos me llevan a ese abrazo tibio que en tu pecho y entre tus brazos cobijaba todos mis miedos, tu recuerdo en medio de mis desesperanzas me lleva a esa fortaleza de creer en mí y en mis convicciones, tu recuerdo en medio de mi soledad me lleva a la ilusión del amor que trasciende, del amor de La Promesa.

Me preguntó si en algún momento de tu día me piensas, sí en algún momento nuestros mundos distantes se conectan a través de un pensamiento… te recuerdo, te extraño y revivo momentos que me hacen sentirte cerca.

Por ejemplo, aquellas mañanas recostados sobre el pasto luego de una extenuante carrera de varios kilómetros; te pienso en la habitación de aquel hotel donde robamos tiempo al mundo para creer en el amor; te pienso en aquella heladería de la Condesa donde compartíamos como adolescentes una nieve con sabor a tus labios y tu piel.

Tu recuerdo se convierte en un placebo que da esperanza de vida, que da sentido a la supervivencia; un refugio que me resguarda de los fantasmas que me atacan, un mundo de ilusión que me enseñó que el amor lo puede todo, tu recuerdo me hace ser la Azul capaz de pelear hasta el último aliento. Esa Azul, que va más allá del erotismo, de la sensualidad y el placer efímero… esa Azul apasionada por vivir!

Te pienso e imagino esas tardes donde luego del ejercicio físico, de nuestra carrera de por lo menos 5 km, nos recostábamos sobre el pasto. Amaba esas tardes de otoño, en las que entre besos y caricias jugábamos con las hojas secas que caían de los árboles mientras descansábamos, entre ellas, buscaba una en dónde dejar escrito un “te amo” para luego guardar ese recuerdo entre las hojas de alguno de mis libros de Benedetti.

Te pienso y evoco esos interminables besos, ahí recostados sobre el pasto, retando la cordura y pidiéndole al mundo que cerrara los ojos. Ahí, nuestros muslos desnudos se rozaban, nuestras piernas se entrelazaban, tus manos recorrían mi cuerpo sobre la ropa, que de momentos parecía desaparecer… Un beso tan sublime, tan intenso que recorría, desde las sensaciones que provocaba en mis labios, cada centímetro de mi piel.  

No imaginas cuánto te necesito, cuánto necesito la fuerza que tú me dabas, tus consejos, tu experiencia, tu mundo que compartido con el mío me hacía creer que mis batallas tenían sentido, que mis convicciones valían la pena… que tu amor me hacía más fuerte y que yo era esa Azul de la que tú estabas orgulloso, la que tú amabas.

Te pienso con la esperanza de La Promesa, te pienso con la memoria sensorial que me hace recordar el sabor de tus labios, la textura rugosa de tus manos, la fuerza física de tus piernas, el calor de tus brazos, la luz de verme en el reflejo de tus ojos.

Te pienso con los nervios y la emoción de la primera vez que hicimos el amor… puedo evocar la sensación de ser tuya, en cuerpo y alma, de ser tuya desde cada sensación en mi piel consumiéndose en el placer que sólo tú podías provocar.

El lienzo del amor

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Una tarde tan  fría siempre evoca la añoranza de tus brazos, de tus besos, de esas tardes en las que una cama era el lienzo en el que hacíamos el amor como un obra de arte, lo hacíamos como sólo se puede hacer desde la inspiración que dicta el alma, como sólo se puede hacer cuando en verdad se ama, entonces la imaginación y la pasión eran los pinceles con los que delineábamos los trazos de aquella escena en la que sin duda nuestras almas se tocaban.

Recostados sobre las cama, conversando de lo cotidiano, de lo simple y lo complejo, sin saber del tiempo, del mundo que afuera continuaba, hablábamos y desde ahí sé que iniciaba el amor, el contacto de nuestros mundos a través de la charla, ahí también hacíamos el amor.

Tus manos recorriendo mi cuerpo, apretando mi cintura contra tu cuerpo, tus manos fuertes, rugosas, de hombre, haciendo suya cada parte de mi cuerpo. Mientras, yo dibujaba en tus labios un beso inagotable, un beso que te decía lo mágico que era tenerte ahí conmigo, lo delicioso que era sentirte tan cerca y sentir cómo cada centímetro de mi piel respondía instantáneamente al roce de tus manos.

Cada caricia era un trazo certero que me hacía arder en ansias de sentirte cada vez más, tus manos recorriendo mis muslos, apretando con fuerza mientras mi mente, a través de cada una de las sensaciones que provocabas, me hacía desearte cada vez más, con un deseo único, con el deseo que sólo el amor puede explicar.

Luego, sentir mis piernas desnudas rozar con las tuyas, mientras tus labios recorrían mi cuello, mientras tu lengua devoraba mis senos con la certeza de que mi cuerpo y cada sensación que despertabas te pertenecía, le pertenecía ese lienzo en el que hacíamos el amor. Así hacías tuyo mi cuerpo, como quien se apropia de lo que le pertenece.

En una sincronía que sólo el amor dicta, nuestros cuerpos se reconocían, centímetro a centímetro, caricia a caricia, sensación por sensación. Como toda obra de arte, era auténtica, única, cada caricia y cada beso era parte de una nueva historia sobre ese lienzo que nuestra cama representaba, cada trazo que mis labios dibujaban sobre tu piel, que tu lengua hambrienta hacía sobre mi cuerpo, era inédito y certero en la técnica, en el color y la forma.

Hacíamos el amor, sin pausa y sin prisa, disfrutando el trazo de cada caricia, cada sensación que la humedad de nuestros cuerpos provocaba… disfrutando plenamente el instante preciso en el que el placer se volvía sublime, en el que la sensación única de ser uno por instantes era el trazo con que finalizaba la obra plasmada en aquel lienzo, en donde tu nombre en mis labios firmaba como auténtica aquella sensación de ser tuya…

Siempre tuya, FCM!

Lo que se fue

El 2016 fue sin duda un año difícil, un año que inició con la esperanza de una historia de amor que se convirtió poco a poco en una cruel aventura de realidad en la que “reinventar la manera de amar” ofreciendo sexo por amor no fue suficiente para que el amor fructificara… fue un año en el que mi mundo de cimbró casi de la misma manera que hace casi 10 años, cuando la perfección de la esfera en la que vivía se quebró y cayó desmoronándose por completo.
La historia de desamor de este 2016 me acercó a una realidad muy triste, la vulnerabilidad que durante semanas viví me enfrentó a un pasado vivo, un pasado que no he superado –y no sé si superaré algún día-. Me arrastró a una soledad profunda donde todo el mundo me parecía lejano, donde mi gente estaba lejos de estar conmigo.

Este año, ser Azul me convirtió en un personaje al alcance de todos aquellos que a través de la lectura de mis relatos podían hacerme suya desde de la fantasía. A través de los relatos reinventé una realidad vacía, una realidad que necesitaba de la fantasía para sobrevivir. Ser Azul me hizo vulnerable ante los ojos de varios “hombres” que suponían que mis relatos eran un menú a la carta que ellos podían seleccionar para tener su propia historia conmigo.

A través de este blog quise reescribir la realidad, quise hacer de la fantasía la única opción para no ahogarme en realidad, en vacío y en soledad. Cada Momento Azul representó un grito desesperado por encontrar sentido en medio del sinsentido cotidiano. Quise hacer de cada relato un reto para mis lectores en general, sin destinatario ni remitente. Quise retar desde la aventura de ser Azul, a que alguien estuviera dispuesto a descubrir quién soy, quién realmente soy, quién escribe su realidad desde la fantasía.

Ser Azul deja muchas experiencias, buenas y malas, así como la vida misma. Buenas: pude equilibrar un poco mi vida, escribir siempre ha sido algo que disfruto, y hacerlo desde este espacio permitió que cada Momento Azul sopesara la cotidianeidad tan vacía. También fue bueno cada uno de los comentarios positivos que recibí; el tiempo que mi gente dedicó para leerme y comentar. Fue bueno imaginarme esa mujer, esa Azul capaz de provocar sensaciones, esa Azul segura de sí misma, segura de su sensualidad, de su pasión, de su mundo.

Malo: unos cuantos “hombres” que –por sus limitaciones intelectuales – me confundieron con una mujer fácil dispuesta a satisfacer al mejor postor, aquellos “hombres” básicos que quisieron poner a prueba su hombría retando mi fantasía, pero siendo incapaces de entender mi realidad. Y no hablo de esos hombres interesantes, que aceptando el reto de la fantasía me imaginaron suya, siempre desde el límite del personaje, desde la propuesta literaria de este espacio, a ellos les agradezco sus halagos.

Quisiera creer que el año que terminó dejó aprendizaje, que el dolor y vacío que aún de momentos se siente se llenará muy pronto de lecciones aprendidas que no permitirán que me vuelva a equivocar. Quisiera creer que la aventura de ser Azul me hará más libre y no rehén del pasado y de esos “hombres” que sólo me asocian con una mujer fácil para sexo de ocasión.

El año que se fue, descubrió un mundo de fantasía, un mundo que desde la escritura me permitió ser Azul, y como Azul ser más yo, más natural y más libre. Esa mujer que se seca las lágrimas para inventar una fantasía seguirá escribiendo, reescribiendo la realidad a través de un Momento Azul… ¿me acompañas?

 

Sabor Vainilla

Soy una mujer intensa, no puedo vivir de otra manera que no sea apasionándome por lo que me gusta, por lo que creo, por mi gente… y eso no es bueno del todo, menos cuando mi salud me lo reprocha, cuando mi salud me recuerda que los años pasan y los kilos se quedan, cuando mi salud enciende signos de alerta para poner una pausa, dar un respiro y por supuesto, se convierte en el pretexto ideal para dejarme consentir…

Todo inició un día de esos extenuantes, donde el cansancio era más que evidente, de esos días en los que necesitaba unos oídos atentos para conversar y unos brazos cálidos dónde acurrucarme por las horas que durara la noche… y ahí estabas tú, tú en esa habitación sólo para nosotros:

Sobre un mueble un par de velas que iluminaban sutilmente el lugar impregnado por un delicioso aroma a vainilla, un olor sutil que invadía todo el lugar y que como respuesta a ese estímulo sensorial me hizo recostarme sobre la cama, boca abajo, con los ojos cerrados, aún con el atuendo del día laboral, aún con los agotadores zapatos de tacón.

Era una escena rica, relajante, dispuesta para el placer que me desconectara del mundo por unas horas… Tratando de consentirme pusiste en tu teléfono una poesía que con la entonación de un experto decía:

“Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible”

Me parecía tan atinada la poesía de Benedetti recitada por él mismo desde tu teléfono, el olor a vainilla, la luz de las velas y el lugar en general, que hasta parecía una escena estudiada para la seducción. Todo era rico, la escena cumplía el cometido de abstraerme de mi mundo y llevarme a uno inventado, uno creado sólo para la ocasión.

Así, recostada quitaste mis zapatos, con delicadeza, con la gentileza de quien le preocupa el cansancio que mis pies sentían, con la generosidad de quien entendía la cantidad de escalones que subo y bajo cada día mi trabajo, casi con la ternura de quien entiende mis carreras y prisas.

Sentí tus manos avanzar por mis pantorrillas, sentí cómo cubriste mis piernas con un lienzo tibio, con pudor, con toda la intención de no inquietarme, de hacerme disfrutar sin la necesidad del sexo como trámite del encuentro. Mi conciencia estaba cada vez más adormecida, la poesía con voz tenue con acento extranjero que provenía de tu teléfono, el olor a vainilla y la temperatura de tus manos, me tenían en un estado de indefensión total, absolutamente relajada.

Sentí como tus manos acariciaban mis piernas sobre mi pantalón, la calidez de tus manos, combinada con la textura de mi ropa recreaban una sensación muy disfrutable. No sé en qué momento ni cómo, pero venciste la barrera de la ropa, mi pantalón ya estaba tirado a un costado de la cama, pero mis piernas aún estaban cubiertas por el lienzo tibio que habías puesto. Sentí cómo tus manos comenzaban a subir hacia mi espalda, entre la blusa y mi piel, las yemas de tus dedos hacían un recorrido suave, apenas rozándome.

La blusa desapareció, mi espalda quedó libre para que tus manos la recorrieran… quitaste el lienzo que cubría mi cintura y mis piernas, por varios segundos me observaste, como si te pareciera atractiva, como si te gustara. Sentí las gotas de aceite que caían en mi piel y cómo tus manos, fuertes, grandes, esparcían desde mi cuello hasta mi cintura la consistencia suave del aceite. El roce de las yemas de tus dedos en mi espalda, templaba mi piel, la fricción de tus manos relajaba mi espalda y hacía que mi imaginación volara…

Mi cuerpo estaba inerte, perdido en el cúmulo de sensaciones que tus manos despertaban. El olor a vainilla era cada vez más intenso y la luz de las velas cada vez más tenue, parecía que se extinguiría, justo en ese momento, cuando mi cuerpo más relajado estaba, después de no sé cuánto tiempo porque había perdido la noción de los minutos o las horas, justo cuando parecía entrar un sueño profundo, sentí un líquido frío que caía en mi espalda, sentí cómo corría sobre mi piel hacia los costados y vi que sostenías una copa de vino tinto en tu mano…

Era delicioso sentirte, escuchar poesía, respirar ese ambiente sabor vainilla… las velas se consumieron, la habitación quedó a oscuras, volteaste mi cuerpo para quedar boca arriba y tú recostado junto a mí, escuché tu voz en mi oído:

“Tu belleza es digna de los dioses, un manjar de la perfección celestial, capaz de llevar a la perdición a toda legión… Tus curvas Venus de Milo, tu piel suave que deja mi corazón tranquilo… imposible no perder la rezón en la llanura de tu cuerpo en armonía la nota perfecta de mi canción.”

Cerré los ojos, caí en ese sueño profundo del que no supe si tus caricias eran parte del sueño o de la realidad, al final, saboree en tus labios un beso dulce, un beso con el sabor la vainilla que estuvo presente en nuestra noche…

La pluma de mis historias

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El otro día luego de haber leído el relato de la noche, un muy buen amigo me dijo: “Regálame una pluma con la que hayas escrito alguna de tus historias…” y fue una frase que hizo tanto eco en mi cabeza. ¿La pluma? Me hizo evocar aquellos cuadernos en los que en mis clases de universitaria intentaba atrapar los Momentos Azules de aquel entonces.

Hace ya varios otoños, cuando en la universidad conocí al amor de mi vida escribía y escribía para él, como todo universitario, había clases en la que era más entretenido pensar en el amor que escuchar lo que decía el profesor y más, cuando por la ventana del salón se veían inspiradores paisajes otoñales de pasto cubierto de hojas secas, de árboles secos y hojas bailando al ritmo del viento.

Los años pasaron, como toda historia de amor terminó, terminó en el terreno de la realidad pero con la promesa de que un día en la eternidad continuará… Hoy los amores apenas llegan a amoríos, a fantasías, a ilusiones para sentirme viva… pero la pluma y las hojas siguen siendo el medio para ser, para existir.

Siempre la escritura ha sido una pasión, una manera de traducir mi mundo, de descifrarlo con la ilusión de que las palabras escritas tengan más sentido que todos los pensamientos y sentimientos que revolotean en mí.

La pluma de mis historias es ese pensamiento arrebatado que desatina en la paz momentánea de mi vida y se traduce en una frase simple escrita en mi block de notas en el celular, para después ubicarla en una escena que dé lugar a un relato. La pluma de mis historias es la caricia casual que al roce casi accidental evoca un sinfín de sensaciones, jugando a que aún a mi edad se vale creer en el amor. La pluma de mis historias son las palabras que en conversaciones simples con mi gente dan sentido a los sinsentidos que en mi vida me mantienen al filo de las esperanzas y del dolor.

Hoy el sentido de este espacio es atrapar en palabras un Momento Azul efímero, imaginario o real, pero efímero, inmediato, que de no ser por porque hay un recurso escrito para cifrarlo, pasaría. Por eso hoy, el amor de hoy, la ilusión en el amor de hoy, requiere de este espacio… y entonces, la pluma de mis historias es cada una de las lágrimas que al escribir buscan ahogar una realidad que duele y dar vida a una realidad fantasiosa que a través de la imaginación aminore el dolor… son las lágrimas que entre la escritura nublan la visión de la misma manera que un beso robado a la realidad nubla mi juicio.

Esa pluma también está en las yemas de mis dedos, en esa caricia en sus labios cuando en un reto a la cordura le acaricio queriendo despertar a través de la tibieza de mis manos una fantasía que le lleve a devorarme a besos; está en la yema de mis dedos cuando entre sus cabellos busco escudriñar en historias del pasado que guarda su cabeza para hacer un espacio para la mía; está en mis dedos cuando intentando hacer el amor con él, quiero trazar sobre su dorso el lenguaje que dicte mi pasión para sentirme suya por un instante.

También, la pluma de mis historias es la humedad de mi lengua, cuando guiada por el deseo, explico en su oreja sin palabras que quisiera perderme entre sus brazos, que quisiera sentir sus labios recorriendo mi piel. Esa pluma también es la punta de la lengua que en una tarde cotidiana cerrando los ojos al mundo, juega con sus manos, lamiendo uno a uno sus dedos, recorriendo el dorso de su mano y mordisqueando las yemas de sus dedos queriendo que esa sensación recorra su cuerpo y evoque recuerdos conmigo.

Por supuesto que la pluma de mis historias, también está en mis labios, cuando en un ataque de ansiedad buscan saciar la sed de amor en su boca, cuando con más instinto que con técnica buscan su placer a través de las sensaciones que despiertan. Esa pluma escribe desde mis labios, con palabras, con besos, con caricias que inician en su cuello. Esa pluma, que al menos con él, parece ser de tinta invisible…

Sí, porque por más que esa pluma entendida como lágrimas, caricias, besos, etc. quiere comunicarle por escrito lo que pasa en mi vida, esa pluma sólo puede darle forma a historias imaginarias, a historias de fantasía en las que saberse el protagonista le resulta indiferente, donde saber de lágrimas o caricias le resulta lo mismo.

Por eso, la pluma de mis historias está sin duda la imaginación, esa imaginación que me hace convertir una tarde pactada de común acuerdo para dar rienda al deseo en una tarde de sexo complaciente cercano a la sensación de hacer el amor. Es la imaginación que me permite reescribir la realidad que duele como una fantasía que parezca medianamente divertida. La pluma de mis historias me deja escribir historias disfrazadas de lujuria para evadir el dolor del desamor.

La promesa

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Pensar en ti es pensar en El Amor,  pensar en lo mejor de mi vida. Aquella época en mi vida fue la mejor, sin duda la mejor: una universitaria esperanzada en terminar la carrera para devorarse al mundo a través de su pasión profesional y al mismo tiempo una mujer vulnerable por los desencantos de la vida real, la amorosa personal y la familiar.

Cuando tú llegaste, llegó la paz a mi vida. En tus brazos nada más importaba, en tus ojos veía ese mundo de esperanzas que tú dibujabas para mí. Contigo aprendí que quien te ama de verdad, siempre procura tu bienestar, te hace ser mejor persona, te hace dar lo mejor de ti. Contigo fui la mujer de la que más orgullosa me he sentido en mi vida: deportista, atlética, inteligente, profesional, entregada, apasionada, contigo me redescubrí y entendí que soy mucho más de lo que un pobre hombre se merece.

Hoy a muchos, muchísimos años de esa historia, cuando la tristeza me abate, pienso en ti en la paz de tus abrazos y en la ilusión de tus besos. Pienso en esas tardes recostados sobre el paso, exhaustos del ejercicio, sólo viendo la vida pasar frente a nosotros, sin prisa. Recuerdo esos días importantes en los que como tratando de convencerme me decías: “Azul, créeme, esto no es algo que suceda comúnmente” y qué razón tenías. Antes de ti, jamás amé así, después de ti, menos.

Fueron años maravillosos, Momentos Azules memorables, en los que ser Azul tenía sentido, en los que tú me fortalecías, encontraba en ti siempre un consejo sabio, una palabra inteligente. Contigo cada instante fue único, en una deliciosa historia en la que hubo una promesa, la promesa de amor más allá de la vida.

En más de una ocasión me prometiste que más allá de la vida, en algún otro momento, en algún otro lugar, en la eternidad este amor continuaría… ¿Aún lo crees? ¿A tantos años esa promesa seguirá vigente? ¿Aún me recuerdas y sigues creyendo que este amor trascenderá?

En medio de esa promesa de amor eterno, hubo otra promesa: cada día de mi cumpleaños habría una rosa roja en un lugar previamente pactado. Los primeros cumpleaños, después de que nos separamos, iba por la noche a ver si estaba mi rosa. Ahí estaba, ahí lloraba y lloraba, añorando llegaras, imaginando que desde algún punto me observabas y que cuando me vieras desbordada en llanto, en nostalgia por ti, te acercarías a reconfortarme con tus brazos, con tus besos.

Siguieron pasando los años y dejé de ir… Después de ese tiempo te he visto “casualmente” en realidades ya completamente ajenas a nosotros, en mundos diferentes, sin hablar del pasado, sin preguntas ni respuestas, en medio de saludos cordiales. Únicamente con un corazón excitado de saberte cerca, de verte y sentir inevitable evocar esas tardes en las que fuimos nuestros, en las que fui tuya y tú mío, esas tardes en las que corriendo en algún hermoso paisaje recorríamos nuestras historias, tratábamos de arreglar el mundo o sólo repasábamos las historias de nuestro presente.

En estos días de confusión, de desesperanza te he pensado tanto, te he pensado tan rico, he repasado una y otra vez esa versión de mí que tú construiste, esa versión de una Azul fuerte, capaz, invulnerable, una Azul amada y fortalecida por El Amor y te siento como un sueño, como si aquel tiempo hubiera sido sólo un sueño…

¿Dónde estás? ¿Tu promesa sigue vigente? Diera todo por saber que me piensas, que hay un momento en tu cotidianeidad en la que algo que habla de mí, quizá ese hermoso cardenal rojo que se nos aparecía, quizá esos lugares en los que compartimos una comida, quizá esas deliciosas empanadas de manzana que disfrutábamos comiendo y después disfrutábamos persiguiendo las migajas que quedaban sobre tu pantalón.

Quizá en la poesía de Benedetti, quizá en esas hojas secas que en el otoño caían sobre nosotros mientras recostados en el pasto recuperábamos el aliento luego de nuestro ejercicio, quizá en el Azul del cielo que te recuerde mi nombre, quizá en el Azul de Rubén Darío, quizá…

Quizá esa promesa siga vigente, quizá en otra vida, en la eternidad al cruzar esa línea de la que platicábamos, quizá llegue ese día que, seguramente llorando, pueda correr a reconfortarme en tus brazos…

Siempre tuya…

Tu Fantasía

Fantasía

A veces sucede lo impensable, lo que jurarías jamás pasaría… A veces ser Azul es un riesgo para vivir, un riesgo para existir, un riesgo para ser tuya desde tu fantasía. Eso, lo inverosímil, sucede cuando luego de leer alguno de mis relatos, imaginando mi voz suave y cadenciosamente hablándote al oído, me buscas, queriendo saber más detalles de aquella historia recién publicada como un Momento Azul. Pero no hay nada más qué contar, sólo lo escrito, sólo el momento cifrado en palabras, así que, si quieres saber más, eres tú quien debe construir la historia, Tu Fantasía…

Entonces debes traer a tu mente esa imagen de tu propia Azul, Tu Azul con el atuendo, el olor, el cuerpo, la voz y en el ambiente en el que te gustaría estar conmigo. Con esa imagen clara en tu mente, me observas detalladamente y te parezco una Azul hermosa, una mujer muy interesante.

Visualizas la escena en una recámara, una amplia cama, una mesa con una botella de whisky y un par de vasos. El ambiente se impregna suavemente del aroma de mi perfume, el olor Azul que proviene de mi cuello se disipa en la habitación.

Te parece que luzco atractiva, visto una falda negra corta y ajustada, que me permite modelar mis piernas, torneadas y sensuales; una camisa abotonada al frente, de color Azul, por supuesto, con los dos primeros botones abiertos.  No dejas de observarme, ves cómo mis altos tacones hacen que se marquen aún más mis piernas.

En mi cuello una delicada cadena con un dije que cae sobre mi pecho, un dije discreto pero que invita a acompañarlo en el recorrido por el cuello hacia el pecho. Mi cabello luce impecable, es evidente que dediqué tiempo frente al espejo para estar hermosa para ti.

Ten clara a Tu Azul… dibuja en mí todos los detalles que necesites, el maquillaje, el peinado, el color y modelo de su lencería…

Tu Azul es sólo tuya, la que estás creando en tu imaginación… cuando me lees, cuando imaginas mi voz acariciar tu oído mientras cierras los ojos y sabes que ahí estoy, contigo, convertida en Tu Fantasía.

Así transcurre nuestra noche, comenzamos por beber algo, colocas un par de hielos en cada vaso, viertes un poco de whisky,  brindamos en ese primer trago, por lo que es sin ser, por este Momento Azul tuyo, no mío… Bebemos un trago, y dejo que el hielo toque mis labios y el hielo provoca una sensación que nos lleva a besarnos  para atemperar nuestra boca compartiendo aún un poco del sabor del whisky.

Acaricias mi cabello,  juegas con él y tus manos se sienten deliciosas en mi nuca, en mi cuello, en mis hombros, así, justo un delicioso masaje que comienza a desconectar los interruptores de la razón.  Me abrazas fuerte contra ti, con ternura, con una combinación de deseo y cariño, con los ojos cerrados,  disfrutando todos los pensamientos que pasan por tu cabeza y que el olor de mi perfume despierta en ti.

En ese abrazo sientes mi respiración en tu cuello, me sientes acercándome a  tu oreja, escuchas el murmullo de mi voz, diciendo sólo frases al azar, las que tú estás imaginando, las que tú quieres escuchar, las que me hacen ser Tu Azul, Tu Fantasía… Yo, disfruto esas sutiles y tiernas caricias en mi cuello, disfruto tus manos ansiosas por recorrer mi cuerpo completo, disfruto tus labios tibios deseosos de bajar lentamente por mi cuello hacia mi pecho.

En un movimiento casi accidental, nos recostamos sobre la cama, me sigues observando, haciendo tuyo cada detalle de la escena: disfrutas mi mirada perdida en la tuya, la cercanía de los cuerpos, el recorrido que instintivamente tus manos inician sobre mi cuerpo, abrazando mi cintura, acariciando mis senos sobre la ropa, tocando con las yemas de tus dedos mis labios.

Tu Azul hace perfecto el momento, están en una sincronía de acciones como si se conocieran en la intimidad, como si la escena no fuera casual sino recurrente, como si supieras cuánto disfruto que tus manos poco a poco desabotonen mi blusa para que puedas besar cómodamente mis hombros. Con delicadeza, casi con amor, desabrochas uno a uno los cuatro botones de mi blusa, recorres con tus manos mis hombros y acercas tu boca a mi cuello.

Bajo la blusa, encuentras justo parte del coordinado que habías imaginado, ese color, ese diseño, esos detalles que me hacen ser Tu Azul, Tu Fantasía. Es una escena dulce, deliciosa, sin prisas, despertando un mundo de sensaciones que recorren todo mi cuerpo. Así, en el juego de tus caricias, en un movimiento quedo boca abajo, continúas acariciándome, el juego de tus manos en mi cabello me hace estar absolutamente relajada, las yemas de tus dedos en mi cuello alternadas con las palmas de tus manos en mi espalda me parecen sensacionales.

Ser Tu Azul te hace disfrutarme, te hace que cada centímetro recorrido, que cada segundo que pasa tenga algo de magia, algo de fantasía… en Tu Fantasía, aún colocada boca abajo, desabrochas mi falda, y descubres el complemento del coordinado, te parece sensual, te parece que hace lucir mi cuerpo.

Me encanta la manera en que me miras, es una mirada deliciosa, es una mirada que me acaricia con ternura al mismo tiempo que me devora con hambre de placer…Así, Tu Azul está dispuesta para ti, para Tu Fantasía… una fantasía que quizá te haga imaginar una Azul experimentada en los placeres del sexo, mientras que ésta, la Azul que escribe, quizá sólo sea una mujer que en los relatos huye de su realidad, una mujer sensible que sólo anhela unos brazos tibios dónde dormir y un beso tibio para despertar…